Neuronas y neurosis

Para el 12, Río ya no es una fiesta

Para la televisión, claro. El carnaval «mais grande do mundo», no para los uruguayos, siempre fue atracción de la tele y de Julio Alonso. Años atrás se recuerda que el viajero del 12 pasaba las tres noches principales en medio de la calle, en el Sambódromo, junto a las escuelas de samba. Era un despliegue de brillos y fantasías que coloreaban a los nocheros insomnes marcando el entusiasmo de esos millares de bailarines que se movían en sus fastuosos trajes. Era lindo, mire.

Año tras año parecía que todo era igual pero el ritmo siempre maravillaba con sus vedettes niñas, viejas y las lujuriosas jovenzuelas moviendo sus cimbreantes cuerpos.

Allí había mucho dinero en juego.

En este 2007, Teledoce anunció dos domingos de «Carnaval en Río». Las limitaciones del tiempo de entrega llevan a varias disquisiciones únicamente sobre el programa del domingo 18. Todo tuvo un comienzo errado. La presentación del tape falló y luego de un minuto de Alonso hablando de esa fiesta, un accidente llevó a la desaparición de la imagen. Disimulo con la animación del canal a la espera de arreglar la pifia y luego el conductor repitiendo todo ­por supuesto ya que era una grabación pero a alguien se le podría imaginar otra salida como continuar desde el corte­ y allí lo que esperábamos de Río se transformó en una nota a un funcionario de la «Royal Caribbean», porque Alonso hizo el viaje de Buenos Aires a la ciudad carioca en uno de esos lujosos cruceros, el «Infinity».

Después de 21 minutos de nadería sólo comercial, el comunicador optó por enseñarnos la historia de la ciudad brasileña y cuándo comenzó el carnaval, pero de samba, nada.

Continuó con tomas generales de Río y una presencia en una confitería que cumplía 100 años. Y de allí saltó a unas breves tomas del carnaval en Bahía.

El segundo bloque lo marcó con la problemática periodística de soldados y la seguridad, en lo que definió como «tregua tácita» y tras de ese divagar una entrevista a Xuxa, la animadora de chiquilines, a la que le preguntó, por supuesto y por importante, si le gustaba Uruguay. Después una presencia desconocida, de una de esas escolas de segunda categoría y para sorpresa de los televidentes pasó a lo que llamó «Carnaval del mundo» y mostró unas penosas tomas de lo que es la tristeza de esta fiesta en Québec con un hombre de nieve como rey ­¿a quién pueden entusiasmarle esos amargados?­. El aburrimiento fue absoluto hasta que llegó la tanda.

El tercer bloque trajo tomas del crucero con entrevistas a viajeros desde Buenos Aires, todo muy divertido para los millonarios que viajaban. Aparecen más tomas de Río, habla de la Ciudad del Samba, donde las 14 grandes escolas dan espectáculos allí, seguido de aprontes de la «Vila Isabel» y un sitio donde se enseña a tocar los instrumentos típicos. El sambódromo continuaba sin aparecer. Se optó por ir a una fiesta en el Hotel Internacional donde unos disfrazados jugaban a que estaban en Venecia. Para darnos más alegría, se pasó al Carnaval en San Marcos, en la misma Venecia, donde otra vez se nos llenó de imágenes de desgano, hastío y tedio. En el cuarto bloque, tras sortear las bolillas del Cinco de Oro, hubo tomas de Copacabana, bien al estilo de Verano del 2007, y una nota a Martinho Da Vila, uno de los cambistas vivos más valiosos y muy conocido, con varias presencias en nuestro país. Aunque no se crea, Alonso sacó de su galera dos cuestiones de interés. En una desgastó el tiempo preguntándole a Martinho si le gustaba Uruguay. Profundidad, sin duda. Luego, en la otra, osó plantearle su pensamiento: «Hay cosas que no nos gustan, se está comercializando» el carnaval. Y el músico y cantante respondió que ahora todo estaba muy planificado. El cuestionamiento carece de validez cuando casi todo el programa fue comercializado para publicidad de la «Royal Caribbean», pero eso no importaría, parece.

Nuevo asombro, poco después cuando se mostraron escenas del Carnaval en el Uruguay. Sí. Aquí. Donde todos los canales pusieron su esfuerzo para transmisiones animadas a tiempo y en forma.

En el quinto bloque otra vez el buque y una entrevista insulsa a una pareja. Enseguida unos momentos de lo que habría ocurrido el sábado de mañana, luego otra vez entrando en la «Ciudad del Samba», que es un restaurante con música y baile. El último bloque fue una entrevista con una chiquilina elegida para representar a la cadena televisiva O Globo, que siempre antes le había ayudado en las emisiones directas. De allí a una fiesta en el «Scala» con el baile vermelho y preto y entonces la despedida invitando a todos a seguir con lo que la televisión internacional no divulga y a esperar para este domingo pasado, el 25, para entonces encontrarnos con lo que fue el desfile del grupo ganador. Aclaramos que toda esta descripción tiene la ventaja de probarle que no perdió nada si no vio el domingo 15.

Conclusión, del Carnaval de Río no se vio nada, nada, salvo rellenos infames y mucha publicidad. ¿Por qué? ¿No hubo soporte financiero para llevarnos a la fiesta? ¿Será que Alonso está cansado de tanto movimiento?

A uno le viene a la memoria aquel inicio del tema de «Orfeo Negro», » la tristeza no tiene fin, la felicidad sí». *

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