Dictadura: del asilo político a la libertad
Familias, hombres o mujeres solas, algunos con sus seres queridos en prisión, otros apenas liberados de la cárcel y la tortura, personas ancianas, mujeres embarazadas, algunos con graves problemas de salud física o mental, niños recién nacidos, adolescentes; personas de todas las tendencias políticas que sufrían persecución, distintas ideologías, distintos orígenes, sueños diversos. El común denominador: todos eran víctimas de la persecución de las fuerzas represivas de la dictadura. La persona que los amalgamó, los contuvo y los proyectó al futuro fue un protagonista y artífice de esta experiencia: el embajador mexicano de entonces, Don Vicente Muñiz Arroyo.
Esta obra, escrita y dirigida por Marina Rodríguez, recoge la experiencia personal de la autora y directora, quien a la edad de 14 años permaneció asilada con su familia en la Embajada de México durante dos meses, con sus padres y su hermana, conviviendo con más de cien personas. Entre ellas se encontraban varios integrantes de El Galpón y más de quinientos uruguayos que pasaron por esta situación, solicitando asilo político en la embajada perseguidos por las fuerzas represivas de la dictadura cívico militar que gobernó nuestro país desde 1973 a 1985.
El elenco (en orden alfabético) de esta puesta en escena estará integrado por Melisa Artucio, Daniel Cardozo, Marcos Flack, Pachi Freire, Claudio Lachowicz, Carolina Pereyra, Guadalupe Pimienta, Pablo Pipolo, Amelia Porteiro, Líber Rodríguez y Angeles Vázquez.
La escenografía será de Dante Alfonso, la iluminación de Fernando Tabaylain, la música de Pablo Bonilla y Claudio Díaz y el vestuario de Verónica Lagomarsino. Las funciones serán los viernes y sábado a las 21.00 horas y los días domingo a las 18.30 hs.
El precio de las entradas será los viernes $110, los mayores de 60 años y los poseedores de Tarjeta joven abonarán $ 60 mientras que los socios de El Galpón y Espectacular ingresarán gratuitamente. Sábado y domingo el costo será $130 (mayores de 60 años y Tarjeta joven $ 80, socios gratis).
El embajador
Don Vicente Muñiz Arroyo nació en Churintzio, estado de Michoacán, México, el 12 de noviembre de 1925 en el seno de una vasta familia procreada por Don Pascual Muñiz Alvarado y Angelina Arroyo Vargas. De ese entorno familiar obtuvo la esencia de la cultura mexicana provincial, que volcó en los primeros años de su juventud en el desempeño del magisterio. De ese mismo contexto emanó su alto sentido de solidaridad y amor por sus semejantes.
Migrado a la ciudad de México, realizó sus estudios universitarios en la UNAM. Obtuvo allí su título de licenciado en Economía con una tesis que denotaba su interés por la cooperación económica y comercial entre las naciones latinoamericanas, que sería una vertiente de su vida profesional.
Su desempeño laboral estuvo estrechamente vinculado, por más de cuarenta años, al servicio público mexicano en distintos niveles de responsabilidad dentro de las áreas técnica y política del gobierno. En su cumplimiento, encontró temprana muerte en Uruguay, el 23 de agosto de 1992.
Muñiz Arroyo estuvo vinculado a nuestro país desde 1964 como representante alterno hasta que, una década después, asumió la representación de México ante la Alalc, en primera instancia, y ante la Aladi, posteriormente. En mayo de 1974 fue designado embajador en Uruguay, cargo que ocupó hasta mayo de 1977. Luego de esa misión se reincorporó a distintos cargos ante el organismo regional cuya sede estaba en Montevideo.
Dos aspectos sobresalen de su actuación: la incondicional vocación de servicio público, probada durante más de cuarenta años, y su alta condición humana demostrada, de manera singular e incomparable, en el Uruguay de los años 70, cuando cumplió con la tradicional política mexicana de asilo, dando protección a medio millar de perseguidos políticos. Su desempeño en el plano de la puesta en práctica del derecho de asilo sólo es comparable, en esos años, con el caso chileno.
También fue el diplomático extranjero que otorgó el mayor número de protecciones diplomáticas en Uruguay, en el período de la dictadura (1973 1985), defendiendo de manera intransigente el derecho de su Estado a brindar protección a los perseguidos políticos. Y esto a tal extremo que llegó a arriesgar su propia vida en la defensa del derecho de asilo, en la salvaguarda de la libertad, así como en la atención y protección a personas entre las que contaban muchos niños y gente madura, que padecieron enfermedades mientras el entonces gobierno obstaculizaba el otorgamiento de los salvoconductos.
Su gran compromiso con el Estado mexicano al dar cumplimiento cabal a la política exterior y, por tanto también a los tratados regionales, conjuntamente con su don de ser humano excepcional, lo llevaron a vivir momentos extremadamente difíciles en todos los planos. No sólo arriesgó su vida; compartió su casa, fue cediendo espacios privados, hasta entregar su propia recámara, para albergar un contingente humano que llegó a ser de casi doscientas personas simultáneamente. De su propio salario costeó cada uno de los cumpleaños infantiles, para que ningún niño quedara sin su festejo. Lo mismo hizo con sus recursos para garantizar ropa y comida para sus asilados y para que algunos de ellos llegaran a México en mínimas condiciones de dignidad. Especial mención merece la alta responsabilidad que demostró con los asilados que requirieron hospitalización. En varios casos se vio obligado a trasladar a sus protegidos, debiendo garantizar, tanto en el traslado como en la hospitalización, la protección diplomática que, en condiciones de cuestionamiento extremo de los Derechos Humanos suponían un grave riesgo de respeto por parte del Estado territorial. *
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