Tiene la palabra

Respuesta desde «el ombligo del mundo»

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Parafraseando la nota enviada por Ariel De Marco (sábado 27/01/07 página 27) ¿fundador del Consejo de Cultura del Consejo Vecinal?, me da el derecho a replica no con los lauros del Sr. De Marco, ya que no me acuerdo haber fundado nada, o si lo hice no fue mi intención ser reconocido sino que, de tantas ganas de que sirviera a la sociedad, me habré olvidado de anotármelo en algún currículum para después nombrarlo. Pero si sirve de consuelo soy hijo, nieto y sobrino de fundadores del Club Social y Deportivo Arbolito, nacido por el año 1958 y oficializado el 1º de marzo del mismo año.

El que, coincidencia, su primer presidente fue un señor que hoy y como es tradición de la familia brilla en el anonimato, como lo fue Carlos Ernesto Romero, donde en el primer cuadrito de fútbol entre Marsicano, Píriz y Romero armaban la mayoría del equipo entre otros tantos apellidos queridos de la barriada, pero no vale la pena nombrarlos si sólo fundaron un Club que por sobre todas las cosas se dedicó al trabajo social.

Que tuvo entre tantos anónimos unos delirantes doctores que trabajaban gratis para fundar una policlínica gratuita, que el comedor comunitario, hoy merendero, hubo entre los fundadores un tal señor de apodo ¿Pistola? Marsicano, no sé bien si fue fundador porque nunca lo leí publicado en ningún diario, que si no me mintió la gente de la zona un tal Jaime Muñoz, además de sacar un conjunto carnavalero de nombre Los Sandros o algo parecido, como presidente de Daecpu entre otros anónimos fueron fundadores del Carnaval Popular, pero dicen que la fama es puro cuento.

Hoy en el club funcionan además de la policlínica y el merendero entre otras actividades, el KO a las Drogas de la Presidencia de la República, quizás esto le tenga molesto al Sr. De Marco.

Será por estas actividades o que exista algún fundador que tenga algún cargo en el gobierno, que se nos imaginen como el ombligo de algo, el último que anduvo rondando el club fue un tal Ramón pero se nos fue para Progreso ¡y vaya si progresó!, acá seguimos siendo indiecitos sin ningún cacique, pero eso sí, medio mal arreados y peleadores cuando nos provocan.

Hoy entiendo porqué nos cuesta tanto trabajo seguir afrontando los gastos del club, para poder seguir haciendo frente a nuestro legado, el trabajo social. Pero claro, somos el ombligo el mundo…

MIGUEL A. ROMERO RUTTKAY – C.I. 1.912.853-0

 

El «privilegio» no es sólo del Sunca

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Los sacrificados obreros de la Construcción, suelen distribuirse el triste «privilegio» de ser los más expuestos a los accidentes del trabajo. Los hubo recientemente en Botnia y los hubo a largo de toda la vida, incluso cuando el Banco de Seguros tenía un departamento dedicado a la «prevención de pérdidas», hoy librada (con poquísimos inspectores en actividad) al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Son frecuentes los accidentes en la Construcción, donde a diario y por distintos lugares, vemos a obreros trabajando en precarias condiciones de seguridad. Pero también los hay en otras muchas actividades, incluso en las que asoman como menos propensas, donde muchas veces el factor suerte juega un rol preponderante.

Los peones rurales, los pescadores, los obreros de curtiembres, los repartidores, los jockeys, los expuestos a escapes de amoníaco en centros de procesado y envase de pescado, los obreros de comercio víctimas de asaltos, los trabajadores que usan bicicleta para concurrir al trabajo, los periodistas por el mundo, los que manejan cableados de alta o baja tensión, en fin, múltiples actividades son un foco permanente de siniestralidad. Muchas empresas toman medidas de precaución. La gran mayoría, siempre aduciendo problemas económicos, los pasan por alto. Obviamente el más perjudicado, siempre es el obrero o empleado. (En tiempos de sida, no quiero olvidar a los trabajadores de la salud. Ni a los portuarios con sus grúas y eslingas, ni a los pilotos de aviación, ni a las trabajadoras domésticas).

