EL VIOLIN, OBRA MAYOR DEL MEXICANO FRANCISCO VARGAS

Filme imperdible de una calidad excepcional

Este punto de vista, por cierto, se corresponde con la impresión que el largometraje ha causado en todos los lugares donde ha sido exhibido (Desde el festival de Cannes, pasando por el de San Sebastián, Huelva, Gramado e incluso en la última edición del Décimo Festival de Punta del Este donde obtuvo el Premio Revelación) convirtiéndolo en el título más premiado de México de los últimos tiempos.

Las razones del fenómeno son múltiples; en primer lugar quizás habría que hacer mención al carisma personal de Don Angel Tavira, un violinista manco salido de una familia de músicos de la región de Tierra Caliente, que asume el rol protagónico de Don Plutarco como actor no profesional pero con una grandeza humana que lo eleva a la categoría de ícono referente. (Cabe señalar que el propio Tavira conquistó el Premio a Mejor Actor en Cannes, Gramado y San Pablo además del que le concedió la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México). En notas de prensa, el realizador manifestó haber conocido a este singular personaje a partir de una investigación sobre la música folclórica, relevamiento que lo contactó con la labor de difusión que el artista realizaba -a pesar de su minusvalía- y que posteriormente lo motivó para la confección del documental «Tierra caliente… se mueven los que la mueven» sobre la historia personal del mismo Don Angel. (El impacto que experimentó el cineasta no concluyó aquí ya que desde ese momento el guión original de «El violín» que el director ya tenía preparado, también tuvo nombre y apellido para la figura central).

En segundo lugar puede subrayarse la pericia directriz de Vargas para narrar esta historia sobre los levantamientos armados mexicanos sin caer en simplificaciones groseras y otorgando, a la vez, esa removedora cuota de ternura en medio de la barbarie. En el relato, Don Plutarco es un anciano músico cuya familia pertenece a la guerrilla y que, en medio de la represión, debe huir a la sierra dejando armas y municiones escondidas en la población sitiada por los militares. La anécdota se concentra en la relación que el músico establece accidentalmente con el capitán del ejército, a quien le enseña el arte de su instrumento, mientras intenta contactar con el cargamento perdido. Con estos elementos, Vargas estructura un relato conmovedor, rigurosamente filmado en blanco y negro, no exento de suspenso y con un adecuado equilibrio de las tensiones que se ponen en juego. Es importe reiterar que la película no se presta al golpe bajo ni a una plataforma de trinchera donde el discurso puede adquirir reminiscencias de lugar común. Por el contrario, en varias ocasiones, las imágenes resultan mucho más elocuentes que las palabras y cuando estas aparecen, dicen lo que tienen que decir de manera tajante y sin mayores estridencias. Austero pero engalanado por una fotografía que surca rostros y contextos con la precisión de un maestro orfebre y una edición que enfatiza el núcleo de cada acontecimiento, el filme ya puede considerarse uno de los mejores títulos de la temporada (probablemente sea la mejor película del año). Resulta imperdible: hay que verla, sin excusas. *

EL VIOLIN (México / 2006). Escrita y dirigida por Francisco Vargas. Producción: Francisco Vargas, Hugo Rodríguez y Angeles Castro. Guión: Francisco Vargas. Fotografía: Martín Boege Paré. Sonido: Isabel Muñoz Cota, Matías Barberis, Enrique Greiner, Marco A. Henández. Música: Cuauhtémoc Tavira, Armando Rosas. Montaje: Francisco Vargas Quevedo y Ricardo Garfias.

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