Tiene la palabra

En el nombre de Dios: Palestina, la tierra de paz y amistad

Señor Director  de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens:

* El territorio sagrado de Palestina fue el lugar del surgimiento de las grandes religiones divinas (monoteístas): el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Por esta tierra sagrada transitaron los santos profetas, desde Adán, Abrahán, Isaac, Jacob, José, Moisés, Salomón, Jesús, hasta el último de ellos: Mohammed (Mahoma) (que la Paz de Dios sea con todos ellos). Por esta razón, estos territorios albergan muchos lugares, santificados por las diferentes religiones y que son de sumo respeto por parte de todos los monoteístas. Por muchos años los seguidores de estas religiones convivieron en paz y tranquilidad en estas tierras y dejaron numerosos recuerdos, tanto felices como amargos. Por supuesto que en diferentes períodos históricos hubo reyes y mandatarios que perturbaron la tranquilidad de los fieles en estos sagrados territorios, con la excusa de defender la fe en Dios, y durante las cruzadas y otras conquistas impusieron a estos pueblos muchas batallas y sangrientos conflictos.

En los nuevos tiempos, al comienzo de la negra era colonial, nuevas condiciones fueron impuestas a los moradores de la región y los colonizadores, valiéndose de la estrategia de «divide y reinarás» y la debilidad de los reyes Otomanos, generaron condiciones dolorosas que perduraron durante los siglos XIX y XX. Pero el dolor y la tristeza de los últimos 60 años fueron mucho más penosos que todas las dificultades de tiempos pasados. Las emigraciones forzadas de los millones de palestinos fuera de los territorios maternos para tener que vagar por todo el mundo de un lado para otro y la usurpación y ocupación de sus casas por la conspiración del viejo colonizador en cooperación con el grupo extremista sionista, impusieron condiciones muy difíciles en la región. Es difícil pensar que un pueblo, que otrora vivía unido en su tierra natal, ahora esté disperso en todo el mundo. Hasta las personas que sufrieron y aceptaron las dificultades y no salieron de Palestina quedaron cautivas en dos zonas separadas y sin conexión: la Franja de Gaza y la de Cisjordania.

El año pasado, cuando en elecciones democráticas los palestinos eligieron a los candidatos más populares para gobernar a su país, los sionistas y sus poderosos protectores que siempre hablan de democracia y su promoción, se levantaron en lucha contra el pueblo palestino y los castigaron por elegir a sus nuevos dirigentes. Cortaron todas las asistencias al Gobierno Autónomo Palestino y les impusieron una guerra que provocó una crisis económica y social, con cortes de luz, agua y servicios sociales y sanitarios conjuntamente con el aumento de serias amenazas a su estado. La culpa del pueblo palestino fue únicamente la de haber elegido a los nuevos responsables de su gobierno en una elección libre y democrática.

La vida política del régimen sionista se asienta en la promoción de enemistades, guerras, terror y generar inseguridad en la región de Medio Oriente. Este régimen siempre está en busca de conflictos y desplegando guerras psicológicas, de las cuales la última es practicar excavaciones alrededor de la mezquita de Al Aqsa, registrada como patrimonio de la humanidad, y la destrucción de partes de los monumentos históricos islámicos en Beit-al-Mogadás (Jerusalén).

La reacción internacional frente a esta clara agresión a los lugares sagrados musulmanes, que constituye una violación a las leyes internacionales y al Cuarto Convenio de Ginebra, muestra la profundidad de la tragedia que Israel sigue perpetrando en los territorios ocupados de Palestina.

La valiente defensa de sus tierras y de su dignidad nacional, por parte de los palestinos, es descrita como terrorismo, y en contraste con esto, el racismo, la ocupación, el terrorismo organizado contra los líderes palestinos, el bombardeo de zonas residenciales, la demolición de casas aplastando con ellas a mujeres y niños, el corte del suministro de agua y alimentos a la gente común, entre los muchos crímenes cometidos en la Franja de Gaza, es la versión de la democracia que propicia el régimen sionista.

Las innumerables ayudas: militar, armamentística, informática y financiera de las potencias arrogantes al régimen israelí, y el apoyo diplomático en las comunidades internacionales a los crímenes de Tel Aviv, son mostrados como ayudas a una democracia, pero un poco de asistencia de las sociedades islámicas a la gente que ni siquiera tienen la posibilidad de preparar el pan de noche para dar a los niños hambrientos, o el envío de medicamentos para asistir a las mujeres y niños heridos por los cañones y tanques del régimen israelí son considerados como apoyo al terrorismo.

Sin duda, no se puede dibujar la inocencia del pueblo palestino en unas pocas líneas, de la misma manera que no es fácil hacer llegar a los oídos del mundo, que se encuentra bajo la lluvia de noticias compaginadas por las agencias internacionales imperialistas, toda la crueldad de los crímenes de los poderosos, que esgrimiendo el argumento de la democracia y los derechos humanos desatan una guerra contra los valores humanos e imponen sus injustas intenciones sobre los pueblos libres.

Pero con el transcurso del tiempo se aclarará todo y la historia será testigo de la inocencia del pueblo palestino.

EMBAJADA DE LA REPUBLICA ISLAMICA DE IRAN – SECCION DE PRENSA

 

Los fiscales tienen más poder que la Suprema Corte de Justicia

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El doctor Magga ha sido sobreseído a pedido de la fiscal porque lo que hizo fue «acortar la agonía» de pacientes terminales con «el consentimiento de los familiares». Parece que a la señora fiscal no le interesó el consentimiento del «paciente terminal», que no existió.

Sustituyamos el eufemismo «acortar la agonía» por «matar»: el doctor Maggi en acuerdo con los familiares, mató a sus pacientes «terminales».

Eso es homicidio intencional; y el sobreseimiento de este crimen sugiere estas reflexiones.

En adelante, si su usted está muy enfermo, puede que se reúna el cónclave de sus familiares y resuelvan que usted ya vivió demasiado; si tienen a mano el doctor Magga, usted morirá, lo quiera o no, y ese crimen quedará impune.

Luego de este precedente morirán muchos, muchos más que los que mueren ya; morirán algunos que podrían recuperarse. Sorpresas mayores se han dado en más de una «agonía».

«Consentimiento de familiares» muy dudoso; puede haber desde familiares interesados en la muerte del «paciente terminal» a personas muy afligidas que sufren, por esa agonía, tensiones y dolores que creen insoportables.

Sucede que el caso del doctor Magga no es único; y lo único bueno del caso es que saca a la luz algo que siempre se ha ocultado y que ocurre rutinariamente en nuestros hospitales. Faltan camas para pacientes que pueden recuperarse; el enfermo terminal ocupa una. Su supervivencia, en terapia intensiva, es costosa; se espera la muerte; se sugiere «acortar la agonía» del enfermo; otro eufemismo es «bajarlo». Siempre se habla de una muerte «digna», de «que no sufra». Los familiares, agotados por las noches en vela, por la espera de lo que creen inevitable, muy heridos, también ellos quieren dejar de sufrir.

En nuestro derecho es delito el «homicidio por piedad» aún cuando sea con el consentimiento del «paciente terminal». Es delito de homicidio la muerte de los pacientes del doctor Magga; y los «familiares» fueron coautores o cómplices.

Pero todo esto está bien. Sucede también que los fiscales tienen demasiado poder. En este caso la fiscal ha amparado un homicidio; y eso no tiene remedio. Tienen más poder que el juez, que los Tribunales de Apelaciones, aún más que la Suprema Corte de Justicia, que nada podrá hacer.

Saluda a usted atentamente,

JORGE ARIAS

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