No digáis pavadas: el Rey no ha muerto
Elvis reina aún porque es el monarca de los rockabillies que hacen imposible dejar los pies quietos. El del romanticismo que marcó la edad de la inocencia: los 50. Y una era, la de los bailes donde las faldas de tul de jovencitas en la flor de la edad y el deseo se rozaban como nunca antes con las caderas envueltas en franela de los chicos. El de la voz viril que hacía suspirar. El Rey, como lo bautizaron, y como se llegó a sentir en una vida de éxito que le costó manejar, de fama que se le fue de las manos, de millones con los que llegó a no saber qué hacer, de adicciones y excesos que lo arrastraron a un patetismo al que sus seguidores hubieran preferido no asistir y la imagen final de gordo obeso, triste y pasado de merca embutido en un imposible enterito blanco elastizado.
El primer enfant terrible masivo y global nació en Mississippi el 8 de enero de 1935. Tuvo un hermano mellizo, Jesse Aaron, que murió al nacer (¿qué hubiera sido del mundo con algo así como dos Elvis? ¿o un dúo cantando a voces?). Tenía ascendencia cherokee por el lado materno, así que se podría decir que era un blanco con ascendencia de india que cantaba música de negros. Creció escuchando blues, gospel, doo wop y country, y se le adjudica la creación del rockabilly.
Su imagen inicial de chico bueno con jopito enloqueció a madres e hijas por igual. Pero pronto su modo de menear la pelvis ocasionó pacatas reacciones y es célebre que en su tercera aparición en el show de Ed Sullivan (especie de Omar Gutiérrez de la época) lo enfocaron sólo de la cintura para arriba para no ocasionar censuras de las varias ligas de la moral en Estados Unidos.
A poco se empezó a volver menos fresco y más cachondo, e hizo muchas cosas curiosas, pero pocas como desaparecer dos años de los escenarios (entre 1958 y 1960) para realizar el servicio militar en Alemania, donde conoció a la que sería su mujer, Priscilla. Su regreso al escenario fue espectacular, como estrella invitada en el programa de Frank Sinatra. Como la cadena televisiva ABC consideró demasiado alto el precio que pedía por aparecer, el propio «Frankie» financió su cachet. Y valió la pena: «La voz» se puso con 125 mil dólares para pagarle a «El Rey», cantaron a dúo «Love me tender» y «Witchcraft», y esos 10 minutos cosecharon un rating que rompió los récords de teleaudiencia del show: fue visto por 40 millones de personas.
Vendió más de 1.000 millones de discos. Sus canciones no son armónicamente complejas, más bien simplonas en acordes, arreglos y resolución. Pero tienen la «magia» del pop inolvidable. Escuchándolas, pasan cosas. Con «Love me tender» deben de haberse definido varios matrimonios. Con «Can’t help falling in love with you» millones de adolescentes deben haber conocido al coprogenitor de sus futuros hijos en un baile de graduación. Con «Heartbreak Hotel» muchas fans deben haber tenido su primer orgasmo. Con «Surrender» y «Lonely man» le debe haber hecho entender a millones de hombres que es inútil aspirar a poder vivir sin la mujer que aman. Con «Puppet on a string» de alguna manera confesó la vulnerabilidad de su corazón carente.
Memphis se agita, el mundo rebulle con tributos, lanzamientos, reediciones, concursos, ciclos y revisiones de su vida y obra. Los festejos implican un video de «In the ghetto», donde el tema original es retocado para incluir la voz de su hija Lisa Marie (insólita primera esposa de Michael Jackson), clip que será un tributo a las víctimas del huracán Katrina y podrá descargarse desde mañana de iTunes. También un concurso masivo, el de la empresa Elvis Presley Enterprises Inc (EPE), la que factura los millones que circulan por concepto de regalías, derechos y merchandising de su obra y derivados, que cierra mañana una semana de celebraciones por el 30º aniversario de la muerte de Elvis y concluye con la elección final del máximo imitador.
«El Rey» legó curiosas manías como 1) imitarlo y disfrazarse de él, 2) imitarlo, disfrazarse de él y asegurar ser él, 3) imitarlo, disfrazarse de él, asegurar ser y creer ser él.
Presley fue encontrado muerto el 16 de agosto de 1977 en el baño de su mansión. John Lennon dijo: «Antes de Elvis no había nada». Para muchos, después tampoco. Quizá por eso, locos o cuerdos, se resisten a creer que haya muerto. *
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