Berlín cumple 50 años de festival de cine
La Berlinale celebra este año su quincuagésimo aniversario mirando hacia una historia agitada, recuerda DPA. El Oso de Oro, el premio principal del Festival Internacional de Cine de Berlín, hace tiempo que tiene la misma importancia que el León de Oro de Venecia o la Palma de Oro de Cannes.
Este año, con el traslado a la Potsdamer Platz, comienza una nueva era para el festival, pero los viejos tiempos siguen teniendo su encanto. Desde la primera Berlinale, celebrada en junio de 1951, estrellas del cine de todo el mundo se dieron cita en Berlín.
Las rivales italianas Sophia Loren y Gina Lollobrigida, por ejemplo, se dejaron fotografiar juntas por única vez en la edición de 1954. Gary Cooper se manifestó en 1953 en contra de la persecución a los comunistas encabezada por el senador estadounidense McCarthy, mientras Jayne Mansfield causó sensación en 1961 con sus generosos escotes.
Imágenes de astros como James Stewart, Claudia Cardinale y Billy Wilder saludando con la mano en la entrada al aeropuerto de Tempelhof dieron la vuelta al mundo.
En un principio, el festival estaba pensado como esparcimiento para los berlineses afectados por la guerra y el bloqueo. Pero la política pronto alcanzó a la ciudad. El certamen, organizado en gran parte con ayuda de los aliados americanos, debía ser en un principio un «escaparate importante del cine occidental con respecto al Este».
Más tarde, se convirtió en importante lugar de encuentro de cineastas de Oriente y Occidente. Incluso cuando el Muro ya dividía a las dos partes de la ciudad, en 1963 algunas de las cintas en competición eran emitidas a los hogares de los berlineses orientales por televisión. El conflicto este-oeste llevó a algunos escándalos en los tiempos de la Guerra Fría.
En 1970, el director alemán Michael Verhoeven causó alboroto con su parábola sobre Vietnam o.k. El jurado, presidido por el estadounidense George Stevens, discutió terriblemente acerca de si la película era o no antiamericana. La competencia se suspendió y no se entregaron premios.
Para mostrar filmes «difíciles, voluminosos y alternativos» se creó un año después el Foro del Cine Joven, que transcurre de forma paralela al concurso oficial y que hasta hoy es dirigido por Ulrich Gregor.
En 1974 se mostró la primera cinta soviética, Contigo o sin ti, de Rodion Najapetov. Un año después, también participó la ex RDA y envió a la competencia Jakob, el mentiroso, de Frank Beyer (de la que el año pasado se vio aquí una remake con Robin Williams: Una señal de esperanza).
En 1976, la policía se incautó de la película japonesa El imperio de los sentidos por sospechar que se trataba de pornografía. En 1978, la Berlinale pasó del verano a febrero, sobre todo por la competencia de los festivales de Venecia en agosto/septiembre y Cannes en mayo. El corazón del festival siguió siendo el Zoo-Palast junto a la avenida Kurfuerstendamm.
En 1979 los estados socialistas abandonaron el festival por la participación de la película estadounidense sobre la guerra de Vietnam The Deer Hunter (El francotirador) con Robert de Niro. En 1988 la presidenta del jurado Gina Lollobrigida intentó en vano impedir que se distinguiera la cinta sobre la agrupación terrorista Fracción del Ejército Rojo, Stammheim, de Reinhard Hauff, a la que consideró un «filme despreciable».
Muchos aportes a la Berlinale escribieron historia del cine. Entre ellos, las obras El salario del miedo, de Henri Georges Clouzot, La ansiedad de Veronika Voss, de Rainer Werner Fassbinder, Alphaville, de Jean-Luc Godard y Sorgo rojo, de Zhang Yimou, todas distinguidas con el Oso de Oro.
En los 90, el director del festival, Moritz de Hadeln, tuvo que soportar bastantes críticas debido a la creciente participación de películas de Hollywood en el certamen. Pero él se justifica: «Hay que ver de manera pragmática lo que el público quiere».
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