Encuentro de varias generaciones en una nueva noche de la nostalgia
Cada mes de agosto la música de otras épocas y los «old hits» invaden el dial de la radio. La publicidad de fiestas y eventos para celebrar la noche de la nostalgia también se hace presente, pero no sólo en las radios. En todos los medios de comunicación se escuchan las ofertas, así como en carteles de la vía publica, afiches y folletos que se reparten por toda la ciudad.
Las propuestas son cada año más variadas. Hay fiestas para nostálgicos y para antinostálgicos, y paquetes que incluyen cena, espectáculo, baile y locomoción. Veteranos, adolescentes, veinteañeros y personas de todas las edades se cruzan y encuentran en una misma fiesta, aunque los más grandes se cuestionan qué nostalgia pueden llegar a tener los más chicos.
El precio de las entradas más accesibles ronda los 200 pesos, mientras que las más exclusivas superan los 350. Estas últimas incluyen cena con entrada, plato principal y postre.
La fiesta original, la única que puede promocionarse como Noche de la Nostalgia, es la de Zum Zum. Para este evento no quedan entradas desde hace dos días. Su costo era de 850 pesos por pareja, e incluía dos whiskys, dos cervezas y cuatro refrescos.
El público que asiste a esta fiesta es muy variado. «Viene gente joven y también veteranos», explicó Mariza, quien desde hace semanas no para de recibir llamadas por consultas de la fiesta. Zum Zum ofrece una carpa con dos pistas, una con música lenta y otra para bailar temas más rápidos. En la pista de música movida «se concentra la multitud, mientras que en la de lentos se ve bailar parejitas más jóvenes», dijo. Si bien uno podría pensar que la gente mayor es la que baila temas lentos, la realidad muestra otra cosa. «Hay veteranos que desde hace muchos años vienen y siempre son los primeros en llegar a bailar los temas movidos y los últimos en irse», explicó Mariza.
Otra fiesta que agotó entradas el lunes es la que se llevará a cabo en el Complejo Riviera. Las entradas costaban 1.200 pesos por persona. Las 800 personas que asistirán a la cena de gala disfrutarán del espectáculo de Johnny Tedesco y la discoteca de Henry Mullins.
La «Fiesta de todos los tiempos», que se realizará en el Hipódromo de Maroñas, tiene una capacidad para 10.000 personas. El año pasado, en su primera edición, concurrieron 8.000. Este año habrá tres cenas show y una pista general. Las entradas para las cenas, que costaban entre 50 y 60 dólares, se agotaron, mientras que todavía quedan entradas generales a 350 pesos. La fiesta contará con espectáculos y bandas en vivo que harán tributos a la música de otras épocas.
La fiesta del Carrasco Polo («Noche de los recuerdos»), también contará con bandas en vivo. El costo de la entrada adelantada es de 225 pesos, y en algunas universidades, por sólo 50 pesos más, un ómnibus te lleva hasta el Carrasco Polo y te trae.
Nostalgia en casa
Las ganas de salir hoy a la noche se vuelven contagiosas, pero no todas las personas están dispuestas a pagar la entrada a un boliche más alguna consumición. Al gasto se le suma el transporte, en caso de no contar con vehículo propio o de tomar alcohol y luego no poder manejar. Todo esto se suma al exceso de gente en la calle y en los boliches, que ahuyenta a muchos salidores frecuentes que prefieren quedarse en sus casas y hacer una fiesta de recuerdos entre amigos. La musicalización durante la jornada está garantizada, porque muchas radios pasan en su programación especial los «old hits» de todas las épocas.
Noche especial para muchas cosas…
Quienes no salen en todo el año aprovechan la noche de la nostalgia para bolichear y para pasar una velada romántica, o por lo menos distinta.
En los hoteles de alta rotatividad las habitaciones se llenan después de las dos de la mañana. Ese día, muchos moteles suspenden las reservas, para darles la oportunidad a los que lleguen primero y no a los clientes más frecuentes.
En un pequeño hotel de alta rotatividad de la capital, que cuenta con diez habitaciones, el encargado dijo que la noche del 24 «viene gente distinta, que no es asidua al hotel». Además, el público se maneja en horarios distintos a los de siempre.
Lo mismo sucede en el hotel de alta rotatividad Copacabana, donde la experiencia demuestra que los 24 de agosto «a partir de las dos de la mañana, se llena», explicó el encargado a LA REPUBLICA. El resto del año, en cambio, la gente llega más temprano, «tipo once de la noche» agregó.
Uno de los hoteles de alta rotatividad más nuevo de Montevideo es Séptimo Cielo. Hasta ahora sólo vivieron la noche del 24 de agosto de 2006. Ese día la concurrencia «fue impresionante», comentó el encargado. «Hubo clientes que vinieron dos horas antes, para reservar el turno», explicó. Este año, se bien los clientes llamaron tres semanas antes para guardar su lugar, optaron por «no reservar la habitación a nadie».
Un dato curioso fue que la concurrencia de clientes al hotel Séptimo Cielo se incrementó ayer desde la mañana. La explicación que brindó el encargado fue que algunos van a tener que salir hoy a la noche con su pareja, por lo que aprovecharon el día anterior «para escaparse».
Para los que pasarán una nostalgia especial, hay locales de ropa interior que brindan hasta un 20% de descuento en lencería y prendas en general, siempre y cuando sean de color negro o rojo. Lo anecdótico es que las vendedoras promocionan entre los turistas la noche de la nostalgia.
«El otro día vino una española y cuando le expliqué por qué hacíamos esa promoción, quedó copada con la idea de salir a bailar», contó una de las vendedoras.
Luego, una compañera comentó: «También vino una argentina y no conocía la noche de la nostalgia. Se ve que allá todavía no nos robaron la idea». *
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