ARTE

Diversas muestras con irregulares aciertos

Con parciales aciertos, varias muestras, individuales y colectivas conforman la cartelera de exposiciones, a la vez que evidencian las disímiles limitaciones del medio.

Escrito por: NELSON DI MAGGIO

Lunes 30 de julio de 2007 | 2:51
  • Imprimir
  • Envíar por e-mail
Desde el Vulture XXI, escultura de Ricardo Pascale en la Alianza Francesa.

Una, ya cerró, Bolivia, arte contemporáneo, en el Centro Cultural de España. Propuso un acercamiento al arte casi desconocido de un país sudamericano, aunque en la última y excelente Bienal de San Pablo sus dos representantes se convirtieron en referentes ineludibles por la riqueza inventiva y el fuerte compromiso con la sociedad Y aunque la curadora Cecilia Bayá partió de una equivocada premisa (al contrario de lo que supone, el arte nunca refleja la realidad inmediata, sino que es una construcción que la implica), los artistas elegidos, más sintonizados con los cánones de la modernidad líquida, desmienten el supuesto estereotipo del folklore del altiplano que, sin duda, debe existir. Los artistas menos interesantes se sitúan en el campo del video, de corrección técnica, al igual que los pintores, sobresaliendo Gastón Ugalde con Marcha por la vida, un extenso textil realizado por indígenas de distintas etnias quechuas y aymaras, unidos en un collage por el artista en diferentes lugares a lo largo de varios años. Aún en sus módicos pero sólidos recursos expresivos, el saldo que deja el arte contemporáneo boliviano es bienvenido, una señal para acortar la distancia con una cultura tan cercana y lejana a la vez, que supera la retórica cultural de tratados firmados e incumplidos por los países del Mercosur, esa entelequia siempre al borde de la autodesaparición.

En el Cubo del CCE, pequeño reducto del video, Alejandra del Castillo realiza la instalación En mi mundo todo sería lo que no es, fundada en Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carrol. Con pocos objetos (un libro, una sombrilla y una silla puestas, obviamente, al revés), de pulcra disposición, la proyección de frases y un audio, no consigue la atmósfera recreativa y memoriosa del absurdo atravesado por la fantasía y humor del original.

 

Del Grimp! al Break

Títulos en inglés para afirmar, una vez más, como en los comercios, la aceptación gozosa de la globalización. Grimp! lleva introducción en el catálogo de un texto del curador Fernando López Lage que cumple con los esquemas habituales a los que es tan afecto: sublimes vaguedades teóricas al santo botón. Ni informa ni orienta al visitante ni ayuda a sus seleccionados. En una candorosa muestra de principiantes, el talento de Javier Abreu, siempre brillante y agudo en su perforadora intención crítica, parece ajeno a esta muestra patéticamente elemental, con discreta presencia de Agustín Sabella (se hizo notar en el Premio Paul Cézanne) y de Aldo Baroffio (mejor en una intervención de la vidriera en Marte Up Market). Al gélido invierno, se agrega el frío paralizante de la sala, al igual que el del Museo Nacional de Artes Visuales, poco invitativo a demorarse y a la frecuentación. (Colección Engelman Ost).

La intervención pública de Break no resiste el análisis. Desde el catálogo, con un texto en negrita impreso sobre fondo rojo, imposible de leer, Manuel Neves transcribe fragmentos de un extenso texto (gentilmente cedido por el autor a la prensa), propio de una monografía sobre Diego Focaccio que adecuado a la introducción de la muestra concebida como una apropiación colectiva (diez piezas con numerosos oficiantes) e interactuada con telefonía celular. La idea de Focaccio tiene interés pero la realización no está a la altura de las posibilidades tecnológicas locales y el contenido se diluye entre el azaroso dominio de los objetos para desconcierto de la mayoría de los espectadores (Centro MEC).

