Los secretos del corazón

El debut como cineasta de la actriz china Joan Chen, Otoño en Nueva York, es promisorio. Porque esta historia de amor no golpea bajo ni cae en estridencias: una sonata otoñal protagonizada por Richard Gere y una espléndida Winona Ryder.

Nunca imaginó ese mujeriego cuarentón y entrecano de nombre Will (Richard Gere imitándose a sí mismo), acaudalado dueño de un reputado restaurante neoyorkino, que una chica de apenas 22 años lo pondría entre la espada y la pared. Lo peor del caso es que la muchacha (la siempre aplicada Winona Ryder) sea la hija de un amor juvenil y el parecido es tanto que este playboy infatigable cede ante los encantos físicos e intelectuales de esa flor del mal otoñal.

Lo que no se espera pues el personaje de Gere (ya sus tics cansan, sus tonos siempre son los mismos película tras película, pero continúa aparentemente siendo hombre de taquilla) es que, esa muchacha que diseña sombreros originalísimos y recita poemas de Emily Dickinson, tenga un severo problema cardíaco –en realidad se trata de un tumor terminal– y que después de tantas idas y vueltas, se enamore hasta el punto de desesperarse por salvarse. ¿Lo logrará?

Joan Chen, la recordada actriz de la laureada El último emperador, de Bernardo Bertolucci, propone en su ópera prima una escritura visual muy aireada donde la cámara captura la progresión afectiva a la par de la evolución del otoño con sus olores y sus ejercicios cotidianos, sus señas de la naturaleza, todo ello condimentado por la excelencia musical en la banda sonora a cargo de un creador a secas como Gabriel Yared, donde no caben los golpes bajos ni las explosiones lacrimógenas porque sí, ni siquiera estridencias como para atrapar al espectador fácilmente.

Son las imágenes de gran volumen, las diferentes paletas en las ambientaciones y la propia narración que tiende a la morosidad y trabajar con los personajes y su entorno, los grandes y pequeños detalles, lo que hace que este filme de un deliberado tono menor obtenga su nobleza.

Es una historia de amor, una auténtica ‘love story’ al modo estadounidense (aunque su realizadora sea china) donde hay crispaciones y momentos jubilosos y una carrera contra la muerte por esa muchacha que guardaba un secreto de un corazón malherido y que Gere buscará por todos los medios sanar, extirpar ese tumor cueste lo que cueste.

Joan Chen logra un grato punto de partida. Hay aciertos en los diálogos, en la elaboración de escenas y en el rendimiento actoral secundario (especialmente de la increíble Elaine Stritch, la veterana actriz de Septiembre, de Woody Allen, y asimismo en el correcto Anthony La Paglia): pero lo que importa es cómo va componiendo su peripecia Winona Ryder, una chica de mil registros expresivos y una de las más grandes actrices norteamericanas de la actualidad que lo pasa por encima a un Gere algo descafeinado y afectado en las escenas de mayor tensión dramática.

El final es previsible, y aunque el espectador más exigente esperaba casi como una vuelta de tuerca (y no precisamente un ‘happy end’), de igual modo corresponde que esta reseña no lo describa. Siéntese en la butaca y podrá ver un ejercicio amoroso con todas las de ley y esa atmósfera otoñal, entristecida, pero abierta a las mejores intenciones.

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