Escrito por: HUGO ACEVEDO

En “La cerrazón humana”, el escritor uruguayo Enrique Estrázulas reúne una antología de algunos de los mejores relatos de su producción narrativa, que corroboran su indudable capacidad para explorar y condensar las grandezas y miserias de un mundo contradictorio.
Este autor, que nació en Montevideo en 1942, es, sin dudas, una de las personalidades referentes de la literatura uruguaya contemporánea.
En el decurso de su prolongada carrera, Estrázulas publicó cinco libros de poesía, seis novelas, tres libros de relatos, dos ensayos y una obra de teatro.
Sus producciones han sido traducidas a varias lenguas extranjeras, particularmente su famoso y disfrutable “Pepe Corvina”. Ello le ha posibilitado universalizar su obra.
Su polifacética personalidad le permitió, desde muy joven, incursionar en el periodismo, habiendo ocupado también varios cargos diplomáticos.
Esta selección de relatos que corrobora siempre una identidad literaria característica en Estrázulas, nos permite asomarnos a micromundos humanos a menudo clausurados, que transcurren entre la soledad, la nostalgia, la pesadilla y hasta la fantasía de sesgo cuasi onírico.
No es casual que en el prólogo de esta obra a cargo de Alfredo Michelena, se aluda al cuento extraño como una suerte de género literario. En efecto, esa impronta creativa está presente en la mayoría de las narraciones incluidas en este libro.
“Cercanías”, que es el relato que inaugura esta antología, nos permite asomarnos a la inusual peripecia de un escritor voyeur, que atraviesa la intimidad de una pareja.
En este caso, el narrador juega con la imaginación del lector, quien debe discernir qué lugar ocupan realmente los personajes en la escenografía literaria.
En cambio, en “Escaleras”, el autor construye un paisaje surrealista de dimensión por momentos sobrenatural, que discurre entre la fantasía y la alienación.
Esa añosa casa que cruje y se desmorona es una metáfora de la propia decadencia humana y del agobiante peso del tiempo que todo lo oprime. El desenlace impacta por lo sorprendente.
Uno de los cuentos quizás más fascinantes, tanto por su textura como por la indudable complejidad de su construcción narrativa, es precisamente “La cerrazón humana”.
Este texto es una suerte de fábula que alude a las causalidades, las recurrentes crisis de identidad y la locura, que en este caso opera como una suerte de válvula de escape.
Uno de sus personajes es el gran Juan Carlos Onetti y, en cierta medida, la obra es una suerte de homenaje al excepcional autor de “El pozo” y “El astillero”.
Por su parte, “Fotos” es una sugestiva mirada al universo de la vejez, la nostalgia y la pérdida, representadas precisamente en la imagen congelada de una foto que inmortaliza el pasado.
La pluma del autor explora las entrañas mismas de la condición humana en “Frontera”, un relato que impacta por su explícito realismo.
Esta es una sobrecogedora historia poblada por seres errantes y sin destino, en la cual las plegarias no tienen respuesta y los caminos se entrecruzan hacia rumbos siempre inciertos.
Estrázulas identifica nuestros más íntimos miedos en “El canto de los deudos”, otro cuento “extraño” que ingresa osadamente en los territorios de una rampante fantasía.
En este caso, el escritor construye un cuento de elocuente trazo costumbrista cargado de simbolismos, que remite a un universo de seres ignotos, de origen y destinos indefinidos.
“El veranillo de San Juan” es una crónica de marginales, de seres condenados a la soledad y la indiferencia colectiva. Esta es una metáfora en torno a las miserias humanas, que impacta por la crudeza de sus descripciones.
Esas soledades desoladas están también presentes en “El poniente”, un relato de pescadores que sobreviven a la intemperie de la realidad y a su endémica resignación.
En la mayoría de las narraciones, Enrique Estrázulas transforma a personajes mínimos y comunes en protagonistas de historias siempre singulares.
Un buen ejemplo de la sabiduría que demuestra el autor para explorar universos clausurados con un lenguaje de extrema frontalidad es precisamente “Viaje a pie”.
