"RETRATO DE UNA PASION": UN FILME SOBRE EL DRAMA DE LA MARGINALIDAD, PARA EL LUCIMIENTO DE NICOLE KIDMAN

El terrible calvario de ser diferente

Aunque este es un tema de génesis eminentemente cultural, responde a determinados patrones de conducta social originados, en muchos casos, en las rígidas pautas del modelo hegemónico de convivencia.

Esas normas o usos sociales suelen configurar los paradigmas dominantes, determinando, en muchos casos, la forma de vestirse, de expresarse y hasta de pensar.

Este fenómeno responde, básicamente, a un código de valores que suele desestimar y rechazar radicalmente las diferencias y hasta demonizar las posturas y conductas disidentes.

Estos conflictos son habituales en el tema de la sexualidad, donde las opciones diferentes suelen concitar la condena pública y otras sanciones de naturaleza social.

Otro tanto sucede con los marginados económicos, que aunque son siempre las víctimas de un sistema perversamente injusto, se transforman en chivos expiatorios de las culpas colectivas.

Ni que hablar de las personas con capacidades diferentes ­eufemismo que suele identificar los minusválidos­ que soportan estoicamente aberrantes modalidades de exclusión.

En «Retrato de una pasión», el cineasta Steven Shainberg, cuyo antecedente más conocido es «La secretaria», construye una visión de trazo surrealista en torno al habitualmente tortuoso universo de los diferentes.

La protagonista del filme es Diane Arbus (Nicole Kidman), una fotógrafa norteamericana que durante la década del cincuenta del siglo pasado, adquirió notoriedad retratando a enanos, gigantes, prostitutas, homosexuales, retrasados mentales, siamesas y otras criaturas humanas condenadas a la marginalidad por la sociedad de la época.

El relato, que es naturalmente una mera adaptación de la realidad, transcurre en un medio pequeño burgués en el cual nació y se crió la protagonista.

Hija de poderosos industriales peleteros, Diane trabaja como asistente de fotógrafo de su marido, quien se dedica a retratar glamorosos desfiles en los cuales las modelos transitan por la pasarela con costosos abrigos.

La vida de la mujer transcurre entre las extenuantes rutinas del hogar, la atención de sus hijos y esos hitos sociales cargados de frivolidad, que poco parecen interesarle.

No obstante, esta situación despierta su interés por la fotografía y por encontrar un vehículo de expresión que le permita evadirse de la banalidad de ese universo de apariencias.

En ese marco, la atención de Diane se concentra en un enigmático vecino que se muda al piso superior del edificio, quien mantiene cubierto su rostro mediante una máscara.

La relación con ese solitario marginal que tiene todo el cuerpo cubierto de vello como si fuera un hombre lobo y padece una grave enfermedad respiratoria, modifica radicalmente el curso de su vida.

Lionel (Robert Downey Jr) se refugia en su departamento, el cual sólo abandona esporádicamente y casi siempre en horas de la noche. La explicación es muy obvia: su aspecto produce espanto y rechazo en quienes le observan.

Aunque el radical cambio en el comportamiento de la fotógrafa provoca más de una conmoción en la familia, con el tiempo todos terminan por aceptar la situación.

La trama argumental evoluciona hacia búsquedas bastante más osadas y dramáticas, que representan la propia experiencia de la protagonista en contacto con otros seres marginales: enanos, gigantes, siamesas y enfermos mentales.

Aunque Steven Shainberg trabaja con cierto esmero la tormentosa psicología de los personajes centrales de la historia, la narración se queda apenas en la epidermis de un planteo inicialmente bastante más ambicioso.

En efecto, el realizador desestima escrutar con mayor profundidad en el tema vertebral de la anécdota que es, naturalmente, la situación de terrible marginación que padecen esos seres irredentos y brutalmente excluidos de la sociedad.

En esas circunstancias, el filme queda subordinado al indudable talento interpretativo de Nicole Kidman, quien corrobora toda su grandeza expresiva y su sensibilidad en la composición del sugestivo papel protagónico.

El romance entre esos dos seres atormentados y pertenecientes a mundos radicalmente antagónicos monopoliza la atención del director, reduciendo considerablemente lo decibeles del terrible drama subyacente y los atisbos de crítica social que esboza inicialmente el relato.

No obstante, más allá de eventuales salvedades, «Retrato de una pasión» es un filme en muchos aspectos removedor, que ensaya una atenta mirada sobre la cultura de las apariencias, los códigos morales dominantes y el siempre lacerante tema de los marginados. *

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