Un grito de horror contra la guerra
Obra mítica, esta pintura moderna en blanco y negro de 3,5 metros de ancho por 7,8 metros de largo, que mezcla hombres y animales con expresiones atormentadas, se exhibe desde 1992 en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Después de su creación en el estudio de Picasso en la calle de Grands-Augustins, en París, el «Guernica» protagonizó un agitado recorrido. A principios de 1937, en plena Guerra Civil española (1936-1939), el maestro del cubismo (1881-1973) recibía un encargo del gobierno republicano de Madrid para crear un fresco destinado al legendario pabellón de España en la Exposición Internacional que ese año se llevaría a cabo en París. Pero Picasso, según sus propias palabras, atravesaba «la peor época» de su vida en lo personal y lo artístico. A fines de abril, cuando se produjo el bombardeo de Guernica (Gernika en euskera), se había quedado sin inspiración. La denuncia de la tragedia durante el desfile del 1º de mayo de 1937 en París fue un detonante para Picasso, que inmediatamente tomó los pinceles bajo la atenta mirada de su compañera, la fotógrafa Dora Maar. A principios de junio de ese año, el Guernica era una realidad instalada en el pabellón de España en Trocadero, donde se convirtió en símbolo de la barbarie militar y de los horrores de una guerra civil que destrozó España y causó más de medio millón de muertos.
Después de ser exhibido en los países del norte de Europa, el «Guernica» fue embarcado en mayo de 1939 en el buque francés «Normandie» rumbo a Estados Unidos. La pintura circuló varios años por Estados Unidos y México donde el presidente Lázaro Cárdenas recibía a los exiliados españoles hasta que en 1944 fue instalada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). Aunque el gobierno español era propietario de la obra, Picasso rechazó su traslado a España mientras estuviera en el poder el dictador Francisco Franco (1882-1975).
En 1981, cinco años después de la muerte de Franco, el «Guernica» llegó a España, primero a un anexo del Museo del Prado y luego, a partir de 1992, al Museo Centro de Arte Reina Sofía, de donde no ha salido. El gobierno vasco reclama el cuadro con motivo del septuagésimo aniversario del bombardeo de Guernica, pero Madrid le respondió que la pintura es muy frágil para viajar. «Lo seguimos reivindicando porque (…) el cuadro pertenece a los que murieron, a los supervivientes y, en general, al pueblo de Gernika y al pueblo vasco», declaró el alcalde de Guernica, Miguel Angel Aranaz. *
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