Carisma maduro de un duro de matar
Bruce Willis lleva 45 minutos de retraso cuando finalmente entra en una suite del piso 47 del Mandarín Oriental, con una vista panorámica de la ciudad de San Francisco. Desaparece en el baño. «Lamento haberlo hecho esperar», grita por encima de la canilla abierta. «No podía dejar de estornudar. Creo que son los robles de California. Todos los años en esta época largan una savia o algo que me vuelve loco».
La última vez que hablamos fue hace unos años (2005), poco antes del estreno de «Bajo amenaza». El día anterior usted había aparecido con un traje anaranjado en el programa de TV de David Letterman.
Sí, estuvo bueno eso. Es uno de mis pocos desahogos cuando busco hacer algo divertido. Me encanta ese programa. Me engancho con (David) Letterman, y lo que él quiere es que seas divertido y no te tomes demasiado en serio. Y yo no me tomo muy en serio.
Usted parece tener un sentido del humor muy fino…
Creo que soy divertido. Sólo que no veo muchos guiones de comedia en este momento.
¿John McClane se parece a usted?
Eso creo. En algunas películas, trato de apartarme de mi personalidad, pero la primera vez que hice el personaje, hace casi 20 años, estaba escrito para que tuviera lo que los policías llaman «humor malvado», por eso había ese tipo de bromas. Sí. Pienso que hay más de mí en McClane que en cualquier otro de mis personajes.
(Le suena el teléfono celular. Se disculpa y lo ignora. Observa el afiche de la película «Duro de matar 4.0″ en la habitación. En él aparece como McClane)
Es una buena foto, ¿no le parece?
Sí. En persona es más pálido, cuando no interpreta a John McClane. Sí, más pálido. Ahí tengo montones de maquillaje y tierra y sangre. Supongo que debería trabajar en mi bronceado. Tenía color, pero lo perdí.
Supimos que su doble de riesgo, Larry Rippenkroeger, resultó gravemente herido en «Duro de matar 4.0″ (sufrió una perforación de pulmón, junto con fracturas de las muñecas y una fractura de cráneo).
Casi pierde la vida. Iba a revisar la salida de incendio donde teníamos que filmar esa noche. Era una vieja salida de incendio y el ángulo de la escalera era realmente empinado. Estaba subiendo por la escalera, en el tercer piso, y tenía que trepar desde la escalera hasta la jaula sobre la que hay que pararse, y no pudo aferrarse bien. Afortunadamente, sacó las manos y pudo ponerlas delante de la cabeza justo antes de caer. Fue un milagro.
¿Qué separa a «Duro de matar 4.0″ de las otras? (La original es de 1988, la secuela de 1990 y la tercera de 1995).
Hice este filme porque soy jugador por naturaleza. Y pienso que si no corro riesgos en la vida, estoy viviendo una vida a medias. Especialmente en mi carrera, en la actuación, hay que correr algunos riesgos. Hay que exponerse. Siempre quise hacer otra de estas películas que fuera muy cercana a la primera, en contenido y calidad, porque las dos del medio se alejaron un poco de lo que un buen amigo mío llama «la mitología de ‘Duro de matar'».
¿Cuál es esa mitología?
La primera es muy claustrofóbica buenos, malos y rehenes están todos en el mismo edificio, atrapados en el mismo edificio y la segunda salió al mundo y fue muy autorreferencial, con comentarios sobre cosas que habían pasado en el primer filme. Para abreviar el asunto, quería hacer una película que estuviera a la altura de la primera. «Duro de matar» es un clásico. Es mi favorita de la serie.
¿Y sintió lo mismo con «Duro de matar», la original?
Sí. En la primera trabajé solamente once semanas, y después volví a trabajar en la serie «Luz de luna». Me filmaron durante todas esas semanas corriendo por el interior del edificio Nakatomi Plaza, y después tuve que volver a trabajar a la televisión. De todos modos, pude hacer la primera sólo porque Cybill Shepherd quedó embarazada y tuvieron que cerrar la producción de «Luz de luna».
¿Lo seduce la idea de hacer una quinta «Duro de matar»?
Tengo la mente abierta a la posibilidad. Me gustaría trabajar con Len Wiseman de nuevo. Eh, ¿qué es ese ruido?
(Son los cables de las personas que limpian las ventanas golpeando contra el edificio…) No me imagino colgado en el exterior de este edificio.
John McClane lo haría…
John McClane sí, pero yo no. *
(*)Entrevista de Dixie Reid Bee publicada en Los Angeles Times, para Clarín (gentileza de Fox).
Compartí tu opinión con toda la comunidad