La fragilidad de las franjas horarias
La censura tiene mal gusto. Los excesos también. Palabrear sobre «el baile del caño» se acerca a un exceso porque quien más, quien menos, se ha ocupado del tema. El publicitado escándalo de los desnudos senos de Nazarena Vélez o el desnudo pintado de Ileana Calabró en «Showmatch» sólo alimenta el rating de ese programa y de todos aquellos que fagocitan lo más criticable de cada emisión para atrapar a los televidentes que se lo perdieron. Sólo puede servir para reafirmar la descontrolada tele que importamos y que no tiene como únicos culpables a Tinelli y compañía.
Corresponde preguntarse si un menor está protegido por esas emisiones, por lo que ve, por lo que se diluye en la compaginación o por lo que se habla hasta el cansancio. Así se puede ingresar en una discusión sin fin sobre cuáles son los peligros televisivos. Porque el erotismo a toda hora está al alcance de cualquier menor los tiempos han cambiado pero además ¿la violencia no es también una agresión a la formación de ese chiquilín que quiere protegerse?
Si uno recorre los informativos de los canales abiertos suele encontrar que hay ataques continuos, amenazantes y provocadores, al normal crecimiento de los valores morales que uno supone deben ser los únicos aceptables para trasmitir a ese pequeño. La exhibición de cuerpos sangrantes, moribundos que son trasladados después de un accidente provocan alarmantes reacciones, poco convenientes, parecería. ¿El informar de suicidios o violaciones no se acercan a situaciones de riesgo? ¿La deformación de las noticias políticas, la mala interpretación que haga alguno de esos políticos con una critica retorcida, los dislates de muchos entrevistados, no pueden ser también catalogados como inquietante material? Y que me cuenta de las nuevas series televisivas, como «CSI» y su saga en Nueva York y Miami donde se muestran, como si fuera normal, cuerpos destrozados ya por los homicidas o por los forenses que se regodean entre cortes y serruchadas para mostrar sueltos distintos órganos vitales o la reiteración de los exámenes de ADN de semen para encontrar a los violadores, que siempre hay… O como «Nip/Tuck» donde la cirugía estética se nutre de incisiones, tajos, cortes y otras deformaciones que suelen asquear a buena parte del público, todo ello disfrazado con un humor ácido, bueno es cierto, sobre las locuras de los mayores de edad, sus infidelidades, sus mentiras.
Es cierto que en el caso de las series suelen emitirse en horarios nocheros pero aquellos que tengan televisión por cable saben bien que esos mismos capítulos luego son repetidos en la mañana o en la tarde.
Los informativos nacionales, por el contrario, suelen incluir no sólo la sangre de accidentes y crímenes o la distorsión de la verdad, a veces inconsciente, sino también las barbaries del mundo donde los atentados son cosa de toda hora y los asesinos múltiples en universidades o escuelas suelen dejar decenas de muertos en sus delirios.
¿Y las telenovelas o culebrones, son buenas? Esas historias suelen mostrarnos feos ejemplos de discriminación, con personajes malvados, arpías y otros perversos humanos que tampoco sirven para construir sólidamente a un aprendiz de grande.
Pero, pese a todo, debe pensarse que no hay barreras protectoras reales con horarios o no. Los menores suelen ver lo que quieren cuando quieren, con padres presentes o ausentes, que si están nunca, o casi nunca, hacen el zapping oportuno o sirven de apoyo para explicar y eliminar las malas secuelas que puedan dejar esos programas.
Además, es harto conocido que los muchachitos de hoy suelen estar frente a una computadora y allí entrar sin control a páginas porno gratuitas que son muy explícitas.
Por todo eso, se vuelve al dilema de si censurar o controlar lo que se ve.
La solución podría estar en no tener televisión en casa, no escuchar radio, no leer diarios. En aislarse de la sociedad, lo que no parece recomendable porque puede terminarse conviviendo únicamente con la violencia doméstica, aún más dañina que la que se ve. *
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