Tiene la palabra
Hrant Dink, el último armenio de la lista
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El 24 de abril de 1915, con el arresto y asesinato de 600 intelectuales armenios en Estambul, se inició el primer genocidio del siglo XX, que cobraría un millón y medio de víctimas a manos de un Estado Turco-Otomano enfermo de nacionalismo, que pretendía borrar brutalmente los tres milenios de presencia armenia en las laderas de Ararat.
Noventa y dos años después, en la misma ciudad de una Turquía que negocia su incorporación a la Unión Europea, fue asesinado el periodista armenio Hrant Dink, en la puerta del semanario Agós, del que era director. Agós constituía su tribuna desde la cual exigía incansablemente el reconocimiento por parte de Turquía del crimen cometido contra el pueblo armenio, hasta que tres balas ahogaron su voz.
Dink, al igual que el reciente ganador del Premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk, fue víctima del artículo 301 del Código Penal turco, siendo procesado por un Tribunal por «insultar la identidad turca» debido a sus alusiones al genocidio armenio, cuya existencia es negada cínicamente por los sucesivos gobiernos turcos. Al momento de su asesinato el pasado 19 de enero, el periodista, de 53 años, se encontraba bajo libertad condicional y amenazado continuamente por grupos nacionalistas turcos, lo que había motivado su solicitud de una custodia policial que, como era de esperar, las autoridades nunca concedieron.
Este hecho lamentable, es sin embargo el fiel reflejo del frágil Estado de Derecho en la República de Turquía, una pantalla democrática donde las Fuerzas Armadas constituyen el centro real del poder, y donde el pueblo (empobrecido y sin oportunidades) se encuentra preso de una historia oficial, repetida hasta el hartazgo. Turquía ha hecho de la hipocresía su doctrina nacional, como estrategia de supervivencia de una identidad pura construida sobre la base de una minuciosa limpieza étnica desarrollada en las primeras décadas del XX. Armenios, kurdos y griegos, entre otros, sufren hoy, al igual que en los últimos 7 siglos, la privación de sus derechos humanos elementales como ciudadanos de la República de Turquía; Dink no fue la excepción.
Su asesinato a manos de uno de los tantos grupos terroristas que operan en Turquía es otro revés para el contradictorio gobierno de Ankara, que mirando a Europa lamenta profundamente la muerte del periodista armenio y publicita su candidatura europea, y puertas adentro juzga y procesa con prisión a Dink y Pamuk por sus menciones a hechos históricos indiscutibles (que Europa ha reconocido abiertamente), o les niega la custodia policial poniéndolos a merced de los fanáticos.
Hrant Dink intentó disipar la nube de silencio e impunidad que hace un siglo se posa sobre Turquía; consiguió agitarla, pero fue acallado brutalmente, primero por un Tribunal luego por un joven de 17 años.
Al asesino le espera, paradójicamente, el mismo sistema judicial que condenó a la víctima por sus dichos. Mientras tanto, el pueblo turco espera la verdad y la democracia tras un muro cimentado en los cadáveres de millones de armenios, kurdos, griegos, asirios y árabes. Dink abrió una grieta en ese muro y la verdad resultó tan dolorosa que lo pagó con la muerte. No es el primer intelectual armenio que pierde la vida en Turquía, lo acompañan generaciones de asesinados. Quizás consigamos que sea el último. Entonces su muerte, no será tal. Hasta siempre Hrant.
CONSEJO CAUSA ARMENIA DEL URUGUAY
Los blancos aún no han asumido la pérdida
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Desde hace un tiempo a esta parte, a los blancos les ha entrado el deseo de solicitar interpelaciones y pedir renuncias de gobernantes, como si ellos (¡justo ellos!) pudieran ser jueces de conductas ajenas o formas de gobernar.
A los blancos indudablemente les cuenta asumir que en las últimas elecciones, pese a sus componendas con colorados, perdieron como en la guerra. Algunos diputados muy noveles, sin la experiencia y la cancha correspondiente para la tarea, a menudo salen a pedir explicaciones o dar pautas en los más variados temas, sobre qué medida hay que tomar en total o cual caso. Uno de los principales exponentes es el ex canciller senador Abreu, que un día sí y otro también pretende dar (con el apoyo de una prensa muy adulona), normas de política exterior olvidando que su partido, fue segundón en la última elección del pueblo oriental. Jóvenes diputados y algunos que no lo son tanto, con presencias pasadas en distintos entes donde nada o muy poco hicieron, también opinan todos los días olvidando que el ganador de la elección, es por mandato del pueblo quien decide.
