ARTE

Experiencias saludables

Se formaron dos grupos, uno en Alemania, otro en Montevideo, con la intención de observar la diversidad cultural y entrelazar esa diversidad deslizándose entre lo Público y lo Privado, que así se llama la muestra que se exhibe en el Centro MEC.

Siete instalaciones con acierto en el montaje que atrajo, en el acto inaugural, a numeroso público, con talante participativo en su dinámica escrutadora.

Así como ya estuvieron representaciones alemanas, estas obras y sus autores irán dentro de poco a confrontarse con la sensibilidad germana. Es positivo para el estudiantado artístico incorporar los nuevos soportes que recogen las inquietudes de la sociedad en que se vive, sin privilegiar ni evitar los tradicionales de la pintura y la escultura, todavía con inmensa aceptación.

No todos alcanzan a redondear, formal y estéticamente, los propósitos elegidos. Hay irregularidad en el dominio técnico de audiovisuales y lo privado no siempre atraviesa la circunstancia meramente individual, lo que no impide estimar como se debe el camino emprendido.

Hay dos que se destacan. Por un lado, Ignacio Rodríguez en Confesionario para viaje, una propuesta divertida ubicada en la vereda (por lo menos ese primer día) que tuvo sus adeptos .

La otra ciudad de Ana Aristinuño consiste en fotografías de un cartonero durante su trabajo en una investigación social que le sirvió de arranque para la instalación formada por los mismos elementos que recogió el protagonista. Incursiona por la estética conceptual en una serie de hilos suspendidos de los cuales cuelgan diversidad de objetos, elegidos con sensibilidad en su ordenamiento compositivo que, al contrario de lo que suelen hacer en similares circunstancias (el grupo argentino Eloísa cartonera, por ejemplo) no impone el hiperrealismo en el escenario ni abruma al espectador con la obviedad, sino que con mesurada intención expresiva alude a una realidad sin duplicarla y el hecho reflexivo surge con naturalidad.

La serie Ultramarino y magenta claro, diez grafitos acuarelados de Katusha Sánchez, fechados recientemente (La Lupa Libros) rescata una personalidad de bajo perfil mediático pero de interés permanente.

Con apenas unos trazos sueltos y unas manchas de acuarela muy bien calculadas (siempre difíciles de controlar) establece un contrapunto expresivo, entre lo afirmativo del dibujo y su huella leve pero contundente y la transparencia, levedad de la acuarela que, con pequeñas variaciones, más despojadas o más complejas, más lentas o más precipitadas, de acuerdo a la emoción del momento codificada en signos. Un lenguaje intimista que sabe sugerir sentimientos y situaciones, sin decirlo o representarlo (la abstracción se impone), sólo por refinado placer de comunicar. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje