Ecos del festival de jazz de La Pedrera
Aún no se apagan los ecos de la octava edición del festival Jazz entre amigos (La Pedrera, 5 y 6 de abril) y sus organizadores, haciendo caso omiso de la feliz resaca de tanta y tan buena música, ya están pensando en la versión 2008 de este evento ya clásico que parece destinado a hacer historia.
El excelente clima de la Semana de Turismo se asoció a la fiesta para que un nutrido público amante de la buena música (locales, de todo el Uruguay, argentinos contrapiqueteros, brasileños y algunos rubios de quién sabe dónde) que colmaron el amplio salón de la Posada del Barco con una vista espectacular de la luna reflejada en el mar, pudiera disfrutar a tope de dos noches con programación de lujo.
El éxito del encuentro estaba asegurado con las esperadas actuaciones del Cuarteto Montevideo Swing (Rolo Suzacq, Daniel Rodons, Nicolás Rodrigo y Domingo Roverano) y la banda del Hot Club Montevideo (Ricardo León, Alejandro Sánchez, Alvaro Pacello, Eddie Porcille, Pablo de los Campos y Julio Guglielmi): dos pesos pesados del ambiente local, cuyos solistas no dejan de deslumbrar y, como el buen vino, contabilizan el paso del tiempo sólo en la columna de las ganancias. Un placer repetido. Y a la vez renovado.
Y como ya es clásico en La Pedrera, junto a la consabida «celeste» se armó un verdadero «resto del mundo», con la Banda Mantiqueira desplegando las intervenciones de Walmir Gil, Françoise de Lima, Vinicius Dorim y Provetta Acevedo.
Si algún distraído esperaba el momento de las vocalistas para tomarse un respiro (o algo más), muy pronto habrá advertido su error. La oriental Aída Martínez dejó bien en claro por qué fue la revelación del jazz en 2005. Por su parte, la argentina Charlotte se presentó por primera vez en La Pedrera, dejando un sabor dulce en el ambiente (no sólo por su memorable versión de «Honey pie»). El silencio con que se siguieron sus actuaciones y las merecidas ovaciones con que fueron saludadas, valen por mil palabras.
Y si el jazz es, por definición, atrevimiento y apertura, ahí estaban los chicos del quinteto bonaerense Pollerapantalón para dejar su testimonio. Con un ritmo arrollador, entregaron dos sesiones de funk callejero no apto para cardíacos. Derribando encasillamientos absurdos y desafiando capillas, compartieron escena con el pianista Ricardo León (en un tema homenaje a Astor Piazzolla) y el bajista Alvaro Paccello. Luego de su furioso set del jueves, funcionó el boca a boca entre los jóvenes (y no tanto) de La Pedrera. Así fue que el viernes había tanta gente adentro como la que se quedó escuchando afuera.
Una vez más el Hot Club Montevideo, como sucedió en años anteriores, demostró su apertura y generosidad, cortando los alambres que pretenden ponerle límites a una música que por su origen y definición, ya se sabe, no está dispuesta a reconocerlos. *
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