"LA ESCUELA DEL ESCANDALO" EN EL TEATRO DEL CENTRO

La vida es una escuela, porque es peligrosa

La misma velocidad y energía de la puesta en escena de Viñas tuvo consecuencias discutibles. En varios parlamentos hay un doble o triple sentido, que significa algo para quien los dice, algo distinto para su interlocutor y aún un tercer sentido para el público; en esta puesta en escena todo se dice tan rápido que a menudo cuesta captar esos delicados matices. Apreciamos el preciso empleo del tiempo en las primeras intervenciones de Teresa González (Mrs. Candour). La actriz, con variaciones de volumen, tono de voz y pausas, dio a sus frases una agudeza y una significación que lamentamos no ver en lo que siguió de la pieza.

Esa misma velocidad, que llega a un punto en que los parlamentos parecen más entrechocarse que articularse, produjo un tono alocado, que aproximó la obra a los vaudevilles de Georges Feydeau tanto como la alejó de Sheridan. Los autores de la «versión», Pepe Vázquez e Imilce Viñas, modificaron la pieza en la dirección de la farsa, con el innecesario agregado de frases de nuestra habla corriente que debieron sorprender en los salones del Londres de 1777. Sir Oliver (Adhemar Rubbo), es llevado al borde del ridículo, cuando debe expresar, antes bien, sensatez y experiencia; y tanto en Sir Oliver como en Sir Peter Teazle (Emilio Pigot), dos cumplidos gentlemen, son impensables la agitada gesticulación, los revoleos de ojos, la agitación galvánica. Sheridan apenas alude a la vida parrandera de Charles Surface; Viñas le agrega dos amigos un jolgorio con vino y guitarra y hace bailotear a Gustavo Antúnez como si estuviera a punto de interpretar «El lago de los cisnes». En otros momentos la loable intención de Viñas de evitar el vacío la condujo a simplificaciones que perjudicaron el efecto de las escenas, como aquella en que tanto Lady Teazle como Sir Peter deben ocultarse, la mujer detrás de un biombo (o una cortina, como en esta puesta en escena) y él en un armario.

Volvamos a Sheridan. Viñas hace muy explícito un sentido de la obra, la crítica de la murmuración y la hipocresía, con el triunfo de la sinceridad y el buen natural, cosa que el título, «La escuela del escándalo» parece apoyar. Ello está presente en «La escuela del escándalo»; pero no estamos convencidos de que sea su tema. No concuerda con los propósitos del inteligente y sutil autor reeditar el «Tartufo», que ostensiblemente lee ante nosotros (otro agregado de la «versión») Joseph Surface (Federico Galemire). No estamos convencidos siquiera de que Sheridan condene a la murmuración y al chismorreo, a los que si no perdona casi justifica, cuando sugiere que pueden deberse, en parte, a errores de audición, como lo demuestra en una escena brillante donde medias palabras transforman un disgusto en un duelo con pistolas y con heridas de bala, y en parte el ejercicio de un ingenio que gira sobre la vida ajena porque no tiene mejor objeto en que emplearse y, en parte al fin, a la muy humana necesidad de matar el tiempo. La pareja protagónica (Sir Peter y su esposa) es particularmente ambigua, como si en ella confluyeran virtudes y defectos opuestos.

Han cometido errores: Sir Peter pecó de autoritario, Lady Teazle se inclinó peligrosamente a la frivolidad; los sucesos de la pieza enriquecieron a ambos y el escándalo fue, para ellos, una escuela. Esta reflexión remanente, esencial en la comedia, visible en el proyecto de porvenir que se anuncia para dos parejas, una que ha de formarse y otra que deberá renovarse, no nos apareció con claridad en el final. *

LA ESCUELA DEL ESCANDALO, de Richard Sheridan, con Paola Vega, Marcelo Martínez, Federico Galemire, Moriana Pena, Teresa González, Diego Artucio, Andrés Papaleo, Graciela Pagani, Emilio Pigot, Felipe Dibarboure, María Clara Vázquez, Adhemar Rubbo, Daniel Castro, Rodrigo Peluffo, Gustavo Antúnez, Federico Longo, Leonardo Gagliardi y Yoni Kurlender. Vestuario de Felipe Maqueira, ambientación de Felipe Maqueira e Imilce Viñas, luces de Alejandro Piastra, música de Carlos Da Silveira, dirección general de Imilce Viñas. Estreno del 27 de abril, teatro del Centro.

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