ARTE

Estética de la cultura gastronómica

Con "Sabores y lenguas" del catalán Antoni Miralda, la concepción artística amplía sus territorios ante el asombro de mentalidades conservadoras abroqueladas en códigos tradicionales que perdieron vigencia.

Escrito por: NELSON DI MAGGIO

Lunes 07 de mayo de 2007 | 4:57
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Antoni Miralda: la mesa está servida.

Mientras adustos contrincantes intentan definir las características del arte contemporáneo sin conocer las fuentes originales, el formidable poder de la imaginación del hombre renueva, en sucesivas oleadas innovadoras, conceptos y formas visuales. El conservadurismo se alarma y esgrime la consigna del “todo vale” ante manifestaciones inéditas. En anteriores períodos de la historia del arte hubo auténticos y oportunistas. No es pues, privilegio actual su existencia aunque los medios de comunicación, luciendo una imbatible ignorancia, están más atentos a las excentricidades de una estrella fugaz que a divulgar la permanencia de serias investigaciones.

En la próxima documenta, en su edición XIIª, a inaugurarse en junio, el único invitado español es el famoso cocinero catalán Ferrán Adrià, nacido en 1962, elevado internacionalmente a la categoría de mito al ser distinguido su restaurante El Bulli como el mejor del mundo (en dos años consecutivos) por un comité de especialistas. El curador Roger Buergel lo eligió porque “no hay nadie en España de esa generación que se pueda comparar con su nivel de inteligencia formal”.

Hay antecedentes en la cocina futurista de los italianos y en la formidable y recordada documenta X, Catherine David (edición luego mal imitada por Enwezor en la siguiente documenta y muy bien adaptada por Lisette Lagnado en San Pablo) invitó al senegalés Matthew Ngui a cocinar en público y en su primera unipersonal de 1994, el tailandés Rirkrit Tiravanija ofreció una degustación de Pad Thai, plato típico de su país. De acuerdo a la estética relacional de Nicolas Bourriaud, la intención es despertar la pasividad del espectador y producir situaciones que cuestionan los límites entre arte y la vida cotidiana.

El célebre Premio Pulitzer 2007 al crítico gastronómico del Weekly Los Angeles, marcó una revolucionaria premiación, por cierto, y puso en circulación un aspecto de la cultura contemporánea hasta ahora soslayado, postergado al campo de las necesidades inmediatas y utilitarias. Es que la teoría sobre comidas tiene su biblia en Brillat Savarin con Fisiología del gusto (1826), elogiada por otros brillantes escritores sobre el tema como Alexander Dumas y Jean-François Revel.

Sabores y lenguas: 13 ciudades, instalación de Antoni Miralda (Centro Cultural de España) acepta, sin esfuerzo, el regocijo admirativo. Por múltiples aciertos. Escapa a los lugares comunes de las comunes exposiciones, se arriesga a un proyecto en proceso, itinerante y colectivo (algo inusual y muy bienvenido), investiga en profundidad los particularismos culinarios de 13 diferentes ciudades y, en continua acumulación de experiencias, recoge en un solo haz, testimonios de cinco continentes. Confronta imágenes, sonidos, escritos y objetos en un friso de la memoria colectiva en permanente actualización. Lo local y lo internacional en la Cultura de la Comida.

Presentado con un montaje espectacular pero convincente, la implicación social y su elevado sentido documental, misturando lo serio y lo divertido, lo popular y lo culto, Antoni Miralda, exponente del eat-art, arte de la comida, propone (y logra) la participación entusiasta del público lugareño en la confección de platos, en la escritura de frases y en la recolección de objetos de cocina exhibidos en heladeras. La unidad en la diversidad está plenamente conseguida y la reflexión sobre la cultura de la comida sale airosa en países que, como Uruguay, es un tema marginal, en algo que, como la moda, afecta a todos los integrantes de la sociedad cada día, durante varias veces al día. “Dime lo que comes y te diré quien eres”, sentenció Brillat- Savarin. Cualquier dietética es un enunciado ético, estético y metafísico del comensal.

En las ciudades que visitó e indagó los hábitos alimenticios de la población, Miralda supo elegir con inteligencia e intuición aquéllos más representativos y convertirlos en una compleja instalación sugestiva. Acercar lo cotidiano a una formulación hermosamente imaginativa, llamar la atención hacia aspectos de la vida diaria que se asumen mecánicamente y sin reparar en su significado, apuntar a la conciencia del bagaje cultural que implica la comida es un saludable ejercicio artístico. Una renovación, en la presunta crisis del arte actual, más vital que nunca.

Ya en la última Bienal de San Pablo la obra de Miralda fue justamente elogiada pero su extensa trayectoria con muestras sensacionales en el Palacio de la Virreina de Barcelona, entre otras, lo catapultaron hacia el primer plano de grandes creadores de la actualidad en su transgresión de los cánones convencionales del arte.

Del 14 al 16 de mayo Antoni Miralda efectuará el Taller Infusión sobre “el ceremonial cotidiano del mate y sobre todo en su naturaleza de acto público”. Una cita tan atractiva como ineludible.

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