Los dados echados
Al finalizar agosto, o sea cuando ya el frío anda con ganas de irse, los canales abiertos han presentado casi todo lo que debemos esperar sea su fuente de atracción para lo que será la programación 2007. Usted podrá pensar que bien valía la pena haberlo hecho antes, en pleno invierno, cuando toda la familia vivió encerrada por los temblores de las sensaciones de «bajo cero grado». Pero no lo hicieron. Ahora, cuando todo parece volver a la tranquilidad, cuando la primavera está por llegar para quedarse, se puede decir que toda la suerte está jugada a los actuales programas y es poco tiempo para que cada intento logre su maduración antes del verano.
Decíamos casi. Porque quedó por el camino el programa de Víctor Hugo Morales con preguntas y respuestas, sin otra explicación que quizás llegue el año próximo. Pero también porque aún queda algún intento por salir como es «Historia Clínica», que irá los miércoles por el 10 a las 22.30 horas y que dejará fuera de carrera a «El pueblo quiere saber», y bien que se quiere saber porque Gerardo Sotelo no sigue, puesto que diez programas no es mucho, más bien nada, para un periodismo que tenía que mejorar, es cierto, pero bastaba con una mayor participación del conductor y una menor cuota del muy desparejo panel.
En la pasada semana, recién, se presentaron dos platos fuertes. Orlando Petinatti con «Mundo cruel» y el esperado retorno de una periodista con su encanto tan atrapante, María Inés Obaldía y «Memoria colectiva», con los que nos encontraremos la próxima semana.
En los hechos, vimos a María Inés Obaldía el viernes 17 como entrevistada principal de «La culpa es nuestra». Gonzalo Camarota y Jorge Piñeyrúa ya tenían espacio ganado en otros años pero en cierres de jornada. Esta vez cambiaron de día en esta misma temporada primero martes y ahora viernes y lo que fue mayor desafío, adelantaron la salida a pleno horario central, inmediatamente después de «Subrayado».
Alguna vez afirmamos que este tándem tiene soltura, confianza y desenvoltura como para enfrentarse a las cámaras y lograr superar la ausencia de una estructura bien guionada. Mantienen ese tono alborotador aunque, quizá, los encontramos en una mala noche. O que esta vez dejaron que su presencia tuviera demasiadas interferencias con la participación de otros histriones que debilitaron el resultado global. La presencia del «tío Aldo» o el protagonismo de quien trabaja con máscaras, bien logradas es cierto pero que no alcanza para redondear la humorada y puede acercarse mucho a la crítica gratuita de los personajes tomados en cuenta, no acumularon puntos a favor.
En uno de los bloques, el referido al misil para lanzar contra Botnia, tremendo coscorrón para quien puso como titulado «Azmerreír» cuando se olvida la «H» que inicia la palabra. Son cosas fáciles de corregir, por más que el programa intente ser en vivo y en directo.
Otro punto débil es la tendencia a la gestualidad fuera de límites exagerando todavía más el abuso de las palabras que suenan groseras por su gratuidad o por carencia de sinónimos, cuestión que viene apareciendo como un mal que está imponiéndose desde la vecina orilla y en lo que no debería caerse. Cabe justificar que es el actual lenguaje de la juventud, pero hay más gente que los ve.
Pero la entrevista a María Inés Obaldía tuvo su valía porque los dos conductores encontraron en ella la calidad humana, la sobriedad, el no recurrir a otros caminos que una respuesta rápida al desparpajo buscado y allí recuperaron todo lo que pudo ser criticable. Y lo que ella promete para su salida semanal es bueno. Ojalá cumpla. *
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