Del letrismo a la Internacional Situacionista
Es que la Internacional Situacionista ( IS) es poco o nada citada en los manuales de historia del arte contemporáneo. Posiblemente, a partir de esta exposición inaugurada en el hermoso Museo Tinguely de Basilea, continúe en su recorrido por otros países y sacuda los rutinarios esquemas históricos de los investigadores para ser incorporada, por derecho propio, a futuras revisiones del arte del siglo XX. Es muy extraño este casi unánime ocultamiento de la IS, más apreciada en los círculos literarios y políticos que en los ámbitos de las artes visuales a donde pertenece con mayor propiedad. Pues lo que reveló esta puesta a punto de un movimiento fundamental de las vanguardias del siglo pasado (la última, para Mario Perinola) fue la virulencia imaginativa de sus integrantes, herederos inmediatos del letrismo de Isidore Isou, recién desaparecido, ambos legítimos continuadores del dadaísmo y el surrealismo en sus vertientes más audaces.
Fue fundada en Cosio d’Arroscia, Italia, el 28 de julio de 1957, como disidencia de la Internacional Letrista, por un grupo de artistas y teóricos integrados por Guy Debord, Gianfranco Sanguinetti, Asger Jorn del grupo CoBrA, Raoul Vaneigem, Constant y Giuseppe Pinot Gallizio, entre otros. Se fusionaron así, la Internacional letrisdta ( IL), el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginista y el Psicogeográfico Comité de Londres. En 1972 la IS se disuelve. Esos 15 años de actividad fueron fecundos para la IS. Influyeron o impulsaron la ideología del mayo francés de 1968, nada menos. Hoy son muchos, en variados lenguajes y áreas sociales, son situacionistas, sin saberlo (por silenciamiento o ignorancia, lo más probable), como el personaje de Molière.
Los situacionistas se insurgieron contra el mundo moderno burgués que ahoga la capacidad poética en beneficio de la mercancía decorativa hasta culminar en la sociedad del espectáculo, según escribió Guy Debord, su carismático mentor. Con vertiginosa capacidad de acción incidieron en la política, en las costumbres y las relaciones sociales a través de escritos seductores, filmes geniales y la acción directa siempre eficaz.
Con anterioridad, Iliazd (1894-1974), un personaje de origen georgiano, de familia refinada y extremadamente culta, había tomado contacto con Larionov y Gonchavova, los futuristas rusos, y junto con otros poetas rusos, exploró las posibilidades de la escritura y la tipografía, tratando de independizar la letra y el sonido, en los mismos años en que aparecía el dadaísmo, publicando libros de poesía y haciendo de la lectura un fascinante viaje por imágenes y textos visualmente provocativos.
Luego Isidoro Isou (1925-2007), de origen rumano, afincado en París, poeta derivado hacia las artes visuales y la explotación del signo gráfico abierto a todos los posibles. Junto con Maurice Lemaitre, un francés afable y sutil, trató de unificar la escritura, la pintura y la escultura, haciendo de las composiciones un campo magnético de significantes y significados, en una compleja red de escritura y signos intercalados, sobrepuestos e interpuestos. Los letristas abominaron de los trabajos de Iliazd y de la poesía fonética de Raoul Haussmann, como de los ensayos de Kurt Schwitters, para entrar en un terreno comprometido con la sociedad. Entre sus primeros integrantes estaba Guy Debord. La separación era inevitable. Debord acusó de ineficacia el accionar de los letristas y creyó el momento oportuno de fundar un nuevo credo, la IS.
Denunciaron y combatieron la «organización de las apariencias» en la fase espectacular de la sociedad mercantil propia del capitalismo que ya habían previsto exactamente ante de su explosión actual.
Se trataba de superar el arte como círculo separado de la vida, como especialización, de los compartimientos estancos de la sociedad y las profesiones que define a las personas en relación a su función social, empobreciendo la vida. Lo hicieron con sentido lúdico y festivo y dejaron constancia en acciones: repartiendo volantes en el Congreso de AICA (críticos de arte) en Bruselas, 1958, al cual quien escribe asistió, y en una conferencia de Charles Chaplin en el Hotel Ritz de París, otro ídolo a demoler. En otro congreso de AICA, en Brasil, estuvo Constant y sus propuestas de ciudades utópicas, pues la IS fue un movimiento esencialmente urbano.
