Más víctimas de una sociedad cruel
En un aspecto, «El cubo» se emparenta con «Artaud recuerda a Hitler y al Romanische café», en tanto trata a la vez de la locura y de una víctima de la sociedad o, por lo menos, de una persona al margen de la sociedad, punto donde «El cubo» se vincula tanto con «Una temporada en el infierno» como con «Me llamo barro aunque Miguel me llame», de Lucía Arbondo. Es difícil impugnar a un Artaud recluido en un hospicio psiquiátrico; duele impugnar a Rimbaud, que muere de gangrena en Marsella. Mucho antes el tango, y en la poesía Carriego, han difundido ese culto de la queja, esa sobrevaloración de las madres que sufren, los chicos que ganan dos guitas, la muchacha a quien la cotorrita de la suerte predijo un novio y larga vida, pero que muere, solitaria, de tisis.
La autora en el programa muestra sus propósitos en lo que llama «abstract», pese a que debe conocer su equivalente español: «… un individuo víctima de abusos en su niñez… la obra deja entrever … los hogares disfuncionales. Es una fuerte crítica a las consecuencias de la violencia doméstica, el abuso, el maltrato infantil…» Se ha abusado tanto del eufemismo («niños en situación de calle»), que ya no sabemos ni dónde viven esos niños ni si «abuso» es o no «violación», sobre todo en un contexto que lo separa de «maltrato». En verdad, si no fuera por el «abstract» no adivinaríamos que la obra contiene una «fuerte crítica»: la narración es tan confusa y tortuosa que, aunque según el «abstract» se refiere a una sola persona («un individuo víctima de abusos…»), en la escena vemos tres. Hay dos mujeres, ambas «Julia», una de las cuales es una réplica o fantasma de la otra, y un hombre designado como «joven blanco» que al final muere y al que identificamos como el que fue aquel niño víctima de abusos. Confesamos nuestra falta de perspicacia, pero tampoco entendimos por qué la obra se titula «El cubo».
Lo más grave de la pieza es que la autora confunde anécdotas con teatro. No alcanza con una anécdota conmovedora o curiosa, para hacer una obra de teatro. Una conversación inspirada entre buenos conversadores no es teatro. Si muchas obras maestras se han inspirado en la crónica y en la historia (Shakespeare) o en la crónica policial («Rojo y negro» de Stendhal), el artista transfiguró los hechos en ideas; mejor aún, encarnó ciertas ideas, que seguramente lo motivaron, en rostros humanos, lo más afines que sea posible a los reales. A Estrella Laurta, como a Mariana Percovich en «Extraviada», una obra que también se quedó en la anécdota, le interesan y conmueven las penurias de los enfermos psiquiátricos; pero la afinidad con «MaratSade» de Peter Weiss, por ejemplo, no va más lejos que la semejanza de su espacio escénico con el de la puesta en escena de Leonel Dárdano con el teatro Eslabón, del mismo modo que su alusión a «Alguien voló sobre el nido del cucú» de Ken Kesey («Atrapado sin salida», en cine) se redujo a señalar las semejanzas entre las cárceles y los sanatorios psiquiátricos. En los primeros minutos de su breve obra (35 minutos), no bien Laurta ha dicho que psiquiatras y enfermeras son unos burócratas con ribetes de sadismo y que los traumas infantiles pueden llevar a la locura, la obra se queda sin combustible. Siguen tiempos muertos, con palabras y efectos ya dichos y hechos, hasta que sobreviene una muerte que clausura la anécdota. Es el final: pero no es el desenlace de ningún drama.
La dirección es cuidada, y un tanto arbitraria en los efectos de luz y sonido; la actuación revela ensayos y tiempo, pero con la excepción de Fabiana Arzuaga, no hay seguridad ni convicción. *
EL CUBO (o LA VIDA SEGUN JULIA) de Estrella Laurta, con Fabiana Arzuaga, Susana Llamazales, Javier Estévez, Marcelo Pérez, Cecilia Pérez, Leonor Alvarez o Estrella Laurta, Gabriela Pelenur, Luis Rodríguez, Pablo Busca y Gustavo Aphesteguy. Espacio escénico de Luis Rodríguez Redondo, Estrella Laurta y Leonor López, iluminación de Luis Rodríguez Redondo y Francisco Freyre, sonido de Francisco Freyre, dirección de Estrella Laurta. Estreno del 10 de marzo, teatro Off Metro.
Compartí tu opinión con toda la comunidad