NEURONAS Y NEUROSIS

La liviandad del periodismo

Canal 10 Saeta este año también tomó el camino de adelantarse a sus competidores y además de buscar programas nacionales con un contenido local, sin caer en la venta de nuestro patrimonio al vil precio de la necesidad. El esfuerzo vale aunque los resultados puedan no ser tan redituables ni tan acertados como podría creerse.

El pasado miércoles 27 una de las nuevas presentaciones fue «El pueblo quiere saber».

La dirección y conducción es de Gerardo Sotelo. Periodista de buen relacionamiento con el público, que suele recorrer saludables y adecuados caminos sin perderse en desvíos o alejamientos de la temática a la que está convocando y que muestra capacidad más que buena para lograr convincentes encuentros con entrevistados y televidentes.

Quizás por ser el primer programa, lo visto deja cierto sabor a insatisfacción. Y en ese saldo buena culpa podría tenerla el mismo Sotelo por no tomar las riendas del programa y ser él quien cargue con todo el peso de los cuestionamientos. No tiene mucha explicación que, pudiendo hacerlo por sí, derive la mayor parte del tiempo a un equipo muy desparejo de panelistas.

En esa entrega, y parecería que quienes estarán compartiendo la responsabilidad serán siempre los mismos, hubo flaquezas grandes, vacíos colgados sin contrapreguntas, algunos cuestionamientos que parecían mal intencionados y otros sin fuerza como para lograr convencer que eso se quería saber.

Por un lado, estuvo Rodolfo Fattoruso con muchos años de periodismo. Por otro, Pablo Alfano, debutante en tele pero con experiencia en la prensa escrita. Pero nos gustaría saber qué hacía el doctor Juan Fagúndez, que fue presentado como abogado de Radio Sarandí y también que llevó a la elección como parte femenina de Fabiana Gelaya, de quien también se aclaró que es periodista de Sarandí pero que no se le conocen otros antecedentes.

En el comienzo del programa hubo un correcto y bien compaginado tape con una síntesis de la vida de Eleuterio Fernández Huidobro, uno de los protagonistas principales de la historia uruguaya desde hace casi cincuenta años, desde sus tiempos de tupamaro a los actuales de senador. Como elección para un primer programa era, sin duda, una buena idea, pero teniendo cabal conocimiento del especial estilo de respuestas que suele ofrecer el entrevistado, ducho en réplicas, con una capacidad para valorar a quienes tiene a su frente y con fluidez y conocimientos para deslizarse, a veces con exceso, en un humor o en una doble intención, cuestiones que son harto difíciles de controlar. Hablar de «Canadá» cuando se refería a sus años «en cana», destacar que una pelea en el viejo Canal 10, en los galpones, como boxeador improvisado, fue uno de los momentos más críticos que vivió, o la inexistencia hace cuarenta años de los relojes a cuarzo como respuesta a si la violencia armada de aquellos tiempos tupas podía considerarse como lo proyectado y alcanzado en lo que hoy se tiene, son regalos que se le hicieron a Fernández Huidobro porque todo cambia, nada es igual.

La primera pregunta del panel llegó por Gelaya. Bien en el planteo de gobierno y poder, o sea si el Frente Amplio tiene el gobierno puede decirse también si tiene el poder. La respuesta fue clara, contundente. El legislador dijo que no, que el poder no lo tiene. Allí cabía la repregunta ¿Y entonces quién lo tiene? y la debutante cambió totalmente la dirección, se refirió a cómo eran las relaciones con las Fuerzas Armadas, con los empresarios, con los obreros, a lo que tuvo como lógica respuesta que «estaba cambiando de tema», por lo que Sotelo, afortunadamente, intercedió para retomar esa pelota que había quedado picando e insistió en volver a lo primero, simplemente en saber quién tiene el poder.

Fernández Huidobro no es un entrevistado fácil, suele pensar que «no hay mejor defensa que un buen ataque», por lo que no correspondía dejarle el dominio absoluto del tiempo y allí provocó otro momento para animar a sus preguntadores cuando respondió rápidamente que el poder lo tiene la burocracia, una burocracia que viene desde hace muchos años.

La sensación era de un entrevistado que estaba ganando la contienda.

Las preguntas de los televidentes fueron mínimas, quizás por no estar suficientemente aceitado el mecanismo. Las que hubo, además, no aportaron nada valioso. Y a estas alturas uno podría plantearse qué validez pueden tener preguntas de desconocidos cuando hay un panel supuestamente sapiente y además está la opción de consultar, directamente a contendores de quien es el entrevistado, que podrían enfocar y conducir a respuestas sobre dudas más calientes.

Aquí, volvemos al panel. Entre las interrogantes planteadas estuvo ¿cómo se enteró del golpe del 27 de junio? y eso es casi casi lo mismo que aquello tan viejo de ¿qué estabas haciendo cuando mataron a Kennedy o cuando pisaron la luna? También se quiso saber si sería el próximo ministro de Defensa Nacional, lo que mereció una larga explicación sobre la insistencia que crean los propios periodistas en ese tipo de preguntas y que ello podría ser simplemente una búsqueda de un titular de medios de comunicación que no encuentran otras cosas para llenar sus letras, sus voces, su vista.

Eso derivó, también por presencia de Sotelo, a la mentada clausura de RadioTv Caracas por Chávez, lo que aprovechó Fernández Huidobro para recordar que en el gobierno de Lacalle a él le habían quitado la onda de CX 44 y que allí había una diferencia grandota, que él no estaba en infracción, mientras que los clausurados venezolanos eran parte de intentonas golpistas, razón más que suficiente como para que cualquiera, en cualquier parte de este mundo, lograse similar sanción, la quita de la autorización para utilizar un medio de comunicación.

Los encontronazos mayores fueron con Fattoruso, pero los minimizó señalando que eran temas de poca importancia. Pero volvemos al principio. ¿Por qué Sotelo no toma las riendas con seguridad de lo que ha planeado? Esperamos que cambie. *

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