"UN ENEMIGO DEL PUEBLO", DE IBSEN, EN EL TEATRO SAN MARTIN, BUENOS AIRES

Zozobras y naufragios de la disidencia

* Si se observa bien, no hay ni drama ni tragedia visibles en "Un enemigo del pueblo". El doctor Stockmann concluye como empezó: un tanto iluso, cuando cree que la verdad concitará respeto con sólo aparecer a la luz. El doctor termina en el otro extremo de su visión fragmentada de la realidad, rozando la paranoia, con la frase, muy de Ibsen, "soy el hombre más fuerte de todo el mundo... el hombre más fuerte del mundo es el que está más solo".

Escrito por: JORGE ARIAS

Martes 05 de junio de 2007 | 8:21
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Henrik Ibsen: "Soy el hombre más fuerte de todo el mundo... el hombre más fuerte del mundo es el que está más solo".

En seguida recordamos la orgullosa soledad de Brand, el ánimo persecutorio de Grégers Werle, que cree en sacudir al prójimo con verdades incómodas. En ese mundo levemente irreal, es tan ingenua la idea de la democracia del Dr. Stockmann como es sobregirada su sensibilidad. Un grupo de personas, manipulado desde el poder, obstruye su conferencia y lo declara enemigo del pueblo y ya concluye que la democracia fracasó en el mundo pero en ese punto y hora: “La mayoría nunca tiene la razón de su parte”. Es posible que se haya sobrevalorado la democracia, al punto de tenérsela por fuente de conocimiento; pero la democracia no forma parte de la ciencia, sino de la política. Es sólo una forma de gobierno: la verdad sobre el mundo y la vida llegará por la vía de la investigación científica y no por votación popular, y la verdad será, como lo comprueba la historia, un tesoro, a veces peligroso, para minorías. Pero el Dr. Stockmann ya no se detiene a pensar. Lo guía una fuerza que no puede dominar; va más allá; anuncia un sistema aristocrático. Considera una mentira vergonzosa “…la doctrina de que el público, la multitud, las masas son parte esencial de la población; que constituyen el Pueblo; que el vulgo, el elemento ignorante de la comunidad, tiene el mismo derecho a juzgar y a aprobar, dirigir y gobernar, que las personalidades aisladas e intelectualmente superiores a él”. Al subrayar con tanta intensidad los aspectos negativos del carácter de su héroe, Ibsen nos invita a apartarnos de él, y esboza una crítica del personaje; pero, aceptado esto, ¿cuál es el camino adecuado? ¿Qué debió hacer el doctor Stockmann, fuera de jugar mejor, y sobre todo más oportunamente, sus cartas? En esta incertidumbre sobre el camino a elegir reposa la atracción que aún hoy tiene la pieza.

Las aguas de un balneario que hace y hará la prosperidad de una ciudad costera en el sur de Noruega, están contaminadas; la ruina es cierta si el Dr. Stockmann habla y demuestra el hecho. Es un tema candente, el de la responsabilidad social; más grave aún que el tema, que también se encuentra en “Un enemigo del pueblo” de la coherencia y la fidelidad a sí mismo, que es muy evidente. Debemos medir la consecuencia de nuestros actos: graves cosas pueden ocurrir si tiramos desperdicios a un río. Estamos unidos a la humanidad, mucho más de lo que a veces quisiéramos; pero la ciencia, que no deja de mortificar al hombre, nos enseña que los actos que creemos triviales no lo son. Un batir de alas de mariposa puede causar una explosión.

La puesta en escena de Sergio Renán se luce especialmente en la vigorosa escena de la conferencia, donde la multitud aparece viva, operante y temible, en medio de la noche; y la soledad de Stockmann contrasta con la cohesión de la multitud. Las escenas en la casa del Dr. Stockmann se resienten un tanto por las dimensiones de la residencia, aunque tal vez esto era imposible de evitar en la sala Martín Coronado. Luis Brandoni tuvo a su cargo el papel protagónico, y lo compuso con calor, sobriedad y pasión. Dijo muy bien y físicamente fue muy creíble su composición del médico idealista de un pueblo. Alberto Segado, como Pedro Stockmann, tuvo una actuación muy cercana a la perfección, con adecuados matices de voz y gestos que hicieron vivo, y a veces hasta compartible, a su difícil personaje. *

UN ENEMIGO DEL PUEBLO, de Henrik Ibsen, con Pepe Novoa, Sergio Boris, Stella Galazzi, Alberto Segado, Horacio Peña, Luis Brandoni, Marcos Woinski, Valentino Alonso, Kevin Melnizky, Nicolás Rodríguez Ciotti, Lucas Krourer, Julieta Zylberberg, Daniel Tedeschi, Montenegro, Pablo Rinaldi, Mario Fromenteze, Lorena Vega y Maia Francia. Escenografía de Graciela Galán, vestuario de Mini Zuccheri, iluminación de Eli Sirlin, musicalización, sonorización y dirección de Sergio Renán. En Teatro San Martín, sala Martín Coronado, Buenos Aires.

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