Sabores del país
Rafael Courtoisie es uno de los más reconocidos escritores uruguayos, tanto a nivel nacional como internacional. Ha sido profesor invitado en la Florida State University de Estados Unidos y en la Birmingham University de Inglaterra, entre otras prestigiosas instituciones.
Además, es profesor de Narrativa y Guión Cinematográfico en la Universidad Católica del Uruguay y en la Escuela de Cine del Uruguay e imparte Literatura Iberoamericana en el Centro de Formación de Profesores del Uruguay.
De todos modos, el poeta y narrador es más reconocido por su intensa y destacable actividad literaria, que le ha permitido cosechar diversos galardones, como el Premio Bartolomé Hidalgo, por su libro «Cadáveres exquisitos», y el Premio de Narrativa del Ministerio de Educación y Cultura, por su estupenda novela «Vida de perro», entre otras distinciones.
Además, el talentoso y prolífico escritor uruguayo ha demostrado su particular oficio, en una producción poética de innegable sensibilidad y valor estético.
En tal sentido, cabe destacar «Palabras de la noche», una antología de su obra poética, que la Editorial Monte Ávila de Caracas presentó recientemente y fue comentada por esta página. «Sabores del país» no permite reencontrarnos, una vez más, con la pluma irónica y lúcida del reconocido autor.
En esta obra, el escritor teje un puñado de historias que, si bien son independientes, forman al final un cierto corpus literario, más allá de las diferencias entre situaciones, personajes y temáticas.
El primer relato, que da nombre al libro, es una semblanza irónica, nostálgica y amarga, que retrata nuestra historia reciente a través de los recuerdos de un niño.
Hay una intensa evocación de toda una época, a través de la referencia al menú de un reconocido restaurante montevideano, hoy desaparecido.
Courtoisie posee una innegable capacidad para conformar anécdotas atractivas, a partir de voces y fragmentos de imágenes cotidianas, que, trabajadas por su talentosa pluma, cobran una renovada y mágica luminosidad.
Justamente, si hay algo que posee el escritor compatriota es una singular destreza para el manejo del lenguaje, así como una gran fluidez en la conformación de metáforas arrolladoras y potentes, que van dando brillo al relato.
Además, el autor trabaja con personajes y episodios reales, relatando historias que, si bien conservan su natural atractivo, han sido ya largamente referidas, lo que, en parte, conspira contra la atención del lector avezado.
El libro nos sumerge en diversas realidades, ofreciendo un amplio abanico de culturas, oficios y situaciones.
El autor hace gala de un amplio conocimiento sobre diversas materias temáticas, tanto científicas como filosóficas, brindando abundante información.
Si bien este recurso contribuye a enriquecer el conjunto de la obra y a otorgar un mayor interés a las narraciones, por momentos distrae la atención del eventual lector.
El atractivo de la historias está dado, en buena medida, por la indudable capacidad narrativa del escritor.
Más allá de lo exótico de las diversas realidades retratadas y el original epílogo de algunos cuentos, el inconfundible estilo de Courtoisie se mantiene intacto y siempre llamativo.
La escritura del creador tiene una identidad propia, que destaca por su gran dominio de la lengua y una cuidada técnica literaria.
No obstante, la excesiva abundancia de personajes y situaciones reales resulta por momentos algo abrumadora, lo cual nos induce a añorar la creatividad desplegada por el autor en obras precedentes.
(Editorial Planeta)
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