Los dioses deben estar locos

JA

Es difícil adivinar hasta dónde se va a llegar en materia de espectáculos teatrales, pero La danza de los dioses, de Ismael da Fonseca, presentada en los avances publicitarios como «Teatro de Bali», y como que contiene los elementos que «maravillaran a creadores europeos como Antonin Artaud, Jarry, Grotowsky y Eugenio Barba», es un mojón difícil de superar.

Podríamos decir que toda la obra es poco más que la exhibición de un traje, magnífico sí, dentro del cual, con diversas máscaras o sin ellas, Da Fonseca baila. No tenemos ningún inconveniente en reconocer que nunca hemos visto auténtico teatro de Bali; pero tenemos la certeza de que si el teatro y la danza de Bali no fueran algo más que lo exhibido en el Teatro Victoria, su importancia artística sería desdeñable.

Cuando vemos, dentro de una escenografía menos que rudimentaria, un agitar de dedos, poco ágil, que sugiere «Oriente», un flexionar casi permanente de las piernas y algunos saltos, a los que le faltan la elegancia, la precisión y el ajuste a la música de todo bailarín, nos resulta claro que las destrezas coreográficas del actor, ya sea en materia de danza balinesa como en materia de danza en general, son tan elementales que no llegan al mínimo exigible en una presentación en público.

Da Fonseca dice en el programa haber realizado un curso de teatro Bali de sólo tres meses, enseñanza que habría reanudado siete años después; es notorio que ningún entrenamiento de danza es posible en tan breve tiempo y más aún si las lecciones últimas suceden luego de siete años.

La danza de los dioses, sobre textos de Ismael Da Fonseca, con Ismael da Fonseca y Guillermo Cabrera, iluminación de Martín Blanchet y dirección de Ismael Da Fonseca. En Teatro Victoria.

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