ARTE

Un recorrido por (casi) todo el arte actual

Un sismógrafo de la situación actual del arte en el mundo se desplegó en el correr de dos semanas por ciudades europeas distantes pero interconectadas por una estrategia que privilegiaba la condición vital del viajero (diferente del turista, ese insecto feliz como alguien afirmó), para inducirlo a una experiencia cultural de primer orden. Como los salones anuales, las bienales (Venecia, San Pablo), quinquenales (documenta) o decenales (Proyecto Escultura, Münster) se debilitaron al no renovar su concepción inicial que permanece inalterada: ofrecer un supuesto panorama totalizador del arte actual en tiempos que no toleran esa posibilidad. Si es que alguna vez lo hicieron. El fin de las grandes narrativas condujeron a la dinámica dispersiva y al nomadismo de la actualidad artística. La ausencia de corrientes o tendencias, la afirmación individual o regional a lo sumo no permiten un reduccionismo identitario. La identidad es cambiante, se construye cada día. Esa dificultad es una virtud al liberar al creador de cualquier canon establecido o a establecer. Ahí reside la fuerza inventiva y la diversidad formal y conceptual actuales. Y es asombroso verificar el poderío de las imágenes propuestas de una innovación que no cesa. Desde luego y en todos los casos, la pintura y la escultura tradicionales son minoritarias mientras los nuevos medios o la trama compleja de medios (visuales, sonoros, táctiles, olfativos, participativos) se imponen con enérgica convicción. La crisis del arte no es ni siquiera una sensación térmica cuando se recorren megaexposiciones. No es de extrañar que en cada lugar existan escasas referencias al arte latinoamericano emperrado, con excepcionales representantes aislados, en un localismo de escasa trascendencia, estimable en la valoración interna y siempre tímido en su formulación.

Las enormes vitrinas del arte internacional aparecen confundidas con las ferias de arte. El mercado se infiltró en las bienales y documentas siendo difícil la separación entre ambas. Los nombres reaparecen en unos y otras contribuyendo, positivamente, al conocimiento de los autores. Por eso, centrar los reparos al director general o curador de turno, es ignorar el trasfondo codificado que las sostienen. Ya hay consenso entre los especialistas para modificar a fondo el sistema imperante aunque todavía no se sabe cual puede ser. Pero es importante la reflexión hecha.

El suntuoso entorno urbanístico de Venecia es insuperable y la Biennale no puede competir jamás con él. No es por acaso que siendo la más antigua (fundada en 1895) sea la menos visitada de todas (200 mil personas), mientras que la provinciana e insulsa Kassel convertida en la «ciudad de la documenta» (surgida en 1955) la cifra trepa hasta 680 mil. La diferencia radica en la libertad operativa de los alemanes y su recuperación de un pasado sepultado por el nazismo, con generoso presupuesto en la articulación de los diferentes rubros, pacientemente elaborados durante un lustro y la audacia para seleccionar con exigencia, por lo menos durante la época gloriosa de Harald Szeemann y Catherine David, ambos referentes inevitables, ampliamente imitados, en algún caso aislado con acertada puntería como Lisette Lagnado en San Pablo. Al surgir la opulenta Feria de Basilea y presentar generaciones jóvenes desconocidas, la competencia se hizo inevitable y la inteligencia del orientador Samuel Keller al establecerla, abrió una brecha sólida en el devorador comercialismo propio de las ferias y atrajo a los especialistas (críticos, directores de museos, coleccionistas).

La Bienal de Venecia se divide en dos grandes sectores. Por un lado, el sector central, con artistas seleccionados por el curador Robert Storr y por otro, los envíos nacionales, elegidos por las cancillerías de cada uno de los países participantes, esta vez, 77, el número más elevado hasta la fecha. La Biennale transcurre en los Giardini di Castello y la zona cercana del Arsenal. La actividad se extiende por palacios, iglesias, claustros, museos, bibliotecas, institutos culturales y edificios públicos, algunos situados en las islas aledañas. Para complicar el recorrido se incorporó una feria de arte (con participación de la uruguaya Galería Sur) en el otro extremo de la ciudad.

 

Venecia seductora

En ese endiablado embrujo veneciano, invadido por hordas de turistas que esquivan o simplemente ignoran la Biennale, más entretenidas en apretar el gatillo de las cámaras para llevar un tangible trofeo de la visita, el aficionado tiene, inevitablemente, que optar. No se puede ver todo. Dar preferencia a lo desconocido que disfrutar de lo conocido aunque (parcialmente) renovado. Máxime cuando el empresario François Pinault abre al público el esplendor de su colección en el Palazzo Grassi, con algunas obras maestras de la actualidad.

 

Opulenta Basilea

Más apacible resulta Basilea, con su poderío económico. La Feria de Arte está concentrada en el centro de la ciudad suiza. A la parte específica poblada por las mejores galerías del mundo con obras de los maestros del siglo XX, se agregan los sectores de Art Unlimited, proyectos artísticos de 70 creadores provenientes de 28 países, y el sector Art Statements reúne 26 unipersonales de jóvenes artistas. Durante ocho días se suceden encuentros, coloquios, espectáculos varios (ediciones de revistas, filmes) en un vértigo que se prolonga fuera del recinto con, List 07, la juvenil muestra de arte, pensada como respuesta a la contundente Art Basel y que perdió su irreverencia inicial para convertirse en un agregado modesto y en gran parte oficial, de la primera.

