De qué charlamos cuando charlamos de amor
La entrada es poco más que el piso de un garaje; más adelante el espacio se amplía y el escenario es bastante grande; los sitios para los espectadores son pocos, estamos muy cerca de los actores. Canale y Subiotto son aplicados: desde el comienzo del grupo en el año 2003 han presentado doce espectáculos. Dos son las ideas rectoras de «Puerta Roja»: una es la rotación de los papeles, dentro de la organización. A veces Canale es el dramaturgo y Subiotto el actor, como en esta «Hablar de amor», otras veces («Noélicas», «Amores metafísicos», «Laberinto Camargo») el autor y director es Marcelo Subiotto; próximamente estrenarán «El círculo Maiakowski» de Subiotto, que también actúa y dirige y «Un relámpago en los ojos», de Adrián Canale, inspirada en textos de «El relojero» de Armando Discépolo. La segunda idea rectora es «…la creación de espectáculos que prioricen la narración», lo que, tratándose de teatro, plantea problemas de adaptación, que en el caso parecieron ignorarse más que resolverse.
«Hablar de amor» es el segundo título de Carver que lleva a escena «Puerta Roja». En realidad, el cuento original, «De qué hablamos cuando hablamos de amor» es un punto de partida, una luz en las tinieblas que orienta: desde el comienzo hay, más que improvisaciones, comentarios en acción del cuento, todavía reconocible en algunos fragmentos. La anécdota es muy simple: dos parejas, Mel y Terri, Laura y Nick, el narrador, se reúnen a beber ginebra y quizás a cenar; el amor llega a ser el tema de la conversación, a propósito de un amante de Terri que la golpeaba y que luego que Terri se fuera con Mel amenazaba a ambos. ¿Es esto amor? El tema va y viene, propulsado por el alcohol; Mel (Marcelo Subiotto) ensaya un largo monólogo, come toda la «picada» disponible. Cada tanto Nick dice algo del cuento, como quien lo narra por primera vez.
La pieza se basa en la improvisación, aunque los actores tengan presente, como quien mira a la costa mientras va nadando a mar abierto, el texto de Carver. La improvisación, a veces esforzada, es imprescindible para estirar el original, de quince páginas en octavo y que se lee en diez minutos, a una hora y media. Todo el efecto del cuento, la relevancia de los diálogos, la creación súbita de una atmósfera, un destello que alumbra un personaje, suele estar vinculado a su brevedad y fatalmente se pierde en estas versiones: es imposible que haya un solo espectador que no diga para sí, luego de la primera media hora, que aquello comienza a repetirse sin crecer. Marcelo Subiotto es capaz, por sí solo, de mantener la atención del público; pero llega un momento en que, llevado por un evidente entusiasmo, sobreestima sus cualidades. Así, la pieza no es la misma todos los días, aunque la armazón debe reiterarse; la velada fue amable y una ráfaga de buen teatro cruzó, por unos momentos, la sala. *
HABLAR DE AMOR, sobre un cuento de Raymond Carver, con Marcelo Subiotto, Carolina Tisera, Maribel Outeda y Fernando Castels, dramaturgia y dirección de Adrián Canale. En teatro Puerta Roja, Lavalle 3636, Buenos Aires.
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