Televisión rehabilitada
Más allá de los tiempos electorales cuando cada programa periodístico juega su honor a tener antes a un político y al final todos los protagonistas se ven una y otra vez repitiendo los mismos aleluyas, los años intermedios suelen ser desgastadoras reiteraciones de temas muy generales, ya sea la marginalidad, los abusos sexuales, la inseguridad, las drogas, la realidad a la que cada día nos enfrentamos.
Ello, no invalida ningún intento, por supuesto. Hurgar, cuestionar, discutir problemáticas de todos suele dejar espacio para reflexionar. O sea, no por insistir en un asunto se debe rechazar la idea del programa.
Esto es lo que sucede con «A conciencia». Sus propuestas no tienen el llamador de lo novedoso. Pero hay diferencias.
Canal 12 Teledoce ha integrado en varios de sus programas algo que escasea, la profesionalidad, la mesura, la calidad visual, eliminando el divismo de sus conductores a través de su asociación con la empresa «Contenidos», que tiene acumulados varios éxitos bajo un único propósito, el rigor en lo que se emite.
«A conciencia» es conducido por Victoria Rodríguez, polifuncional para el canal que la incluye en sus viajes al exterior o a los veranos de Punta y que aquí oficia de presentadora más que de periodista, aunque también demuestre capacidad para moverse como tal.
El programa del pasado domingo 29, dedicado a las cárceles, fue un ejemplo de todo lo que puede hacerse si se hace con seriedad, sin apuros, con la siempre necesaria prolijidad de lo que se muestra.
Desde la presentación y títulos con ritmo atrapante hasta la presencia de Victoria en un plano que evita ser invasivo uno encuentra que allí puede esperar un tiempo válido para eludir las mediocridades de lo que se importa. En este caso, quizás, haya habido un cierto mensaje grandilocuente sobre lo que son nuestras cárceles y lo que conllevan como hacinamiento, mugre, violencia, desamparo. Es poca cosa para defenestrar lo que todos sabemos, que allí, entre rejas hay una verdadera escuela del delito, una educación a nivel terciario.
El primer bloque en exteriores llegó al Penal de Libertad, ese engendro creado para encerrar a los tupamaros y que hoy en día está en pésimas condiciones en su estructura, deteriorada por culpa de los de adentro y también de la indiferencia de los de afuera.
El montaje visual fue movido, cortado en tiempo, sin gastar segundos en naderías, y lo que se vio bastó para conformar un panorama desolador, con los reclusos gritando para que se les oyera en sus pedidos de mejores comidas (fideos duros y pegados), y mejores condiciones ambientales.
La presencia de Victoria siempre fue acotada, casi desapercibida, en medio de esos seres condenados a la desesperanza, viviendo en celdas con sucios colchones en el piso.
El segundo bloque nos ubicó en el Comcar, donde hay espacio para poco más de mil presos y se alojan más de 3.000.
Celdas que llegan a tener cinco, diez individuos.
Planos breves pero fuertes de reclusos que se autoflagelan, que en su celda siempre encuentran una forma para cortarse los brazos y así llamar la atención y, quizás, lograr un pase a la enfermería donde `pueden, suelen lograrlo, acceder a drogas.
Todo esto, con precisas intercalaciones de entrevistas, ya a autoridades de esos centros, ya a magistrados y también, ¿por qué no? a los que de este lado han sufrido el delito, sea rapiña, violación, copamientos o ser objetos pasivos de la violencia de los delincuentes. Unos y otros coincidiendo en lo improbable de la reivindicación, de la rehabilitación y reinserción en la sociedad.
Otro de los bloques fue más optimista, ya que se mostró la «Chacra Campanero» donde los presos trabajan casi en libertad y están muy cerca de alcanzar ese estado de recuperación.
También la experiencia en la cárcel de Minas. Pocos ejemplos pero que dejan abierta una chance, por lo menos una, de la salida a la libertad, cosa que no será fácil porque luego vendrá otra tortura, la resistencia a reacomodarlos en la sociedad.
El final lo llevó adelante Victoria con una entrevista a uno de esos afortunados que han logrado su salida. Debe destacarse que el ex preso mostró ante la conductora una plausible voluntad de reiniciar su vida, de no volver a los míseros encierros. Bien por ella, bien por él.
Podrá ser gastado el tema. No lo inventaron en este programa.
Pero lo que vale destacar es una linea de calma, sin recursos bajos, sin exageraciones, sin escabrosidades excesivas. Y ese apoyo vital, esencial para la televisión, el buen manejo de las cámaras, el montaje en tiempo y forma, la sobriedad de la conductora Es, por ende, una rehabilitación de la televisión. *
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