Proust y la novela de su vida
En búsqueda del tiempo perdido, con sus siete tomos y casi tres mil páginas, hizo virar la literatura, fundando la narrativa del siglo XX.
«Con justicia se ha dicho que todas las grandes obras literarias sirven para crear un nuevo género o para hacerlo desaparecer; en una palabra, siempre son casos excepcionales –observó Walter Benjamin–. Pero entre ellas, esta obra de Proust es una de las menos concebibles».
«Todo en ella escapa a toda norma, desde su construcción misma, que reúne poesía, labor de memorialista y un comentario, hasta la sintaxis, con sus oraciones sin orillas (algo así como un Nilo lingüístico que aquí desborda por las planicies de la verdad)».
Marcel Proust nació en París el 10 de junio de 1871 y murió en la misma ciudad el 18 de noviembre de 1922, año en que terminó de escribir el último capítulo de En búsqueda del tiempo perdido (A la recherche du temps perdu), obra que lo consagró como escritor.
Proust comienza a escribir la novela en 1909, con 38 años de edad, luego de haber incursionado en la escritura a través de colaboraciones artísticas para «Le Fígaro» y la realización de algunos ensayos, que no lograron la satisfacción plena de su autor.
Es por eso que, a pesar de tener que luchar contra el asma, enfermedad que en varias ocasiones lo llevó al borde de la muerte, Proust se embarca en una especie de exilio que duró 13 años, durante los cuales escribe los siete tomos de A la recherche.
Esta voluminosa novela se constituyó en un clásico del clásico del siglo XIX. Por la visión cosmogónica que abarca se la equipara con las obras de Balzac, Emile Zola, George Eliot o Charles Dickens. Pero Proust salía claramente de la novela realista del siglo XIX. Por su ambigüedad y el protagonismo del estilo se lo considera fundador de la del siglo XX, con el Ulises de James Joyce y la obra de Franz Kafka. Se trata de una obra compleja que exige una lectura detenida, que por momentos puede tornarse dificultosa o pesada por sus largas oraciones, su detenimiento en paisajes, obras de arte, personajes o estados de ánimo que se describen detalladamente.
Tal vez por este motivo a pesar de tratarse de un clásico de la literatura francesa, sea una novela poco leída hoy en día. Sin embargo son numerosas las críticas literarias, análisis filosóficos y ensayos que A la recherche ha dado lugar por su profundidad y riqueza literaria.
Mucho se ha polemizado sobre el carácter autobiográfico de la novela.
Sobre este punto puede decirse que varios críticos coinciden en que se trata de una autobiografía de ficción. Para ello se basan en que La búsqueda… es un relato sobre el deseo de escribir, en el cual el tiempo y la búsqueda de la verdad juegan un papel esencial.
Dentro de estos grandes temas (deseo de escritura, búsqueda de la verdad y el poder del tiempo) que dominan la obra aparecen el amor, el arte, la sociedad francesa de la época, los lazos familiares, los paisajes, a los cuales el narrador observa con detenimiento, penetra en ellos de tal forma de apreciar su esencia.
Pero hay que señalar que el detalle no hace que la obra de Proust transmita una visión microscópica del mundo y las cosas que lo componen sino por el contrario, él mismo dirá que la suya es una obra telescópica, en la que el verdadero aprendizaje se obtiene cuando nos hallamos lejos de las personas, de los objetos y de los lugares.
La obra es un constante aprendizaje por parte del narrador, el cual está marcado por un momento de ilusión y otro de decepción, entre estos dos estados nacerá la verdad (en este caso es la escritura).
Pero para llegar a este punto el narrador deberá aprender a descifrar los signos que se presentarán a lo largo de su vida: en el amor, en el arte y en los ámbitos sociales.
Cada uno emitirá sus propios signos que le dejarán una lección particular. Esta enseñanza regida por el tiempo exige una atención, una predisposición y un esfuerzo por parte del narrador para extraer los mensajes ocultos, que hacen a la esencia de las cosas.
En esto se puede resumir la visión proustiana de la vida y ello es lo que intenta transmitir la obra: un aprendizaje sobre la esencia de las cosas, la verdad que puede extraerse de ellas con el correr del tiempo.
Otro aspecto particular de esta obra es el permanente discurso de los contrarios, donde personajes, objetos, situaciones que se nos muestran de una manera nos mostrarán su lado opuesto en el transcurso del relato. Una especie de ley que domina al relato, es la de incorporar dos identidades en un mismo cuerpo.
El estilo que Proust emplea en su novela ha sido comparado con Flaubert y Joyce, pero hay que destacar que su escritura adopta una forma nueva, propia de su autor.
En esto tiene que ver el juego que Proust hace con los tiempos que componen la novela, en la que no hay un tiempo único sino que son diversos planos temporales que se superponen unos a otros. Hay dos tiempos fundamentales: el perdido y el recobrado.
El tiempo perdido es aquel que corresponde a la infancia del narrador, a sus amores, que aparecerán por medio de recuerdos y reminiscencias, es el tiempo que pasó, que ya no está y el que se malgasta (como en el dicho «es una pérdida de tiempo»).
¿Cómo recuperar entonces ese tiempo perdido que tanto angustia al narrador? La respuesta que Proust encuentra a este problema es la de la obra de arte. Ella es la única que puede ser extratemporal, recuperar el tiempo perdido, salvarse del paso del tiempo, vencer a la muerte y de esta forma ser eterna.
En este caso la creación estética necesaria para recuperar el tiempo que ya no está es la escritura de una novela, tema que plantea El tiempo recobrado, último tomo de la obra. De esta forma llegamos al fin de un comienzo, ya que la novela que acabamos de leer es aquella que el narrador pretende emprender.
Este discurso hace posible que las cosas no adopten una forma determinada, sino que en el transcurso de la novela sorprenderá al narrador y al lector, ya que los esquemas que se nos habían presentado en un principio cambiarán radicalmente.
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