Ahora con motivo del caso Nicolini, uno ha pedido públicamente la renuncia de la Dra. María Julia Muñoz que, lógicamente desde arriba del todo, no puede observar si algún becario nuevecito, allá abajo, comete un error por no conocer si quiera que Nicolini era senador. Tras el hecho, el Ministerio a lo sumo pide un sumario y luego, sus jerarcas directos deciden. Y punto.
Que gente joven en el cargo no conozca a veces a alguien famoso, es algo muy común y se repite todos los días. Ejemplos al canto, una anécdota que hace un tiempo comentaba mi abuelo. Hace más de 50 años, siendo estudiante de Derecho, venía como el resto de los muchachos muy acongojado tras el sepelio del famoso jurista Dr. Eduardo J. Couture, conceptuado profesor de la Facultad. Un amigo, muy reo él, con el que se encontraron por el camino, les dijo: «¿Qué pasa muchachos que vienen tan tristes»? «Murió Couture», le dijo uno de los estudiantes. A lo que el reo expresó: «¿Murió Perico?» «¡No bestia!»… le dijo el estudiante: (El otro aludía por ignorancia total, a «Perico» Couture, crack de Sud América que luego jugó en Peñarol).
Saluda
MONIQUE – C.I. 1.678.348-6
¡Con esa cárcel, que me den perpetua!
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Los viejos tenemos dos ventajas grandes en este bendito país: si cometemos un delito, siendo mayor de 70 años, tenemos derecho a prisión domiciliaria. El otro es que los domingos, mostrando la Cédula no pagamos boleto en el ómnibus.
El domingo pasado de mañana, ejerciendo el segundo de los derechos me tomé un 104 y fui a pasear bajo los frondosos eucaliptus de Carrasco, por ese lugar privilegiado de Montevideo, donde lógicamente los bacanes abundan y desde temprano, son muchos los que en tren de lavar pecadillos, concurren de la mano de sus esposas, rosario en mano a la coqueta Iglesia Stella Maris.
Cosas de viejo, la curiosidad me llevó a recorrer la calle Potosí, que va de Rivera al mar, dado que hacia Avenida Italia cambió hace años su nombre por el de Sr. Eugene Millington Drake, ex embajador inglés en Uruguay, al que lógicamente no se le podía denominar una calle por el Cerrito o Jardines del Hipódromo, ¡qué va!
Tenía interés en ver in situ, la cárcel de Bordaberry, allí donde merced al artilugio de sus abogados y complacencia de jueces y fiscales en plena Feria Judicial, se le trasladó al ex golpista y cómplice del asesinato, tortura y desaparición de decenas de uruguayos durante el proceso. Me quedé frío… y me dije: ¡qué lo parió! … si esto es una cárcel, ¡ojalá que a mí, que vivo en el modesto barrio Aires Puros, me den perpetua!
Nada de un policía en la calle, mirando por sobre los arbustos de la fachada, poco o nada se ve hacia adentro, la suntuosa vivienda de dos plantas es de las viejas y típicas de Carrasco, y el bucólico paisaje dijera un poeta, sólo se ve alterado de cuando en cuando, por el ruido de las 4 x 4 de sus pobres hijos, que con nueras y nietos acuden a cada rato a mostrar su amor y solidaridad al condenado.
Me alejé despaci
to del lugar, lamentando el deplorable estado del Hotel Carrasco y del ruinoso ex edificio de lo que fuera la confitería y lugar de té de Conaprole en Arocena y Lieja, aunque me quedó el consuelo de ver que luego de aquel terrible temporal del 23 de agosto de 2005, que lo dejó en ruinas, viene siendo recuperado con el aporte de Lawns Tennis, la Intendencia Municipal de Montevideo y Licoral, el lugar de esparcimiento que circundan las Avenidas Rivera, Arocena, Costa Rica y Jude.
Así está el mundo.
ISMAEL VENTURA – C.I. 567.890-6
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