Encuentros solitarios

La ficción testimonial es un territorio literario no siempre bien explorado, que discurre entre el más descarnado retrato humano y la angustia de la pérdida inexorable.

El dramaturgo doloreño Carlos Manuel Varela cultiva un estilo frontal, punzante y hasta transgresor, que no teme escrutar en las más terribles miserias.

Esta suerte de ejercicio introspectivo le ha permitido al autor la construcción de una identidad creativa sensible y removedora, que alcanzó su punto culminante en su teatro «enmascarado», durante el oscuro período de la dictadura.

Este primer libro de relatos corrobora, sin dudas, que Varela es un escritor de fina percepción y construcción estética, capaz de imprimir a sus historias un descarnado realismo.

«Encuentros solitarios» propone diversos abordajes sobre la peripecia humana, a través de tres narraciones dotadas de una singular dimensión dramática.

«El encuentro», que es el relato inaugural de esta pequeña obra, es una suerte de metáfora de la perplejidad, que discurre entre el agobio y la angustia.

El protagonista es un escritor fracasado que regresa del exilio luego de la dictadura, con la perentoria emergencia de reinventar su vida inexorablemente perdida.

Entre la realidad y el delirio, el personaje central de la historia se aferra obsesivamente a los dispersos fragmentos de un pasado barrido por las tempestades del tiempo.

Casi toda la narración se desarrolla en la imaginación del frustrado creador, en un discurrir que juega con el tiempo, el espacio y hasta la más exacerbada fantasía.

Por su parte, «Los turistas solitarios», que es el cuento más extenso de este volumen, también alude al siempre removedor trauma de la pérdida.

El personaje central del relato es un emigrante, que busca una impostergable inserción en una sociedad española que le parece siempre ajena.

En este caso, Carlos Manuel Varela se remite al drama de la diáspora y de los parias sudamericanos que procuran construir su espacio a la sombra de una sociedad desarrollada que no siempre los acepta.

Este cuento reconstruye la peripecia de la supervivencia a la intemperie de la realidad, en un fluir de estética cuasi policial que retrata elocuentemente el drama de la lejanía y la ajenidad.

El tercer relato, intitulado «La huida», es una suerte de ficción política que habilita diversas lecturas en torno a la realidad contemporánea.

También en este caso, el autor aporta una visión terriblemente desencantada, que retrata el trauma de la frustración y los siempre imprecisos límites de la degradación humana.

Carlos Manuel Varela imprime a los tres relatos un sello siempre personal, mediante la construcción de mundos de pesadilla, recurrentemente poblados por seres fracasados, marginales y perdedores empedernidos. *

(AG Ediciones)

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