Neuronas y neurosis

Encuentros cercanos

En la programación nacional, «Cámara testigo», Canal 12, los miércoles a las 22.00 horas, tiene propósitos simples, ya trabajados por otros, pero logra un extraño resultado: ser visto sin que molesten las grandilocuencias o los divismos de periodistas sesudos. El pasado miércoles 9 encontramos a Kairo Herrera, su conductor, manejando temáticas quizá repetidas pero con la diferencia a favor de que se trata de un natural presentador de los segmentos, sin otro requisito que decir lo mínimo para dejar paso a lo que realmente importa, esa cámara que pone el ojo para atestiguar que nuestras realidades están ahí, olvidadas o mal tratadas.

El equipo de producción tiene detrás a Contenidos, una empresa que está haciendo televisión con exigencia en cuanto a producto bien diagramado y bien desarrollado en sus imágenes.

El primer bloque tuvo como protagonista a la Policía ­concretamente a Radio Patrulla­ en la noche y un certero montaje mostró varias situaciones de detenciones de sospechosos en la calle, casi todos afirmando que eran menores y hasta un cuarentón con pelo raleado que confesaba que andaba en la calle simplemente buscando pasta base por ser un drogadicto desde que era menor.

En el segundo segmento, una entrevista a una presa, desde hace ocho años en la Cárcel de Mujeres por el arrebato de una campera para poder venderla y tener dinero para entrar en un baile. La reclusa no dio señales de arrepentimiento y reiteró su deseo de salir para dedicarse a lo mismo. Irrecuperable, por más que se quiera alivianar, pero tratado con calma, sin escabrosidades.

También se mostró una serie de accidentes callejeros que habían sido captados por las cámaras que la Policía ha colocado en varios cruces peligrosos de la ciudad, tema ya visto pero que no molestó.

Una recorrida por el barrio «40 semanas» puso el dedo en la llaga de la pobreza, con uno de sus habitantes, «el Urraca», conduciendo al camarógrafo por esa zona donde los niños jugando al fútbol dejaban la esperanza tras una pelota mientras el futuro sería igual o peor al de sus padres, todos ellos encerrados en la rica miseria de un carrito para juntar la basura diaria.

El siguiente enfoque estuvo dedicado a dos temas trillados, como el de la acción de la Policía poniendo multas por no tener las luces cortas encendidas en el vehículo o por andar sin cinturón o realizando las pruebas de alcoholemia en los conductores, y después el trabajo mal oliente de los trabajadores de las empresas barométricas. Todo sustentado en el adecuado uso de las tomas, sin enfatizar, sólo mostrando, apenas dejando deslizar alguna queja de conductores que pretendían salvar su honor.

El cierre estuvo dedicado a la movilización policial que produjo el asalto a la estación de servicios de Rivera y Bulevar Artigas que terminó con la muerte de un policía que estaba, como tantos otros, cumpliendo más horas para ganar algún mango por el servicio 222. El sepelio del policía, el montaje correcto del dolor entre sus compañeros, ya en la marcha policial, ya en el cortejo, ya en el adiós, también fue guiado con sobriedad, sin desmadres.

Por todo esto, en una hora vale admitir que se hace mucho cuando se deja que lo visual valga más que mil palabras.

Ya que estamos en lo visual podemos introducirnos en la publicidad y destacar lo que se hizo con la presentación de la Tarjeta Creditel. Yaguar era la agencia que manejaba todo lo del «correcaminos» y Piñeyrúa, con éxito seguro a lo largo de estos años. En este caso, el aviso no tiene identificación en cuanto a quienes son los responsables. Pero lo que uno ve es una demostración de inteligencia, de creatividad pura, donde desde muy alto se ven bailarines de ballet que van formando figuras vinculadas a las áreas cubiertas por esa tarjeta. Desde la bandera nacional al sol brillando, a la patada del futbolista, el viento que eleva una cometa, los pájaros volando o el carrito del supermercado, todo aparece como derroche de imaginación. Claro que uno tiene siempre la duda de si habrá sido filmado o sólo será una animación. De cualquier manera, vale como el aviso más original de esta semana ­y de muchas otras, sin duda­.

En el rubro de mediciones de audiencia, esta pasada semana tuvo uno de los picos más altos, llegando a los 22 puntos en la final de «Gran Hermano 2007″, que es muy buena marca para Uruguay. Se sabe que en Argentina ese programa alcanzó a superar los 50 puntos, o sea que más de la mitad de los hogares de la vecina orilla siguieron a Jorge Rial, dejando a Marcelo Tinelli con muy poco rating pese a que había logrado llevar a Diego Armando Maradona, alguien que parecería que ya no tiene arrastre y que buscó por sí mismo ofrecerse a Susana Giménez y a Tinelli por 60.000 dólares, que a la postre fueron tirados porque no sirvió para aumentar la teleaudiencia.

Ahora viene, creemos y nos estamos engañando, que vendrá el descanso de esa feroz lucha allá pero que repica aquí. Telefe y por lo tanto Monte Carlo lanzan ya la versión de Gran Hermano Famosos, que promete reunir a tantos mediocres que, a la postre, armarán escándalos suficientes como para atrapar inocentes. Así seguiremos, mientras de tanto en tanto podamos convencernos de que lo sencillo por bueno es dos veces bueno, como el caso de «Cámara testigo», que no tiene profundidad pero que es una buena mirada a lo que nos rodea. *

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