La suspensión del tiempo
Manuel Espínola Gómez fue uno de los más grandes pintores uruguayos y, como suele suceder con tantos artistas, uno de los más olvidados, que sólo recogió el reconocimiento del ambiente artístico, sus colegas, amigos y algunos críticos.
Pese a su inigualable técnica, su preciosismo, su cuidado formal y conceptual y su arte rupturista alejado de posturas elitistas y vanguardias artificiosas, su arte nunca concitó la atención del gran público.
El ambiente artístico comercial, gobernado por determinados grupos que se arrogan el derecho de definir que artista está de moda, cuál cumple con los requisitos que marca la tendencia del momento y, aún más importante, cuál es capaz de convocar la atención de la mayoría, lo admiró en silencio y lo ignoró en público.
Sin embargo, numerosos admiradores y conocedores han producido profuso material sobre su influyente producción, pero pocas veces han salido a la luz sus textos, su obra teórica y sus conceptos propios, alejados de las posturas dominantes.
En «La suspensión del tiempo», el también destacado plástico Oscar Larroca, de reconocida trayectoria tanto en su faceta artística como en la de difusor del arte, construye una invalorable aproximación a la filosofía del artista.
Los tres prólogos que enriquecen este verdadero libro de referencia, nos permiten un acercamiento al pensamiento de Espínola.
El primero fue escrito por el actual Ministro de Vivienda, ex Intendente y destacado arquitecto y urbanista, Mariano Arana. Arana narra algunas anécdotas y recuerdos del gran pintor, centrando su semblanza en la sabiduría y la humildad del artista.
Por su parte, el crítico y artista plástico Jorge Abbondanza también rememora a Espínola, mediante jugosos y reveladores apuntes sobre su forma de ser.
El tercer y último prólogo, que opera como introducción, está a cargo del propio Oscar Larroca, quien profundiza en algunos conceptos que luego desarrolla en el libro.
El autor desestima toda definición concreta y absoluta sobre el arte, absteniéndose de realimentar el siempre estéril debate sobre su alcance y proyección.
Sin embargo, sí ofrece las posturas y opiniones más aceptadas, como forma de ilustrar al lector no experto.
Mientras va desgranando las enseñanzas del gran maestro, en su gran mayoría extractadas de conferencias que el propio Espínola dictó en ambientes académicos y que nunca fueron publicadas, Larroca analiza algunas de las obras y autores preferidos por el célebre plástico compatriota.
Ello nos permite comprender los profundos y a veces abstrusos conceptos del talentoso pintor.
Espínola no intentaba una definición del arte. Por el contrario, opinaba que el arte en sí mismo no existía, ya que era imposible dar una definición lo suficientemente concisa y abarcativa. Evitaba toda polémica y se despegaba de las posturas dominantes, analizando con su conocimiento las diversas cuestiones sobre la pintura y el resto de las disciplinas artísticas.
Incluso, no compartía la visión elitista de gran parte de sus colegas y, por el contrario, sostenía que su arte, al cual consideraba un oficio, se encontraba al mismo nivel que la tarea desarrollada por un carpintero, un alfarero o un artesano.
Si bien la obra teórica de Espínola es compleja, Oscar Larroca demuestra una indudable capacidad para transformarla en accesible para aquellos que no somos expertos en la materia.
«La suspensión del tiempo» es un libro de referencia, que pone a nuestro alcance la teoría de uno de los más grandes y olvidados pintores uruguayos. *
(Edita Organización Cultural Cisplatina)
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