Cuba dijo adiós a Josefina Méndez, una de las cuatro joyas de su ballet
Entre llantos, flores y una camada de esbeltos bailarines, Cuba despidió a Josefina Méndez, una de las «cuatro joyas» de su prestigioso Ballet Nacional, quien falleció en La Habana a los 65 años de edad. Entre las dieciséis coronas de ramos primaverales destaca una de rosas naranjas, la más grande, cruzada por una cinta: «A Josefina Méndez, el Comandante en Jefe, Fidel Castro». Figuras de la cultura nacional, bailarines experimentados y nuevas generaciones de artistas de la danza, desfilaron ante el féretro, que descansa, escoltado por veinte estudiantes, en el rellano de la escalera de mármol del Gran Teatro de La Habana, meca del Ballet Nacional de Cuba (BNC). «Es una gran pérdida para nosotros, el país, y a nivel internacional, porque fue una gran figura mundial de la danza. Fue una de las cuatro joyas, era una mujer encantadora, elegante, que nos entregaba todo. Es un dolor grandísimo», declaró a la AFP Viengsay Valdés, destacada bailarina profesional de 28 años.
Pupila de la leyenda viviente de la danza clásica que es Alicia Alonso, integró el cuarteto de primeras bailarinas de la compañía que el crítico inglés Arnold Haskell inmortalizó como «las cuatro joyas»: Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá, quien murió de cáncer a los 63 años, el 21 de setiembre de 2003, en España, donde ejercía la docencia.
«Josefina nos insuflaba todo su arte, tenía una magia increíble para transmitirnos sus caracterizaciones, del personaje, de los estilos. Nunca voy a olvidar el último ballet en el que trabajamos juntas, que fue Don Quijote», afirmó Sadaise Arencibia, bailarina principal de la compañía, con la voz entrecortada. El carné firmado por Fidel Castro que acreditaba su ingreso en 1986 al Partido Comunista de Cuba, un machete entregado por las Fuerzas Armadas orden Máximo Gómez, condecoraciones y premios internacionales se exhiben cerca de dos fotografías en que luce sonriente y en pose de bailarina.
El octogenario Fernando Alonso, fundador de la Escuela de Ballet, junto a Alicia y una autoridad en la materia a nivel mundial, lamentó la pérdida de «una gran ensayadora y una gran maestra, porque no es profesora, sino maestra la que enseña más allá de su profesión».
Las «cuatro joyas» fueron honradas con la condición de Miembro de Mérito de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en setiembre de 2005, ocasión en que Méndez comentó que «es una gran dicha de la vida recibir un homenaje por algo que a uno le gusta hacer». Como primeras bailarinas desde los años 60 actuaron en los más importantes teatros de América, Europa y Asia, con un vasto repertorio que incluyó roles protagónicos de grandes clásicos, además de «El lago de los cisnes», «Giselle» y «Coppelia», así como obras contemporáneas. Dedicada a la docencia tras su retiro de los escenarios, Méndez, a quien llamaban cariñosamente «Yoyi», dedicó toda su vida al ballet, donde comenzó muy joven, en la década los años 50, y fue Premio Nacional de la Danza 2003. Entre sollozos, Ingrid Alvarez, una bella joven de 19 años, estudiante de la Escuela Cubana de Ballet, contó que fue a Josefina a quien dijo, cuando tenía tres años y medio, que quería ser como ella. «Es un orgullo para cualquier cubano, no sólo para los amantes del ballet. Yo me levanté temprano y vine a decirle adiós», afirmó Marladys Pego, una estudiante de derecho de 23 años, residente del popular barrio de Marianao. Una larga fila esperaba ante el libro de condolencia, donde uno de los admiradores escribió: «Para mi ídolo. Gracias ‘Yoyi’ por tantos momentos maravillosos. Bailarás por siempre en mi corazón». *
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