La globalización de la paranoia colectiva
En el presente, una de las características vertebrales de este fenómeno es la denominada mundialización, que globaliza recurrentemente la concentración de la riqueza, la pobreza y la marginación social.
El modelo de acumulación capitalista, que transforma con frecuencia los sueños colectivos en agobiantes pesadillas, es un auténtico partero de inequidades y exasperantes situaciones de injusticia.
En ese contexto, es la juventud la que suele pagar el precio más alto de la falta de comprensión y oportunidades de desarrollo material e intelectual, lo que suele devenir en agudos cuadros de desencanto.
Hace apenas unas semanas, la opinión pública mundial observó con estupor las estremecedoras escenas de la masacre de la Universidad de Virginia, ejecutada por un individuo alienado.
Sin embargo, ese auténtico aquelarre de sangre no fue fruto sólo de una mente alienada ni de un mero delirio individual, sino un producto residual de patologías mayores nacidas del vientre de un sistema perverso.
Esos cuadros de exacerbación y violencia vinculados a la conducta de los jóvenes, han sido recurrentemente registrados por el cine, en títulos mayores como, por ejemplo, el poco recordado Sí (If) o la aclamada Naranja Mecánica, del genial realizador Stanley Kubrick.
En Querida Wendy, el cineasta danés Thomas Vinterberg construye una suerte de coreografía alegórica, que discurre entre la aguda mirada social y hasta la reflexión filosófica.
Trabajando con singular talentoso el guión del aclamado realizador Lars Von Triers, Vinterberg se interna en los opresivos laberintos de una cotidianidad conflictiva, gobernada por la violencia, la inseguridad y el temor.
El relato está ambientado en un pequeño pueblo norteamericano, la mayoría de cuyos habitantes trabajan en una mina, donde desarrollan extenuantes jornadas y se exponen a los riesgos de derrumbe y la contaminación ambiental.
Uno de los mayores aciertos del director y el guionista es ambientar su historia en un espacio geográfico acotado como un barrio, radicalmente diferente a los grandes centros y urbanos y la masiva concentración poblacional.
Sin embargo, el devenir de la narración corrobora que aún en estos ámbitos reducidos y desolados, subyacen terribles conflictos de identidad y cuadros de desencanto colectivo.
El protagonista del filme es un joven desarraigado, huérfano de madre y abandonado por su padre, quien se cría con una empleada doméstica. Esa anciana negra, que es su único amparo y compañía, lo protege como si fuera un niño.
Este marginado carente de afectos, que se aferra obsesivamente a su pasión por las armas, promueve la fundación de una suerte de logia juvenil, que proclama una filosofía presuntamente pacifista.
Sin embargo, todos los jóvenes de esa sociedad clandestina empuñan armas de fuego y realizan frecuentes prácticas de tiro en un galpón abandonado de la mina, en un virtual ejercicio de veneración cuasi litúrgica.
Thomas Vinterberg trabaja con singular maestría la tensión dramática que va creciendo dentro de ese grupo humano sin dudas heterogéneo, cuyos integrantes son todos marginados y perdedores empedernidos.
Todas las emociones y pasiones más exacerbadas están concentradas en esas armas, a las cuales se nombra como si se tratara de familiares, porque, en muy buena medida, compensan las terribles carencias de afecto.
No es extraño que los personajes de esta historia sean incluso seres casi asexuados, que descargan todas sus tribulaciones y fantasías en los revólveres y las pistolas que les acompañan como si se tratara de cordones umbilicales, en una lectura claramente freudiana.
Querida Wendy es una desgarradora metáfora acerca de la incomunicación social y la ruptura generacional, que ensaya una aguda mirada a los inquietantes y turbulentos paisajes de nuestra contemporaneidad.
Aunque aparentemente el tema crucial sea la globalización de la violencia como expresión del desencanto, el relato reflexiona igualmente en torno a las paranoias colectivas y la marginación social.
Mediante un lenguaje moroso y una atmósfera agobiante de alto impacto emocional, Thomas Vinterberg interpela al presente, en una suerte de cuestionamiento que apunta a decodificar la génesis de algunas de las más terribles tragedias de nuestro tiempo.
Esa frontalidad sin eufemismos, transforma a Querida Wendy en una alegoría sobre el incierto destino de la juventud de la posmodernidad, sumida cotidianamente en una globalización amputadora de sueños y esperanzas. *
QUERIDA WENDY. Dinamarca, Francia y Alemania 2005. Dirección: Thomas Viterberg. Guión: Lars Von Traer. Fotografía: Anthony Dog Mantle. Reparto: Jaime Bell, Hill Pulman, Michael Angarano, Danso Gordon y Novella Nelson.
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