Picasso: a 125 años de su nacimiento

Auspiciado por la Unesco, el miércoles 7 de marzo, a las 19.00 horas, comenzará en el Museo Nacional de Artes Visuales del parque Rodó el curso Picasso: la mirada del siglo XX. A 125 años de su nacimiento, el legado formidable de Picasso ha sido (y sigue siendo) revisitado y confrontado con otros genios que lo inspiraron como ocurrió en el Museo del Prado y el Reina Sofía el año pasado, rodeado de Tiziano, El Greco, Rubens, Velázquez, Delacroix, Manet y Goya.

El curso sitúa al genial malagueño en el contexto histórico-social de su época, analiza los diferentes períodos de su producción, se detiene en obras y períodos fundamentales ( Las señoritas de Aviñón, el cubismo), el neoclasicismo y sus vínculos con el teatro y la danza, el retorno al vanguardismo y al infrarrealismo ( La Crucifixión, La Tauromaquia), se detiene en la última obra maestra del siglo ( Guernica), indaga en la influencia de la mujer (y las mujeres) en la representación pictórica, sus incursiones por el grabado y el erotismo de sus últimos años, por la escultura, la cerámica, la escenografía , el vestuario y la dramaturgia ( El deseo atrapado por la cola).

El exposición teórica estará acompañada por videos ilustrativos de la mayor parte de su inmensa producción, realizados por especialistas de reconocido prestigio (Alain Jaubert, Fréderic Rossif, Edward Quin, Bruno Lussato) que se proyectarán antes (a las 18.00) y después (a las 20.00) de la conferencia. Y permitir al público una suerte de doble horario optativo. La duración del curso será de dos meses.

Prodigio del siglo XX, Picasso fue no sólo un artista carismático sino también el más popular y prolífico de los creadores, con una producción que trepó, aproximadamente, a 1.885 cuadros, 1.228 esculturas, 7.089 dibujos, 3.222 cerámicas, 23.532 grabados e ilustraciones para libros, entre otros trabajos para el teatro y la danza.

También se caracterizó por la brevedad de la ejecución. Para las once planchas de la Suite Vollard (1933) necesitó cuatro días, las 26 aguatintas de La Tauromaquia (1935) le insumieron algunas horas, la Suite 347 (1966), aguafuertes eróticas, ya con más de ochenta años, seis meses, y Guernica (1937), dos meses.

En todo caso, representó para el imaginario popular, el genio indiscutido, el revolucionario liquidador del realismo visual al transformar el modo de ver. El gran salto lo dio en la primera década del siglo pasado con Las señoritas de Aviñón, absorbiendo las influencias dispares de Cézanne y el arte tribal africano. De inmediato creó, con Georges Braque, el cubismo, la más influyente y citada corriente estética de la modernidad. Nacido en Málaga, de ancestros árabe-andaluces e italianos, recorrerá varias ciudades españolas, en especial Barcelona, donde frecuentó las tertulias del café Els Quatre Gats, hasta recalar, en la primera década del siglo XX en París, y convertirse en el referente por antonomasia de la vanguardia histórica, en ese momento dominante en la capital francesa.

No hay límites para sus soportes creativos: dibujante, pintor, inventor del collage, escultor, grabador (investigó todas las técnicas), ceramista, decorador y vestuarista teatral, ilustrador de libros, poeta y dramaturgo, de u n modo o de otro Picasso ofreció continuamente nuevas formas en una inconmensurable cornucopia. No se limitó a determinada tendencia, aunque el expresionismo fue la tónica fundamental: abrió las compuertas a todas las posibles sin detenerse en ninguna, pasando de la abstracción la figuración con asombrosa facilidad y convicción.

La síntesis poderosa de la trayectoria de Picasso (y de la historia del arte) se concretó en Guernica (1937), la última obra maestra de la pintura del siglo XX, incitado por la destrucción de la ciudad vasca por los nazis, encomendada por el gobierno republicano para representar a España en la Exposición Internacional de París de ese mismo año. Su fecundidad creadora continuó hasta los últimos meses antes de morir, renovando el repertorio formal y estético con la enorme cantidad de grabados y telas, ya cerca de los noventa años, de insolente inventiva juvenil y sabiduría expresiva pues convirtió sus ojos, asumiendo el talante de su herencia árabe, casi en órganos sexuales a través de los cuales poseyó las cosas y el mundo. *

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