Reabre el MNAV con Rosemarie Trockel
La emergencia de Rosemarie Trockel (nacida en 1952, Alemania), en la década de los ochenta dominada por hombres de fuerte personalidades (Beuys, Vostell, Haake, Richter, Polke, Ucker, Kiefer) y apenas un núcleo reducido de mujeres (Candida Höfer, Isa Genzken, Katharina Fritsch, Darboven, sin todavía mucha repercusión) en contraste con el ejército de creadoras estadounidenses desde Georgia O´Keefe a Louise Bourgeois, pasando por Jenny Holzer a Cindy Sherman, o incluso Uruguay con Petrona Viera, Amalia Nieto, María Freire, Magalí Herrera y Agueda Dicancro, entre otras muchas) significó una apertura hacia formas y contenidos absolutamente innovadores. Sin un propósito manifiesto, Trockel empleó la ironía y el humor para referirse al papel de la mujer y del hombre en el terreno artístico al mismo tiempo que ponía en entredicho el sistema artístico imperante.
Ya Beuys se había anticipado con sus conceptos de escultura social y arte ampliado, al sostener que la auténtica obra creadora reside en la transformación de la conciencia del espectador para activar la realidad y el pensamiento. En continuidad de esa posición y recogiendo en parte la herencia duchampiana, pero desde la posición de género, Trockel apostó a deconstruir los códigos establecidos minando, con inteligente sentido humorístico, los estereotipos.
Rosemarie Trockel estudió pintura con Werner Schriefers en la Werkkunstchule de Colonia entre 1974 y 1978 y en 1980 se vinculó al grupo Mulheimer Freiheit integrado por Dokoupil, Adamski, Bömmels, Disler y Dahn, orientado hacia el neoexpresionismo mientras el escenario local se encrespó con la aparición de los nuevos salvajes al mismo tiempo que la transvanguardia italiana, ese retorno a la pintura auspiciada por intereses mercantiles. Trockel amistó con la pintora Monika Spruth, tuvieron un taller, viajaron a Nueva York, conocieron a Cindy Sherman y Jenny Holzer y luego Spruth abandonó la pintura para abrir una galería de arte. Desde luego, una de las primeras exposiciones estuvo dedicada a Trockel.
El ambiente artístico alemán, a diferencia del estadounidense, no aceptó la presencia de la mujer en el arte y éstas tuvieron que emprender una dura batalla para imponerse. Desde la década de los 80 Rosemarie Trockel fue considerada la única artista alemana que logró reconocimiento institucional comparable a los artistas consagrados como Polke o Richter.
Es que Rosemarie Trockel se impuso por su resistencia al pensamiento dogmático y unidimensional, cuestionando los estereotipos acerca de lo femenino y el sistema de arte. En Pinturas tejidas (1992, 2002) utilizó el diseño digital, vinculando el tejido, siempre asociado a la artesanía femenina, a la máquina, un trabajo más asociado al hombre. Ese cruzamiento de géneros, esa zona de indefinición o de transición establecida por Deleuze, va a ser una constante en su obra. Así, en una de las bienales de San Pablo presentó en clave minimalista hornallas de cocinas eléctricas, una tendencia estética de predominancia varonil y la cocina, elemento hogareño de la mujer. En documenta X (curadora Catherine David) hizo una instalación al aire libre con animales vivos conviviendo cerdos y hombres en una suerte de chiquero (Haus für Schweine und Menschen). Diferente de las máquinas de Tinguely, Máquina de pintar (1990) es una estructura de metal de la cual cuelgan ocho pinceles, fabricados por una empresa japonesa, que utilizó un mechón de colegas artistas (Sophie Calle, Vito Acconci, Baselitz, Polke, Barbara Kruger, etc.). Cada pincel tiene una etiqueta con mención de su origen humano y se desliza sobre hojas de papel, donde lo impersonal o la autoría surgen, al mismo tiempo que pone entre paréntesis la situación de la mujer en el arte y la vida cotidiana, pues la máquina de pintar se asemeja a una de tejer. El problema de la identidad lo desarrolla en sus dibujos B.B / B.B. (1993), retratos de Brigitte Bardot y Bertolt Brecht, donde ambos se vuelven indiferenciables, al reducir el parecido, diluir el significado unívoco y generar secuencias de significados.
La exposición de Rosemarie Trockel es itinerante (estuvo hace dos años en la Fundación Proa de Buenos Aires), está compuesta de dibujos, fotografías, videos y objetos y la curadora es Gudrun Inboden. Está organizada por el Instituto de Relaciones Exteriores de Stuttgart y auspiciada por el Instituto Goethe. Permanecerá habilitada hasta el 29 de abril. A no perder, a partir del miércoles a las 19.30.
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