Traidores en vivo: cuestión de fidelidad
Dos mil personas asistieron al recital que otorgaron Los Traidores en el Teatro de Verano el pasado sábado. El grupo de Nattero y Casanova ya expande una aureola legendaria y, en consecuencia, se han transformado en una forma de la fidelidad. Impresionantes.
Son, al mismo tiempo, una forma de la belleza en tiempo de rock que han atravesado los modos y las modas epocales sin perder pie en la realidad que amarran en sus canciones. Y por cierto que Los Traidores son una forma de la vigencia, de la cultura popular en movimiento perpetuo que promueve un notable espejo o azogue al que denominaríamos identidad. Todos los presentes en el Teatro de Verano tuvieron ese impacto emocional que fue de ida y vuelta.
Desde que arrancaron el concierto con «Radio Babilonia», Los Traidores desplegaron un dispositivo escénico y sonoro como para devorarse al público, en definitiva marcar su fuerte personalidad y su aire carismático –especialmente si pensamos en su cantante Juan Casanova y en el guitarrista Víctor Nattero– para finalmente redondear una faena en directo de gran espesor y de inevitable intensidad.
Su vigencia no solamente pasa por la solvencia interpretativa o por la actitud escénica, sino por esa secuencia de canciones que el transcurso del tiempo no ha podido doblegar. No hay forma de cansancio en los músicos ni tampoco en la épica melancólica de los diferentes temas, tales como «La lluvia cae sobre Montevideo» (ese himno intergeneracional), «Viviana», «No estoy loco», el furioso «Juegos de poder» (interpretado hacia el epílogo del show para el previsible agite del público) o «Viviendo en Uruguay», entre otros muy festejados, merecidamente festejados por sus contenidos y por la forma en que fueron abordados o fueron expuestos.
Show eléctrico con una zona acústica o unplugged (de gratificante resolución en espacio abierto) al promediar el espectáculo, Los Traidores obtuvieron un rendimiento a la altura de sus antecedentes, de su trayectoria, de su superlativo itinerario como compositores de un aire y un lugar, un ser y exterior. Nattero fue lisa y llanamente estupendo.
Tal vez no haya sido un concierto memorable, pero de igual modo comprobó que Los Traidores (incluyendo al gran bajista Daniel Jacques y a un aplicado Fernando Alfaro en batería) poseen cuerda para rato. Están intactos después de tantas batallas, movilizan a la gente, lograron una sensación mítica que desmitifica a la hora de tocar para volverse unos iguales (con sus receptores) y sonar con fluidez y convicción y tener campo abierto –vaya dicha– como para seguir componiendo, seguir fundando belleza en momentos en que también se los ve maduros y a la vez insolentes. Vale.
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