«El dadaísmo quiso suprimir el arte sin realizarlo, el surrealismo quiso realizar el arte sin suprimirlo. La posición crítica elaborada después por los situacionistas mostró que la supresión y la realización del arte son aspectos inseparables de una misma superación del arte», estampó Guy Debord en su inteligentísimo libro La sociedad del espectáculo, luego ampliado en Comentarios sobre la sociedad del espectáculo. Más reciente, la publicación In girum imus nocte et consumimur igni (palíndromo latino que significa «giramos en el círculo en la noche y somos consumidos por el fuego»), título de una película de Debord filmada en 1977 en Venecia y que es la edición crítica del libreto junto a otros artículos. Son textos fundamentales, de gran seducción en la escritura, para comprender el pensamiento actual y las derivaciones secretas que los siguieron.
Los medios preferidos de los situacionistas fueron el happening, las performances, la apropiación de imágenes ajenas, los carteles publicitarios, los graffiti, toda la parafernalia utilizada posteriormente, vulgarizada hasta el hartazgo por los artistas de todo el mundo. La IS no consiguió imponer sus criterios artísticos pero bajó el arte de su pedestal y le dio nueva perspectiva crítica. Desde entonces un spray y un aviso callejero pudieron ser instrumentos suficientes para desarrollar un ataque artístico contra el sistema establecido. Contra la sociedad del espectáculo.
Quizás el error del IS fue no haber tenido la audacia de dar el golpe definitivo en la práctica que diera alternativa real al sistema capitalista, aprovechando sus contradicciones. Pero esa tarea inacabada, ese fracaso, pudo ser el renovado puntapié inicial que, del fracaso de la teoría situacionista, aparezca la superación y el encausamiento. Fluxus, accionismo vienés, arte povera, el pop art e inevitablemente el nouveau réalisme de Pierre Restany, Joseph Beuys y Wolf Vostell, retomaron, a su manera, las ideas y formas situacionistas. Muchas de sus consignas («El arte ha muerto, no consuma su cadáver», «El bien comercial es el opio del pueblo», «Hay que vivir sin restricciones», «Nunca trabajes «, «La cultura es la inversión de la vida») fueron utilizadas por los estudiantes universitarios del mayo francés, entre los que se encontraba Malcolm McLaren, quien sería el director artístico de Sex Pistols, el grupo punk.
La muestra de la IS en el Museo Tinguely, demostrativa de un movimiento revulsivo, abundó en material informativo (libros, revistas, manifiestos), en dibujos, pinturas y filmes apasionantes, de una audacia y una energía expresiva que luego imitarían, debilitada, como toda copia descontextualizada, otros, especialmente la generación de artistas argentinos agrupados con el nombre de nueva figuración o Marta Minujin en sus comportamientos. Hay cuadros Asger Jorn, fechados en 1952 luego de terminar el también intenso grupo CoBrA (1948-51), del cual emergieron imitadores hasta la total saciedad, veinte años después aquí en Uruguay. Obras de Zimmer, Prem, Colman, Isou, Pinot Gallizio, Brau, Constant y otros nombres poco familiares que habrá que divulgar para revisar la historia, universal y local. Un enorme catálogo, con numerosos ensayos, uno de ellos firmado por el eminente Peter Sloterdijk.
Es cierto que, como sucede con las exposiciones del dadaísmo, surrealismo y Fluxus, en reiteradas ocasiones, se evapora el espíritu de su tiempo. Pero en el caso de la IS se mantiene un legado único, explosivo: la inventiva de sus ob
ras pioneras (aquí acompañadas de trabajos de Isidore Isou, realmente innovadores) y el inagotable arsenal de las ideas. No fue por si acaso que Catherine David retomó las ideas de Guy Debord para la X documenta, una de las más memorables. (Quinta de una serie de notas sobre un reciente viaje a Europa). *
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