
Una experiencia en el Taller Fotográfico de Oscar Bonilla consistió en ejercitar el dominio de la cámara en personas, artistas o aficionados, que habitualmente no la utilizan como instrumento profesional. Por eso, la exhibición en Unión Latina tuvo su interés aún con la deficiente iluminación y el frío espacio.
Olga Bettas supo sacar partido con imágenes abstractas de fuerte contenido emocional, Daniel Benoit documentó, con mirada inquisidora, un viaje por India, Pakistán, Colombia y Sicilia enfocando niños marginados sin ninguna concesión turística o meramente recordatoria, Elena Caja encontró en el collage y las sobreposiciones resonancias de las vanguardias fotográficas de los años veinte, Mónika Packer evocó sus propias pinturas de intensidad cromática, Sheila Cuña se concentró en fragmentos de bailarines de tango y consiguió secuencias dinámicas, Mónica Aparicio se internó por talleres y Fernando Pulleiro resultó difícil de ver por el vidrio y la penosa iluminación. Son búsquedas, como afirmó el curador Bonilla, muy atendibles. *
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