El jardín de las fieras

Estereotipado, caricaturizado y banalizado, el nazismo es un fenómeno que, aún hoy, intriga por su complejidad y por las nefastas consecuencias que tuvo para la historia de la Humanidad.

Sus detractores han insistido permanentemente en presentar a Adolf Hitler como un individuo perturbado, inconsciente de sus acciones y con conductas rayanas en la estupidez, un personaje autoritario que lideró un régimen demencial prácticamente sin apoyo voluntario de la población alemana.

Sin embargo, la historia lo muestra como un fanático, pero totalmente consciente de sus acciones. Era un hombre dotado de gran capacidad para convocar y convencer a las masas y agitar fantasmas de antisemitismo y nacionalismo.

En noviembre de 1923, un momento de caos político y económico, encabezó una rebelión, en Munich, contra la República de Weimar, en la cual se autoproclamó canciller de un nuevo régimen autoritario. No obstante, el fenómeno conocido como el «putsch de Munich» fracasó por falta de apoyo militar.

Hitler fue sentenciado a cinco años de prisión como líder del intento de golpe de Estado. En los ocho meses de condena que cumplió, se dedicó a redactar su autobiografía: Mein Kampf (Mi lucha).

Esta obra es fundamental para entender el pensamiento político y social de Hitler y su aversión hacia los judíos, a quienes consideraba dueños de la economía y, por consiguiente, culpables de la pobreza que él mismo y muchos millones de alemanes, sufrieron.

Más allá de disquisiciones históricas, el nazismo sigue considerándose, gracias al cine y la literatura, que lo han tomado recurrentemente como tópico particularmente redituable, la encarnación del mal absoluto.

No es extraño que un fabricante de bestsellers como Jeffery Deaver, tome como materia literaria a este fenómeno histórico, en su nuevo thriller, «El jardín de las fieras».

Es sabido que la industria editorial, al menos en lo que se refiere a literatura de alto consumo y fácil digestión, vende mucho más la novela con contenido histórico, que mencione lugares, situaciones o personajes reales, más allá de la dudosa veracidad de muchos de los enfoques.

La ficción pura, el pulimento del estilo y la originalidad, cualidades del verdadero creador, han sido relegadas, en muchos casos, por la repetición de fórmulas harto manidas, pero de probada efectividad comercial.

En ese contexto, Deaver construye una intriga ambientada en la Alemania nazi de 1936, lugar en el cual sitúa a un sicario de la mafia neoyorkina, contratado extraoficialmente por la Marina de los Estados Unidos para, nada más y nada menos, eliminar al lugarteniente de Adolf Hitler.

El autor, cabe reconocer, posee un hábil manejo de los tiempos narrativos, un por momentos destacable poder descriptivo y sabe claramente cómo debe armarse una enrevesada intriga, de esas que mantienen en vilo al lector hasta la última página, con su consabida vuelta de tuerca.

Sin embargo, al cabo de unas pocas páginas, el avezado consumidor de literatura descubre que todo está perfectamente estudiado, armado como un mecanismo complejo, pero sin ese toque de frescura y grandeza de las verdaderas novelas de autor.

La extraña combinación de un asesino mafioso y el siempre taquillero régimen nazi, aderezado con un grupo de agentes del servicio secreto norteamericano que siguen incesantemente al contratado sicario, conforman una novela plena de intriga y suspenso.

La propuesta, ciertamente, no es en absoluto original, pero sí es efectiva, porque el propósito es únicamente entretener sin aportar nada novedoso. *

 

(Editorial Suma de Letras)

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