De lo mejor de nuestra cartelera
Jorge Arias
A doce años del estreno, la pieza resiste todavía: el libreto es superficial, a menudo inauténtico: su más serio demérito es su forzada y molesta insistencia en lugares comunes sobre las excreciones naturales y la sexualidad infantil, temas que para el autor están unidos o relacionados.
Si creemos a Blanchet, el sexo es la mayor parte de toda la experiencia de un niño. El protagonista, que en su ignorancia de la palabra «Patria» revela no más de seis años, es un empedernido voyeur, está al tanto de las visitas de su padre a una casa iluminada con una luz roja, practica sexo oral con sus primas, extrañamente confiadas a camas plurales, es objeto de frecuentes tratos y avances homosexuales en y fuera de los baños, acecha las expansiones amorosas del empleado de la panadería, en cuyo relato pretende desconocer todo lo que sus primas deben de haberle enseñado, pretende superar su fimosis con la difícil colaboración de un amigo, aventura que termina en el médico y en una circuncisión.
Hay episodios que aluden a una religión opresiva, con sacerdotes preconciliares, confesiones y culpas, los que no se articulan bien con la historia global del niño, sus libertades y sus placeres.
Por lo que sabemos, Ever Martín Blanchet emigró a España, y creemos que está radicado en Barcelona; se conoció de él, hace algunos años, una pesada versión de la historia de Jasón y Medea escrita en el lenguaje seudopoético hoy de moda, que no despertó interés: no dudamos que los méritos de este espectáculo pertenecen, en su mayoría, a su intérprete –y sospechamos que hasta coautor– Marcelo Buquet, al que viéramos hace unos pocos años en Triángulo de Arbusov.
Con un magnífico estado atlético, del que no alardea, y con una voz muy bien trabajada pero con personal color y timbre, que recorre sin mayor esfuerzo todos los tonos, Buquet, tan sobrio como eficaz, capta en la primera escena la atención del espectador, y no la deja más. Está muy atento a los detalles, percibe con acuidad los impercetibles movimientos del público, sobre los que sabe reactuar; maneja muy bien los títeres, sus diversos mecanismos y las escenas en que conviene presentarlos.
Con los reparos que nos merece la obra y por la ejemplar actuación, Los patios de la memoria es de lo mejor de nuestra cartelera.
Los patios de la memoria, de Ever Martín Blanchet, con Marcelo Buquet, en versión de Bernardo Galli y Marcelo Buquet. Música de Alfredo Vita, Héctor Hernández y Marcelo Buquet, iluminación de Ricardo Mazzarelli, dirección de Bernardo Galli, dirección para reposición de Serrana. En la Sala Atahualpa, teatro «El Galpón».
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