 

Centro Cultural de México

Un nuevo centro cultural en la Ciudad Vieja, el de México, se agrega a un circuito que amenaza convertirse en el lugar de los lugares. Con los museos históricos, Gurvich y Torres García, el Cabildo, Teatro Solís, el CCE, las galerías Ciudadela, Río de la Plata y Del Paseo, Sala Sáez, Espacio Pedro Figari y librería La Lupa, el barrio rememora un antiguo prestigio. La remodelación, muy ponderada por muchos, de una vieja casona por el arquitecto Rafael Lorente se resiente, para otros, por falta de escala, la múltiple riqueza de materiales y la alternancia de colores recortan sensiblemente el funcionalismo, las pequeñas rampas, escaleras y escalones complica la circulación y afectan en definitiva a las obras en exhibición que llevan el título Mixturas, peleada convivencia de lenguajes y calidades de escasa afinidad sin obedecer a un criterio firme. Porque el pretexto de haber visitado o vivido en México es demasiado frágil, además de incurrir en gritantes omisiones. Los embajadores (as) son así. Las piezas contundentes de Agueda Dicancro se recortan, neutralizadas, por una enorme pared de ladrillo mientras las pequeñas fotografías del gran Gerardo Suter son indignas de un talento mayor. Un positivo esfuerzo por revitalizar el dormido quietismo urbano se ve entorpecido por una solución interior que acaso dificultosamente se adecue a la futura programación del nuevo centro.

 

Esculturas de Ricardo Pascale

La escultura inglesa contemporánea tiene creadores de primera línea. Hay cuatro minimalistas que acuden de inmediato empujados por el recuerdo: Tony Cragg, Richard Deacon, Richard Long y David Nash. Cuatro creadores de trayectoria internacional a los cuales, sin duda, Ricardo Pascale conoce bien. Algo de sus respectivas formas incorpora, de manera consciente o no, a su producción reciente. La estética del fragmento de piezas de deshecho de la sociedad industrial, con acento en la colocación y no en la fabricación, el tratamiento diferente de los fragmentos seriados transformados por el artista, el corte y ensamblado de los elementos orgánicos y el respeto por el material que sirve de soporte, el recurso a formas geométricas sencillas, basadas fundamentalmente en el círculo, y apelando a la resonancia orgánica de los materiales en su cualidades táctiles y olorosas y aún, en la instalación plana en el suelo, distinguen la actividad de Pascale y lo vincula, sutilmente, a los ingleses citados.

Su habilidad radica, empero, en tener en cuenta esos prestigios que recorren los principales centros expositivos del mundo y salir indemne en la elaboración de un lenguaje propio, que poco o nada tiene que ver con sus colegas nacionales. Desde su emergencia en 1995, Pascale tuvo una ascensión meteórica, dentro y fuera del país y supo enlazar la artesanía, los recursos manuales (empleo de máquinas y herramientas como sierras, pulidoras garlopas, formones, taladros, escofinas, cepillos), y la expresión trascendente, que no se agota en la función inmediata. Quizá siguiendo la lección de Joaquín Torres García.

En Ruido blanco, título de la exposición inaugurada en la Alianza Francesa, incluye la serie Desde el Vulture, un volcán apagado con cráteres hecho lagos de la Basilicata, región del sur italiano de donde proceden los ancestros de Pascale. Es un referente explícito narrado por el autor, como también las ruedas y el círculo. Con esos antecedentes, Pascale ensambla cortes rigurosos en cuñas de diferentes tamaño, con absoluto dominio de la técnica, con tramos de orientación diversa y en contrapunto para establecer un dinamismo visual que se suma a las variaciones táctiles, en su mayoría fuertemente rugosos y de riquísima gama de colores ocres, refinados en la sutil tonalidad, entre los cuales se filtra la lisa superficie pulida, a veces perforada por un espacio de penetración visual.

