Todo comienza hoy

La grandeza de la modestia

Es que este largometraje sobre director de un jardín de infantes en zona francesa carenciada es un golpe directo al corazón.

Pero lo importante del caso es que Tavernier no logra ese efecto con estridencias o bajones melodramáticos, sino apelando al registro simple de una realidad no tan ajena y con la cual tampoco es difícil sentirse identificado. Casi como un documental apenas ficcionado, la película toma nota de la entrega heroicos maestros anónimos frente a esos locos bajitos de piel dura.

Sin embargo, Tavernier no se agota en este emotivo homenaje al docente; también logra redondear una producción memorable que toca todos los resortes sensibles del espectador con humilde sabiduría.

Ese pulso maestro se detecta en una cámara que parece mirar casi de reojo a una madre alcoholizada mientras dibuja, perfectamente, la arrogancia de un inspector burocratizado en contraposición a una decidida asistente social o pone en sus personajes las palabras mismas de la vida.

Es la realidad a boca de jarro, en resumen, pero visualizada con una estética tan despojada como efectiva. Probablemente ese despojarse de grandilocuencias sea lo que dignifica la obra de Tavernier, legitimando un abordaje temático que no hubiera tolerado un tratamiento liviano. De esta manera, con la sutil calidad que hace a los grandes directores, este cineasta galo ofrece un claro ejemplo de depuración narrativa.

No hay nada gratuito en Ca commence aujourd’ hui porque cada pieza encaja a la perfección; desde las botellas que iluminan de colores el patio escolar hasta las negruras de un entierro que pasa por la ventana de la escuelita, todo forma parte de esos claroscuros de la propia existencia. Son detalles aparentemente casuales registrados casi al pasar aunque, en realidad, supongan el punto culminante de una sapiencia narrativa que ya ha dado otros claros ejemplos de excelencia.

Cuando uno accede a este tipo de cinematografía experimenta esa engañosa sensación de la simplicidad.

Habría que advertir, quizás, que esta «sencillez» sólo la logran algunos elegidos como Tavernier. Deberíamos recordar, por ejemplo, que no es tan fácil evitar el panfleto en el candente tema de la niñez castigada y mucho menos simple resulta esquivar todos los lugares comunes que podrían haber aparecido en el tratamiento de una temática que relaciona educandos y educadores.

Por eso vale la pena insistir en la grandeza de la modestia; porque a través de esa mirada sobria se descubre un universo que nos habla, con verdadera estatura poética, del sensible territorio que une adultos y niños. Imperdible, verdaderamente imperdible.

Todo comienza hoy. (Francia, 1999). Dirigida por Bertrand Tavernier. Guión: Dominique Sampiero, Tiffany Tavernier y Bertrand Tavernier. Fotografía: Alain Choquart. Música: Louis Sclavis. Con Phillippe Torreton, María Pitarrest, Nadia Kaci, Veronique Ataly, Nathalie Becue, Emmanuelle Bercot y François Bette.

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