Fracturas de la memoria
En «Fracturas de la memoria», la escritora Nelly Richard construye un incisivo ensayo de dimensión testimonial, que apunta a recrear la épica de la cultura contestataria que desafío a la dictadura militar chilena.
En este minucioso trabajo de investigación histórica, la autora propone diversas lecturas en torno al discurso representacional del arte, confrontado a la impostergable emergencia de salvar el cerco de la censura oficial.
Nelly Richard se adentra en algunas de las más notorias experiencias artísticas nacidas durante la dictadura, que sobrevivieron el férreo control policial del aparato represivo oficial, emergiendo del abismo del terror característico del autoritarismo.
En el marco de esta indagación tan concienzuda como rigurosa, la ensayista desentraña las claves del lenguaje simbólico de algunos actores culturales de la época, que, mediante sus representaciones, lograron construir una suerte de contradiscurso que rompió con la inercia dominante impuesta por la censura y la autocensura.
Una de las experiencias más significativas de esta corriente cuasi subterránea, fue la denominada Escena Avanzada, que logró, en buena medida, recuperar la dimensión social del arte, pese a los celosos controles de los inquisidores del régimen pinochetista.
La resurrección de la producción artística en un escenario de severa conculcación de las libertades públicas, requirió de una fuerte apuesta a la creatividad y a la corporización de la tragedia colectiva.
La permanente e indispensable apelación a la metáfora como lenguaje, es destacada por la autora como una de las estrategias dominantes de la novedosa experiencia de la Escena Avanzada.
En ese marco, la codificación deliberadamente exacerbada de los signos y las formas adquirió un rol de disparadora de las emociones y las angustias, en un país dramáticamente fracturado por la prepotencia autoritaria y la crisis social.
Las diversas expresiones artísticas retratan, a su modo, la draconiana crudeza de ese escenario de devastación, marcando la ruptura con las coordenadas de la historia que supuso la instalación de la dictadura genocida en un Chile de acendrada tradición democrática y civilista.
En ese contexto, los productos culturales marcaron un derrotero de supervivencia social a través del vehículo del arte, retratando elocuentemente la pesadillesca peripecia de un país sojuzgado.
Esa poética de la memoria de la tragedia de los chilenos, se alzó como una osada alternativa a la concepción histórica maniqueísta y manipuladora de los militares golpistas que por entonces detentaban el poder e intentaron, sin lograrlo, institucionalizar su catecismo totalitario.
Nelly Richard recrea las facetas más perversas de la dictadura, que, a su juicio, pretendió una imposible legitimación a través de la ritualización del orden como eventual soporte de convivencia.
Ese discurso oficial presuntamente pacificador colisionaba claramente contra la brutalidad del régimen, sus patologías mesiánicas y su odio paranoico contra la oposición y las organizaciones populares defensoras de la democracia y los derechos humanos.
En ese contexto, la escritora ensaya una atinaba extrapolación entre las diversas manifestaciones artísticas que operaron durante la dictadura.
Su análisis contrasta las representaciones de la izquierda militante y su imaginario épico con otras estéticas alternativas que desdramatizaron ese aciago presente, mediante lenguajes bastante menos estructurados y despojados del componente mítico de la resistencia organizada.
La expositora ensaya una profunda mirada en torno a la disputa por la propiedad del discurso cultural durante la dictadura chilena, que confronta la visión eminentemente sociológica y académica a las corrientes artísticas contestatarias.
Esa dualidad estratégica se expresa en la búsqueda emprendida tanto por la prédica ideológica de los cientistas sociales, como por la gestualidad disidente de la denominada Escena Avanzada.
Esa dicotomía protagonizada por dos vertientes de la resistencia, se materializó en diversos lenguajes representacionales.
Por un lado, los académicos de la izquierda tradicional sustentaron sus mensajes en la lógica racionalista de las ideologías y la denuncia de las aberraciones del régimen.
