SIN DESTINO: UN CONTUNDENTE FILME HUNGARO QUE RECREA LA PEOR TRAGEDIA COLECTIVA CONTEMPORANEA

La agobiante pesadilla del holocausto

El rostro sin dudas más grotesco de este fenómeno fue el nazismo, que, en la primera mitad del siglo pasado, alimentó una de las más terribles tragedias de todos los tiempos.

Partiendo de un mesianismo apócrifo, el holocausto fue una experiencia genocida destinada al exterminio de un pueblo y a la instauración de la absurda teoría de la superioridad racial.

Aunque el blanco predilecto de este nacionalismo enfermizo que se nutrió de la ideología del odio fueron los judíos, la implacable maquinaria represiva del denominado Tercer Reich también masacró a numerosos opositores políticos.

Más de medio siglo después del epílogo de la pesadilla, los investigadores aún interpelan a la historia en torno a las causas y consecuencias de un fenómeno político y sociológico inexplicable.

Con recurrente frecuencia, el cine ha sabido registrar la dimensión trágica de ese oscuro período de nuestra historia contemporánea, con títulos de desigual valor artístico.

En los últimos años, dos han sido los filmes que mejor retrataron ese singular tiempo de horror: La lista de Schindler y El pianista.

En el primer caso, el aclamado cineasta Steven Spielberg elabora un extenso relato dotado de indudable riqueza cinematográfica, que cosechó numerosos premios Oscar y fue un gran éxito de taquilla.

En un escalón superior de calidad, el filme del maestro polaco Román Polanski posee un vuelo poético y una resolución estética que lo transformaron en una auténtica obra maestra del género testimonial.

El estreno de «Sin destino», del debutante realizador húngaro Lajos Koltai, exhuma ­en toda su dimensión­ los perfiles más despiadados de la recordada hecatombe.

Este filme es una adaptación de la novela homónima autobiográfica de Ebre Kertész, quien recreó su calvario de confinamiento en campos de concentración nazis. La obra cosechó el Premio Nóbel de Literatura 2002.

El autor, que también se hizo cargo de la elaboración del guión, escribió su obra treinta años después del epílogo de su espeluznante experiencia.

Durante esas tres décadas, Kertész maduró y decantó las vivencias del suplicio padecido, las cuales se transformaron, a la sazón, en una invalorable materia prima literaria.

La película narra la conmovedora historia de un adolescente húngaro judío de 15 años de edad, que reside en Budapest junto a su padre y su madrastra.

El joven, que inicialmente no parece entender qué está realmente sucediendo en su país y el peligro que corre por su condición de judío, vive separado de su madre, con la cual no parece entenderse demasiado.

Aunque las primeras secuencias del relato documentan el miedo que comienza a apropiarse de su familia y de otros miembros de la comunidad, todo parece indicar que no existía plena conciencia de la tragedia que se avecinaba.

La partida del progenitor del protagonista a un campo de trabajos forzados provoca en el joven Gyuri Köve una fuerte conmoción y un sentido de pérdida que cala muy hondo en su corazón.

No obstante, recién cuando es detenido a bordo de un autobús y trasladado al primer campo de concentración, el inocente adolescente asume que para él comienza un tiempo de horror e incertidumbre.

Trabajando la imagen con un acendrado virtuosismo propio de un avezado fotógrafo que otrora colaboró con el famoso realizador Istvan Szabo, Lajos Koltai construye un cuadro realmente sobrecogedor.

La deliberada utilización del sepia coadyuva a acentuar los trazos más pesadillescos de una escenografía apocalíptica, en la cual las inmensas barracas y las chimeneas de los hornos crematorios adquieren una dimensión visual cuasi surrealista.

El paisaje de devastación se transforma en una visión aún más despiadada que por momentos hiere la sensibilidad del espectador, cuando las montañas de cadáveres de las víctimas transportados en carretillas son vertidas en una inmensa fosa común.

Los momentos quizá más dramáticos están representados por los interminables plantones a los que son sometidos los prisioneros, con el razonable temor a ser ejecutados.

Aunque el realizador húngaro sabe construir atmósferas agobiantes, el filme no logra trasuntar plenamente el terror psicológico ni el drama que experimentan los protagonistas del relato.

No obstante, más allá de eventuales salvedades, la obra vale por su espléndida formulación estética, un buen rendimiento actoral y la magnífica música del laureado maestro italiano Ennio Morricone.

«Sin destino» es un contundente documento testimonial, que convoca a reflexionar en torno al fanatismo, la violencia y la conmovedora solidaridad en situaciones límite.

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