El narrador aporta a este relato una impronta de misterio, que deviene, a la sazón, en una alegoría en torno a la incertidumbre del destino y la muerte.
“Sirena varada” narra un inusual romance entre seres diferentes pertenecientes a mundos situados en las antípodas, que discurre entre la ternura y la piedad.
El afecto de esa extraña relación, que realmente conmueve, convoca a la reflexión en torno a los límites de la tolerancia y la discriminación.
“Ruedas de tren con sueños” es también una ficticia aventura de marginales, de vidas cruzadas y miserias humanas, que se decantan en amores gastados y experiencias sexuales sin placer.
El amor obseso es el tema vertebral de “Liturgia”, que discurre entre la pasión, la locura, la libertad como pecado capital y la demolición de los prejuicios.
Se trata de un relato de seres extraños, que, por sus naturales impulsos, resultan bastante más humanos y reales que los propios humanos.
Enrique Estrázulas le imprime una estética policial a “Vikingo bar”, una suerte de pesadilla impregnada de una sugerente violencia soterrada.
Aunque en este caso el epílogo es bastante previsible, el texto igualmente vale por las esmeradas descripciones y la tensa atmósfera que rodea a un prostíbulo de la Ciudad Vieja.
En “La verdad está triste”, reaparece nuevamente el ominoso fantasma de la soledad, representado por un conventillo desolado, el fluir del tiempo sin tiempo y la vejez como condena.
“Figari y el primate” es también un cuento de sesgo bastante opresivo, de fronteras geográficas clausuradas y sueños pesadillescos.
En este caso, la muerte es una suerte de simbólico ritual, en una historia cuyo protagonista es un hombre errante que no sabe qué busca ni a dónde se dirige.
La pluma de Enrique Estrázulas vuelve a recurrir a los paisajes surrealistas en “Orden del caos”, una narración que alude a los mitos y a los miedos ancestrales. La fantasía se mixtura con la realidad, en una formulación que siempre excede a lo meramente convencional.
“Con flores y porfía” hace aflorar nuevamente la sordidez de las miserias humanas, a través de los personajes perdedores que habitan en la noche, arrastrando a cuestas con su pobreza material y sus almas vacías.
Un sugestivo cuento intitulado “La estrella fugaz”, transforma al tiempo en un fenómeno relativo, que permite la simultánea convivencia entre personajes del pasado y el presente.
Esa deliberada ruptura con las coordenadas de la temporalidad asume obviamente un sentido simbólico, que remite a la perdurabilidad de la memoria, más allá de la mera caducidad de todas las cosas.
“Soledades pobladas de mujeres” es también un relato de sesgo fantástico, en el cual el amor es siempre una circunstancia incierta que llena el pesado vacío de la ausencia.
Como en otros cuentos que integran esta selección, los personajes son seres agobiados y huérfanos de afecto para quienes la redención es una suerte de quimera.
En este libro, la cerrazón del título asume claramente un doble sentido intrínseco: la oscuridad que oculta hasta lo más evidente y la posibilidad de descubrir los rasgos más ignotos de la condición humana que subyacen bajo nuestras máscaras.
Esta es una selección de textos fundamentales de la producción narrativa de Enrique Estrázulas, quien corrobora su indudable sabiduría para plasmar en la ficción los claroscuros de la peripecia humana.
Mediante un lenguaje de impronta casi siempre poética, el narrador rescata el heroísmo cotidiano de seres mínimos, aunque jamás soslaya sus rasgos más grotescos.
El autor demuestra una visible predisposición por transformar lo implícito en explícito, retratando la realidad a través del formato de la ficción literaria.
La recurr
ente apelación a la fantasía de sesgo surrealista es siempre un recurso expresivo subordinado a una búsqueda que trasciende a lo meramente aparente.
No en vano la mayoría de los personajes son marginales y perdedores, aunque esa marginación no atañe únicamente a lo social sino también a lo afectivo.
Enrique Estrázulas aporta una mirada casi siempre desencantada de la realidad, que confirma que vivimos en un mundo complejo y contradictorio, en el cual cohabitan cotidianamente la angustia, la perplejidad, la alienación y la incertidumbre. *
OTRAS NOTICIAS EN LARED21