En tanto, la Escena Avanzada más susceptible a la mimetización- maquilló su condena al autoritarismo mediante estéticas alegóricas y metafóricas. De ese modo, logró construir su contradiscurso crítico.
Nelly Richard sitúa su razonamiento en el presente, para explorar los nuevos desafíos y escenografías de la estética representacional. El marco referencial es, naturalmente, un mundo grotescamente globalizado y cada vez más huérfano de identidad.
En ese contexto, la autora analiza las nuevas modalidades del lenguaje, enfrentadas a la emergencia de decodificar la realidad de una sociedad posmoderna que se articula en torno a la imagen y la frivolidad.
Ese abordaje de la contemporánea cultura de lo instantáneo como insoslayable materia de debate, remite el curso de este trabajo a desentrañar el siempre lacerante tema de la memoria, en un paisaje histórico fuertemente condicionado por las heridas del pasado.
La autora visualiza los previsibles conflictos entre el arte y la construcción estética comunicacional de los mensajes publicitarios, que enfatizan sus representaciones icónicas únicamente en la venta y el consumo.
En ese escenario confrontacional entre el lucro y la sensibilidad, emergen renovadas estrategias de captación de voluntades y técnicas inductivas de seducción masiva.
Richard establece las diversas relaciones que imbrican a la cultura de la imagen con las pautas del modelo capitalista hegemónico y la trasnacionalización cultural predominante en la aldea global.
Este razonamiento, que resulta ciertamente relevante, no desvía el análisis del eje vertebral de la obra: el abordaje del arte reproductor de las representaciones simbólicas y las rupturas provocadas por un pasado perversamente autoritario.
En el segundo segmento de este libro sugestivamente intitulado «Dramas y traumas de la memoria», la ensayista acomete el arduo desafío conceptual de interpretar los códigos culturales de la resistencia, a través de la novedosas lecturas del lenguaje comunicacional del arte que sobrevivió a la catástrofe.
La terrible contingencia histórica puso a prueba la inteligencia y la sensibilidad de los actores culturales, quienes construyeron discursos simbólicos no asimilables a la lógica del totalitarismo militar y el despiadado aparato de censura oficial.
El arte de vanguardia, cuyas diversas expresiones ameritan un minucioso abordaje, determinó una radical disociación con las estéticas dominantes, logrando denunciar la prepotencia mediante un lenguaje subliminal que no soslayó la ironía y el desenfado.
Nelly Richard ensaya una escrutadora mirada sobre la eclosión expresiva de la pos-dictadura, caracterizada, naturalmente, por el traumático procesamiento del duelo y el reclamo de justicia por las monstruosas violaciones a los derechos humanos.
Obviamente, el tema de los desaparecidos ocupó y aún ocupa un lugar central en la iconografía simbólica de la expresión artística, que discurre entre el inexorable sentimiento de pérdida, la pertenencia y la épica restauradora de la democracia.
En ese tiempo, el arte emergente tuvo un fuerte componente de imperativa resurrección y de sesgo claramente refundacional.
«Fracturas de la memoria» aporta una inusual visión panorámica sobre la estética de la creación artística que sobrevivió a la implacable demolición practicada por la paranoia autoritaria.
En este novedoso ensayo construido en clave sociológica, Nelly Richard elabora una dialéctica de la interpretación, que apunta a decodificar la singularidad de los lenguajes de una cultura groseramente amordazada.
Esa auténtica insu
rrección de la sensibilidad nacida del vientre del caos y el terror, apeló a diversas estrategias de representación para retratar la tragedia de una sociedad terriblemente ultrajada.
Los textos incluidos en este trabajo se desmarcan claramente de los estereotipos habituales en la materia, logrando conformar un corpus documental de enorme valor testimonial.
La obra mixtura la interpretación semiótica sobre ese arte rebelde y antisistémico, con una lectura incisiva, polémica y apasionada acerca de los traumas subyacentes en el imaginario colectivo de una sociedad impactada por un pasado de pesadilla. *
(Editorial Siglo XXI)
Compartí tu opinión con toda la comunidad