Un accidente del trabajo no siempre es imprevisible. Hay mucha gente trabajando estresada, llena de problemas, con dos o tres actividades a la vez para poder subsistir. Hay gente medicada que por momentos baja su rendimiento, se distrae y el accidente sobreviene en un quinto de segundo. Hace algún tiempo en Buenos Aires, se dio el caso de que obreros portuarios solían beber alcohol en plena actividad, sosteniendo que su fuerza crecía con dicha ingestión, en los momentos en que la tarea se hacía más dura. (¡Cuántos obreros de la construcción, en viejos tiempos, a la par de aquellos famosos asados en la vereda, tomaban vino como si tal cosa, práctica que hoy día se ha ido, felizmente, perdiendo!).

¡Ni que hablar de los obreros mal alimentados! Quienes recorren Montevideo al mediodía, verán a cientos de personas comiendo en plazas de Montevideo al mediodía, verán a cientos de personas comiendo en plazas de una viandita que se trajeron de la casa, mientras la hamburguesa o el choripan en el «carrito», es degustado por algunos algo más pudientes, entre los que hoy día se cuentan tipos de traje y corbata, que ya no pueden como antes concurrir a un restaurante.

La anécdota vale porque la vivimos hace unos cuantos años en el Sanatorio del Banco de Seguros. Habíamos llevado a un obrero de la construcción que presentaba una luxación de hombro. Flaquísimo el hombre, el levantamiento de un peso superior a sus fuerzas le había provocado la seria lesión. Visto por el médico de guardia, un auxiliar de enfermería, previendo la anestesia general para la reducción de la luxación, le preguntó cual había sido su última comida. El pobre obrero le respondió: «Hace dos días que no como salvo un refuerzo de mortadela, anoche». Enterado el médico de guardia, su respuesta no se hizo esperar: «Internación, régimen de quemado (es decir mucha comida) y dentro de una semana, previo vendaje compresivo, lo vemos. Si a este pobre le hacemos hoy un anestesia general, se nos queda en la sala de operaciones!».

¡Nadie se imagina cuántos peones rurales (por vuelcos de tractores o descargas eléctricas) mueren al año! Obreros del volante en promesas de transporte de carga o pasajeros, manejan a veces 24 horas sin dormir! ¡Nadie los mata. Se matan solos!

La enorme cantidad de discapacitados por accidentes laborales, demuestra que algunos no mueren. Pero viven en condiciones realmente deplorables, siendo mínimo el porcentaje que se readapta en alguna función.

El hoy desaparecido Miguel Cabrera, fue un caso excepcional. Mario Rodríguez, otrora excelente jinete de Maroñas, pese a su hemiplejía por secuela de una rodeada, hoy desde su silla de ruedas se ha convertido en un muy experto «trainer». Y hay muchos más, pero también muchos que deben vivir de la caridad ajena. Porque Uruguay es un país poco industrializado, donde aun con capacidad física total, cuesta conseguir trabajo.

Muchos obreros portadores de afecciones muy serias (lo que se define como el principio de «salud práctica»), trabajan y rinden como un obrero sano pero el riesgo está latente.

Por suerte la Ley de Accidentes, cuando sobreviene un accidente hace caso omiso de esa condición previa al mismo, muchas veces ignorada, por un «carné de salud» que pasa por alto por razones de economía muchos «detalles» del estado psico-físico del obrero.

Mucho se sigue hablando de los accidentes del trabajo. Desgraciadamente, jamás el tema ha sido encarado ni pública ni privadamente, con la importancia que merece. ¡Así nos va!

LIBER PUPPO – C.I. 1.678.444-6

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