RESPIRACION ARTIFICIAL

"Fanáticos" en el teatro de Agadu

Los enigmas comienzan en la sala, cuando luego de un elogio a la misma Agadu Juan Antonio Saraví, en off, nos pide que en caso de ser la obra del agrado del espectador, «…haga un bis por el autor». «Bis» es repetición. ¿Nos pide Saraví que repitamos nuestra presencia en la platea, por la misma obra? Es mucho pedir, pero Juancho es valiente. Admitamos que nos pide un bis, pero, en tal caso, ¿por qué esa segunda (y temeraria) visita es «por el autor»? Con la mente un tanto confusa por la intriga, aparece un escenario confuso, iluminado por Luis Fourcade, es verdad, que es todo un artista; pero vimos nieblas, lugares oscuros, escondrijos tenebrosos. El tema es y no es el fútbol. Dos hinchas, muy tristes los dos, secuestran al director técnico del equipo celeste porque no hizo entrar a tiempo a Forlán, recurso que nos hubiera permitido ganar el match. Los secuestradores no quieren dinero; no saben qué hacer con el secuestrado; tampoco el autor, Rodríguez, una vez planteado el secuestro, sabe para dónde ir; luego parece que los fanáticos quieren dinero; aparecen terceros, aparecen mujeres; diríamos que la obra se diluye, luego se apaga; no podemos decir que termine. «Fanáticos», pese al tema «popular», parece una obra enclaustrada, sin aire, sin respiración.

De fútbol se habla poco; nos preguntamos de qué se habla, como para ocupar algo más de una hora y no encontramos más que cháchara de boliche divagando en meandros sin llegar nunca a un océano.

El público lamenta que no se haya tratado del fútbol, con su administración cerrada, sus extraor – dinarios personajes, el no menos extraordinario interés en convertirse en un personaje del fútbol, su alarmante sobreexposición en los medios de prensa, los periodistas a sueldo de empresas de espectáculos, las agresiones a periodistas independientes, las «barras bravas» subvencionadas por los dirigentes, con su actividad delictiva tan a menudo impune, las transferencias de jugadores, que por lo menos en Europa se han vinculado al lavado de dinero, todo ello unido a la caída vertical de la calidad de juego de los equipos locales, visible en cualquier preliminar de un mundial.

Uno imagina qué habría podido hacer Sartre con esta cantera, con este cardumen, con este plantío… Pero ya se sabe que el teatro de denuncia y de protesta está muerto y enterrado. Estaba todo en el telar.

La obra está casi hecha, ¡y qué modelos! Nos asegura Eneida Sansone que en el siglo XIX nuestros dramaturgos escribían sobre las quiebras de los bancos; probablemente lo hacían muy mal, pero por lo menos se asomaban a alguna ventana.

Rodríguez se extasía con sus éxitos y ha abominado públicamente de la crítica que ve «…algo que hacen dos locos en Calamuchita, mal actuado, mal dirigido, pero underground y dice que es maravilloso» (Brecha, 7 de julio de 2000). Espectáculos para pocos, quizá; pero es discutible que Rodríguez tenga los pies sobre la tierra. *

 

FANATICOS, de Franklin Rodríguez, con Miguel Montedónico, Fernando Canto, Fabián Acosta, Vivian Sandleris, Fernanda Prieto y Arturo Wilson. Vestuario y escenografía de Victoria Rodríguez, iluminación de Luis Fourcade, dirección general de Cecilia Patrón. Estreno del 9 de marzo, teatro Agadu.

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