‘El baño del Papa’ y su arte invisible
En esta muestra que se inauguró el lunes pasado en el Centro Cultural Dodecá con el apoyo de Laroux Cine y el Instituto Nacional del Audiovisual (INA), presenta gráficos, bosquejos, croquis, fotos y otros elementos pertenecientes a un filme que, si logra convencer como lo hace, es por una solvencia narrativa que pasa tanto por lo actoral y guionístico, como por el acierto y pertinencia de cada objeto, color y textura elegido en cada plano.
Inés Olmedo fue la directora de arte de la conmovedora película de Enrique Fernández y César Charlone. La propuesta que se planteó como idea fuerza fue un equilibrio entre el naturalismo y la invisibilidad, expresó a LA REPUBLICA la artista, quien en su carrera se ha encargado de decenas de piezas publicitarias, el arte de películas como ‘Una forma de bailar’ y ‘La cumparsita’ y escenografía de programas como ‘Zona urbana’, ‘Buen día, Uruguay’ o ‘Código país’. Cuenta Olmedo, «La historia es uno de los más maravillosos guiones que se hayan escrito en este país, ya desde el título. Yo había rodado ya ‘Otario’, con guión de Enrique Fernández, y recuerdo haberlo parado en la calle, cuando presentó esto al Fona, porque el título me había fascinado. Rodar con Charlone es, obviamente, para cualquiera, el sueño del pibe»
La artista visual se aproximó a la historia con entusiasmo. Ya había rodado en el interior en Tacuarembó, ‘Corazón de fuego’, y la idea de producir una historia en Melo le encantó. «La investigación fue difícil, porque es un capítulo doloroso en la historia de los que lo vivieron, hace casi veinte años, y los que pusieron puestos…no tenían fotos. Tuvimos mucha suerte, mucho apoyo y generosidad de la gente de Melo, que nos ayudó a rastrear un material escaso pero valiosísimo».
Elementos como el mural del podio del Papa, las banderas, vestuario y puestos fueron recreados. Para reproducirlos fielmente, no estaba el dinero necesario, así que se buscó el apoyo de la gente de Melo. «Con soldados del batallón armamos los puestos, y tuvimos soldados utileros todo el rodaje de Melo, y a una divina soldado como asistente de vestuario. Varias firmas, como la chacinería de Lito Gómez, nos donaron chorizos. Anónimas señoras amasaron montañas de torta fritas. Las pascualinas las rellenamos de algodón y hojas. Una escuela de niños con discapacidad intelectual nos hizo una docena de tortas hermosas. Un ómnibus lleno de estudiantes de la Ucudal desembarcó para ayudarnos a armar y desarmar».
Por supuesto que una experiencia artística cinematográfica, aunque revoluciona y se disfruta en el pueblo, se choca con la realidad y expectativas de una comunidad nada ajena al dolor y la pobreza retratadas en la historia de ‘El baño del Papa’. Recuerda Olmedo: «Lo triste fue, en la noche, cuando desarmamos. Había una cola de gente esperando llevarse la comida de escena. Era mayo, una noche cruel….y poca la comida de escena, pues una parte era real y otra escenográfica. Había estado todo el día, de un puesto a otro, siempre la misma ante cámara, intentando crear la ilusión de la cantidad. Ver esa fila, saber que estábamos repartiendo eso, fue de las cosas más duras que he vivido en estos veinte años de profesión. Las dos cosas, la tristeza impotente y la amorosa participación de un pueblo, son las dos caras que pintan mejor todo eso».
Si hay algo que la directora de arte va a enfatizar en su próxima charla para alumnos de cine en Dodecá, es la importancia de generar credibilidad al resolver la ‘estética’ de una película. Varios filmes uruguayos, han fallado en lograr aproximar al espectador a la historia, por ejemplo manteniendo en una secuencia un camión rojo brillante y limpio para que contraste con el pasto verde a pesar de que atraviesa caminos enlodados (‘ El viaje hacia el mar’) o evitando que la protagonista se moje o transpire a pesar de que corre bajo la lluvia ( ‘En la puta vida’). Asegura Olmedo: «¡Este justamente es el tema de la expo y de la charla! Cómo uno se conecta con la realidad cuando uno hace naturalismo, desde qué lugar, cómo la altera o la respeta. Es un tema teórico, apasionante. Hacer realismo no es copiar, o recrear ‘arqueológicamente’. Es hacer un acercamiento lo más sensible posible, a una parte de la realidad, e intentar entender su lógica interna, y a partir de ahí, con los ingredientes del arte (la forma, el color, la composición) elegir los espacios, los objetos, las texturas que mejor sirvan a la idea. El arte es lo opuesto a la naturaleza, pero en proyectos como este, uno a veces da un paso atrás y deja todo como está, lo que en sí es un hecho artístico. O si no tiene más remedio, toma objetos y espacios reales y los ordena y transforma para que representen lo más fielmente no la realidad, sino la idea que el director quiere trasmitir».
Como directora de arte, Olmedo asumió felizmente estos desafíos, a veces dio un pasos atrás y frenó la tentación de intervenir, permitirse un chiste visual o un lujo. Para ella «lo mejor que puede pasarnos, a todos los que trabajamos en el arte de ‘El baño’ (arte, vestuario, maquillaje) es que el espectador no sienta ninguna distancia con lo que ve, que no se pregunte si es real o no, que sienta que está mirando la historia. Para eso, intentamos no estilizar demasiado, no caer en el pintoresquismo, no subrayar demás. El otro camino es en términos estéticos, igualmente válido, pero diferente. El nuestro y el de los directores, fue acercarnos a la realidad desde este otro punto de vista, sin excesos, tratando de no caer en la tentación de ser protagonistas. Esto, en honor a la historia, que no necesita más que lo que es, una historia universal de esperanza y milagros, contada desde un pueblo fronterizo, con todo respeto».
La muestra ‘El arte de El baño del Papa: naturalismo e invisibilidad’ se pude visitar con entrada libre de martes a domingos, de 18.30 a 22.00 horas en Centro Cultural Dodecá (San Nicolás 1306, 6000887. *
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