La medición del mundo

La ciencia, en tanto disciplina de estudio e investigación, comporta una idónea herramienta de acceso al vasto universo del conocimiento, que nos permite situarnos en nuestro tiempo histórico.

No en vano en los planes de estudio de la educación formal, las materias de orientación científica siempre ocupan un sitial de particular preponderancia.

La revolución informática que tuvo una fuerte repercusión en el desarrollo y la expansión de las comunicaciones, ha operado un radical cambio cultural.

El ejemplo quizá más representativo de este fenómeno es Internet, la vasta red virtual que ha coadyuvado en forma determinante a la democratización de la información.

Aunque no debe ignorarse que millones de habitantes del mundo que sobreviven en situación de pobreza extrema permanecen al margen de este proceso, es indudable que este avance tecnológico ha significado un monumental salto cualitativo para la humanidad.

Más allá de eruditos tratados de nivel académico, la literatura ha demostrado, mediante diversas estrategias, que posee la indudable capacidad de humanizar a la ciencia.

En «La medición del mundo», el exitoso autor alemán Daniel Khelmann transforma a las más áridas disciplinas científicas en materia novelesca.

El joven escritor nacido en Munich, que actualmente reside en Viena, Austria, ha sabido construir una sólida reputación literaria, mediante un estilo explícito, decantado y accesible.

Su particular impronta, que lo ha transformado en un autor comercialmente exitoso, no obsta la buena calidad de su producción.

«La medición del mundo» confirma que, en muchos casos, la literatura puede cumplir con el doble cometido de entretener y cultivar a los lectores.

En este libro, Khelmann narra la historia novelada del naturalista Alexander von Humboldt y del astrónomo Carl Friedrich Gauss, que, más tarde, fue conocido como «el príncipe de las matemáticas».

Mientras el primero explora los más recónditos parajes del mundo y vive experiencias fascinantes, el otro científico intenta demostrar que el espacio es curvo.

Incorporando abundantes apuntes de ficción, el escritor reúne a estos dos genios en 1928, en Berlín. El pretexto, más allá del reencuentro, es compartir investigaciones, vivencias y aventuras.

Mediante una escritura ágil y elocuente, el narrador alemán se interna en la intimidad de ambas celebridades, exponiendo tanto sus grandezas como sus defectos, manías y vulnerabilidades.

En «La medición del mundo», Daniel Khelmann confirma que la investigación científica, que obviamente constituye la génesis de los grandes avances de la humanidad, tiene mucho de osado y hasta de quijotesco.

El relato está construido mediante un formato de novela de aventuras, al cual el autor adosa una considerable dosis de humor y abundantes apuntes irónicos. *

(Edición de Emecé)

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