"TSOTSI": UN INCISIVO FILME SUDAFRICANO QUE REFLEXIONA SOBRE LA POBREZA, EL DESAMPARO Y LA PIEDAD

Un filme que trata acerca del terrible drama de la marginalidad

Mientras algunos seres humanos acceden a la tecnología de última generación y se comunican a miles de kilómetros de distancia vía mail mediante modernas terminales de computadora, otros carecen de luz eléctrica, agua potable y todo lo elemental para su supervivencia.

Tales son las paradojas de este mundo contemporáneo globalizado y terriblemente fragmentado por los fanatismos, los conflictos de intereses y la segregación étnica y cultural. Lejos de la visión idílica y edulcorada que casi siempre aporta la mítica fábrica de los sueños de la gran industria cinematográfica, hay felizmente un cine que retrata la realidad sin eufemismos, las miserias y las exasperantes desigualdades. Esa producción independiente que sólo esporádicamente aterriza en nuestra cartelera cinematográfica, le otorga siempre voz y rostro a los seres humanos que viven a la intemperie.

En «Tsotsi», filme ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2005, el realizador Gavin Hood construye un friso existencial de lenguaje crudo y despiadado, ambientado en la Sudáfrica contemporánea.

Esta historia de vida de seres excluidos del sistema nos traslada a Johannesburgo, una megaurbe plena de contrastes, en cuyo espacio geográfico conviven la opulencia y la pobreza.

Las imágenes condensadas en la lente de la cámara, registran la elocuente panorámica en primer plano de una hacinada villa miseria y, a los lejos, los inmensos rascacielos de una ciudad de estética europea. En precarias viviendas de lata y cartón semejantes a las que se observan en nuestros asentamientos irregulares, conviven numerosas familias pobres y agobiadas por la desesperanza.

La película confirma que la abolición del denigrante Apartheid, que demolió definitivamente la estructura del sistema segregacionista, no trajo aparejada la ansiada justicia social para la mayoría negra que habita este país.

El relato explora el mapa de la marginalidad humana, social y cultural, a través de la historia de un grupo de jóvenes desocupados que sobreviven mediante la violencia.

El líder de la banda es Tsotsi (matón en el lenguaje callejero), un chico de apenas 19 años de edad con la madurez de un adulto, que no parece tener sentimientos.

Si es menester, el protagonista no duda en apuñalar a un hombre a bordo de un tren para sustraerle el dinero o en dispararle a quemarropa a una mujer para hurtarle su auto. Este odio irracional contra la sociedad que no se detiene ante nada, es el producto residual de una infancia traumática, marcada por la miseria y la privación, una madre enferma terminal y un padre alcohólico y violento.

Acorralado por un despiadado destino que no le otorga tregua, este joven, que siendo un niño durmió a la intemperie y se alimentó de desechos, vive según sus propios y sórdidos códigos.

Sin embargo, la vida de este ser expulsado del sistema que carece de raíces y de afectos, cambia radicalmente cuando encuentra a un bebé en el asiento trasero de un auto que acaba de robar.

Este inesperado acontecimiento opera una profunda transformación en el temperamento del protagonista, quien demuestra que también puede amar y sentir compasión. Mediante un discurso crudamente realista que desestima toda visión complaciente, Gavin Hood construye un retrato humano tan violento como conmovedor.

Mixturando la ardua peripecia de sus personajes con los paisajes ambientales de una sociedad fracturada, el realizador corrobora las graves consecuencias de la injusticia social.

El relato desnuda la frustración de una juventud perdida que carece de oportunidades, como el maestro que no tiene dinero para pagar su título y vivir decentemente de su profesión.

También es elocuente el personaje del mendigo minusválido que arrastra dolorosamente su humanidad sobre una silla de ruedas, quien se aferra a su fragmento de vida como si fuera el más dichoso de todos los hombres.

Ambientado en un país inmensamente rico que sin embargo sigue engendrando pobreza, este drama confirma que la marginación social, económica y cultural sólo origina odio y resentimiento.

El protagonista es, en buena medida, una víctima de la tendencia expulsiva y hasta suicida de algunas sociedades que se encierran en sí mismas, ignorando que están engendrando el embrión de su propia destrucción.

Tsotsi es una obra testimonial dotada de lenguaje frontal y cierto vuelo poético, que denuncia los graves estragos provocados por la exclusión y reflexiona sobre el amor y la piedad. *

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