Un hombre de teatro

José Celso (Zé Celso) Martínez Corrêa, considerado en Brasil el más notable director de teatro de su generación, nació el 30 de marzo de 1936 en Araraquara («Morada del sol», en tupí; 300.000 habitantes; norte de São Paulo). Nunca fue a buscar el título de abogado. Hacia 1958 su atracción por el teatro como forma de acción política lo condujo a fundar, con algunos compañeros de Facultad, el «Teatro Oficina» (que podríamos traducir como «teatro taller» o «de confecciones»), al que hoy se le llama también «Uzyna Uzona».

En 1963 puso en escena Los pequeños burgueses de Máximo Gorki, juzgada como la mejor producción realista del teatro brasileño. Siguieron Rei da vela, de Oswald de Andrade (1968) y otras, culminando este ciclo de su carrera inconformista con Roda viva de Chico Buarque, cuya representación fue interferida por el grupo parapolicial C.C.C. que agredió a sus actores cuando se estrenó en Porto Alegre.

Zé Celso fue detenido y torturado, acusado de prestar ayuda al grupo izquierdista de lucha armada «Alianza Libertadora Nacional», lo que determinó que, no bien recuperó su libertad, resolviera exiliarse. Vivió en Portugal donde, volviendo a su experiencia como cineasta (había filmado Rei da Vela), realizó un filme sobre la «Revolución de los Claveles»; en Mozambique, donde filmó 25, sobre la independencia del país, ocurrida un 25 de junio, y también residió en Inglaterra y en Francia.

De vuelta al Brasil en 1979, debió luchar para recobrar su Teatro Oficina, que fue reconstruido por los arquitectos Lina Bo Bardi y Edson Elito; pero no volvió a dirigir hasta 1991, con Las sirvientas de Jean Genet. Siguieron Hamlet y Las bacantes, para culminar, por ahora, con Cacilda! sobre la vida de la actriz Cacilda Becker, de la que es autor y Boca de Ouro de Nelson Rodrigues, ambas estrenadas en 1999.

Zé Celso es alto, mide alrededor de 1mt. 80 cms., tiene ojos negros, cálidos y vivaces; el pelo es una gran corona blanca que rodea perfectamente a una tonsura y encuadra una cabeza grande y un rostro expresivo. Es muy delgado, sus movimientos son ágiles, silenciosos y de una particular gracia física; se expresa con fluidez y precisión, con una voz muy clara y bien modulada, con pocos gestos, haciendo evidente que se concentra en las palabras. La tarde en que lo entrevistamos vestía muy sencillamente de blanco, su color preferido, que suele usar en la escena.

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