Varias de esas piezas fueron exhibidas en Arte& Madera, una caprichosa e irregular muestra colectiva. En esa oportunidad, las obras estaban montadas en soportes especiales que permitían la apropiación total (táctil, visual, olfativa) por parte del receptor. En la Alianza Francesa, se prescindió de ese antecedente y se trató de innovar, implantando las obras directamente sobre el piso de madera veteada y plastificada. Mirar hacia abajo, circulando entre ellas, con necesaria obligación de agacharse para tocarlas, es contraproducente, además
de incómodo para el visitante. De la misma manera, las piezas planas incrustadas en la pared como bebederos, se esfuman visualmente. Tampoco la iluminación las favorece. En el conjunto (tiene piezas notables también conocidas en la facultad de Economía, aquí ausentes) además de una suerte de instalación de pavimento, fragmentos de madera orientados en un única dirección, debió predominar la anarquía como la lava surgente de un volcán (o acaso, mejor, desprenderse del techo en continuo movimiento) con lo cual estaría de acuerdo a la imagen evocada por Pascale. Si en definitiva el material proviene de la madera, de árboles de maderas duras y perfumadas (lapacho o quebracho), es para focalizarse en el paisaje fantástico creado por la erupción volcánica, ajena al ruido blanco. Las superficies rugosas de la corteza arbórea son substitutos o metáforas, por deslizamiento semántico, de la superficie de los cráteres, que Pascale tiene en cuenta en el momento de su elaboración. El murmullo blanco se transformaría, así, en un torrente de crepitante energía, de sensualidad y acaso de erotismo, que secretamente aparece, tan callado, en cada obra. La opción curatorial, en este caso, fue diferente. Tan discutible como cualquier interpretación.

 

Dos programas televisivos

Las artes visuales no tienen cabida en la televisión uruguaya. Los escasos antecedentes legítimos se remontan a los organizados por María Luisa Torrens, que aún en sus limitaciones de época, parecen un lujo con la improvisación de hoy. No obstante, algunas lucecitas se asoman en la caja boba, para darle una pequeña inyección vivificante a sus debilitadas neuronas. f/22, dedicado a la fotografía en la televisión (Canal 5, lunes a las 18.30, y TV Ciudad, lunes 21.30 y jueves a las 23.00), el público tendrá ocasión de acceder a un lenguaje artístico muy difundido practicado pero desconocido en sus posibilidades expresivas. Con orientación de Diana Mines, excelente fotógrafa y crítica de fotografía, dos dedicaciones de las cuales se alejó durante largo tiempo y que ahora retoma desde la pantalla chica para informar y enriquecer el acceso a una actividad popular poco comprendida en su esencia. En la primera sesión, además de una entrevista a Luis Alonso, sobria y reveladora, quedó deslucida por una escenografía fría y distante, se pasaron, en cascada, obras de otros artistas, que abrumaron visualmente al teleespectador sin la pausa suficiente para ubicarlas y entenderlas. Es probable que en próximos programas se afine la puntería y el ejercicio crítico de lo que sucede en Montevideo y en el mundo se ejerza según lo prometido y no quede en un simple enunciado publicitario.

El monitor plástico también por Canal 5 (domingo a las 13.00, con inevitable impuntualidad, miércoles a las 19.30) carece de un libreto mínimo y se apoya en la improvisación, la pésima iluminación y una cámara imprudentemente movediza, como si se tratara de un video casero. El programa de la semana pasada estuvo en el Museo Nacional de Artes Visuales, centrando los treinta minutos del programa en entrevistar a Jacqueline Lacasa, nueva directora, persiguiéndola por la escalera y los salones, preguntando y respondiendo de continuo, sin comunicar con claridad el objetivo de tanta agitación y en qué consisten los cambios más allá de insistir en generalidades. Una ocasión más desaprovechada (la nueva exposición, la hermosa cafetería) por falta de rigor y profesionalismo. Porque en ese museo ocurren cosas desde hace años, con público renovado y entusiasta, que tampoco fueron noticia. La cultura uruguaya es así. *

  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

Comentarios


Domingo 12 de Febrero, 2012
Montevideo, UY
Despejado, 14 °C