No se agota ahí el atractivo de Basilea. A los notables museos (firmados por Mario Botta, Renzo Piano) hay que agregar el reciente de Herzog & de Meuron, el Schaulager, una límpida estructura de un solo, enorme espacio donde hospeda la retrospectiva de Robert Gober, uno de los artistas más importantes de hoy. EL Museo Tinguely, además del artista suizo y de su mujer Niki de Saint Phalle, dentro y fuera de los hermosos jardines que rodean el edificio, se aloja también, temporariamente, como extraordinaria revelación una muestra de la Internacional Situacionista, capitaneada por el filósofo Guy Debord, influyente en el mayo francés del 68, mientras la Fundación Beyeler recibe 150 cuadros de Edvard Munch y en otro, una exhaustiva muestra de Jasper Johns y un extraño creador actual, J. F. Schnyder. Sin contar, el desfile de maestros del siglo XX (Klee, Kandinsky, Picasso, Mondrian y así siguiendo) con numerosas obras presentadas con refinado criterio museístico.

 

Kassel /Münster

La 12 documenta de Kassel, dirigida por el matrimonio Roger M. Buergel y Ruth Noack, poco conocidos en su propio país hasta entonces, repartida entre el Fridericianum, la documenta-halle, la Nueva Galería, el castillo Wilhelmshöhe y el nuevo pabellón temporario de infeliz resolución, es decepcionante sin que eso limite el goce de autores y obras de gran inspiración. La perfecta organización, el accesible catálogo y otras publicaciones, el traslado gratuito entre los diferentes lugares es uno de los hallazgos de esta edición.

Que se contrapone al Proyecto Escultura de la reconstruida Münster con una treintena de trabajos diseminados por la ciudad, difíciles de ubicar por falta de una identificación adecuada.

 

París enciclopédica

La enciclopédica París tiene, desde hace un año, el imán del Museo del Quai Branly, obra sensacional de Jean Nouvel, de mayor acierto que en los discutibles ampliaciones del Museo Reina Sofía y la Opera de Lyon o incluso en el Centro Cultural del Mundo Arabe de la capital francesa. En un fascinante escenario se ubican las Artes Primeras, provenientes del Museo del Hombre y del Museo Etnográfico se concentran piezas de los cinco continentes en una deslumbrante sucesión de artes tribales y civilizaciones que hasta el momento no habían tenido el reconocimiento eurocentri
sta. Es apasionante verificar que el arte contemporáneo de mayor envergadura e imaginación se encuentra aquí. Que además, presenta el arte de la Nueva Irlanda y a la inglesa Yinka Shonibare en un delicioso laberinto llamado El jardín del amor.

Como siempre, en París hay mucho más. En el Centro Pompidou una formidable retrospectiva de Annette Messager, en el Museo Maillol el urticante fotógrafo estadounidense Weegee, en el renovado Grand Palais, obra maestra del art- nouveau, aloja, bajo su enorme cúpula vidriada, la desmesurada obra de Anselm Kiefer y del otro costado, un balance del Nouveau realisme, que orientara el crítico Pierre Restany, opacado por la insurgencia del pop-art en Estados Unidos. Se hizo justicia. Por el Museo de Arte Moderno una enorme retrospectiva de Rodchenko, en su mayor parte fotografías, fotomontajes, afiches y algunas esculturas de los años veinte, antes del estalinismo. Todavía, hay tiempo para visitar el Palais de Tokyo, con dirección general del uruguayo Antonio Grassi, un talento a descubrir y orgullo del país.

 

Dinamismo madrileño

El recorrido termina en Madrid. Mientras se cambian impresiones con Francisco Calvo Serraller, crítico de El País de Madrid y del suplemento Babelia, en la cafetería del Museo Reina Sofía, en sus salas alternan la obra de Wolfgang Laib hecha de leche, polen de flores y cera de abejas y el sobrevalorado pintor Luis Gordillo, reciente Premio Velázquez, la Ciudad del Oso y el Madroño festeja PhotoEspaña con artistas significativos: Andrés Serrano y Sylvia Plachy en el Círculo de Bellas Artes, Zhang Huan en la Fundación Telefónica, Sebstiao Salgado en el BBVA, Man Ray en Colecciones ICO, Lynn Davis en el Thyssen Bornemisza, aunque en este museo son los 24 cuadros de Van Gogh, del período de Auvers-sur-Oise que atrae multitudes, con entrada agotadas todos los días. No es para menos. Aunque para estar informado sobre el arte reciente español hay que visitar Aquí y ahora, con curadoría de María Martín en la Consejería de Cultura y Deporte. Madrid también es una fiesta. Con mayor detención, en sucesivas entregas se verán aspectos de este aluvión. *

(Primera de una serie de notas sobre un reciente viaje a Europa).

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